“La vocación de la memoria”, una trilogía teatral de unipersonales

Tres obras del actor y dramaturgo rosarino Sabatino “Cacho” Palma se presentan durante julio en CABA. La Masacre de Trelew, García Lorca y un campo nazi unidos por la actuación. “Son espectáculos que promueven la participación y reinventan un rito comunitario”, dice el autor.
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Por Inés Hayes | La trilogía de unipersonales del dramaturgo, director y actor rosarino Sabatino “Cacho” Palma explora la identidad, el exilio y la memoria. Bajo el título La vocación de la memoria, estas puestas revisan sus tres obras más recientes reunidas en el libro de ensayos Teatro para no morir que se presentará próximamente. En entrevista con Canal Abierto, el autor comparte las razones de su arte.

Las tres obras que integran esta propuesta, 22 de agosto, con Cacho Palma y Lautaro Palma y dirección de Alejandro Casavalle, Desde cachorro, con actuación de Cacho Palma y dirección de Diego Ernesto Rodríguez y El camino de la fuente con Pablo Razuk y dirección de Palma, han tenido presentaciones recientes y destacadas, incluyendo funciones en la Alianza Francesa de Rosario, y este mes de julio llegan a la Ciudad de Buenos Aires con presentaciones en Patio de Actores (Lerma 568).

El camino de la fuente, que trata sobre la vida, la poesía y el teatro de Federico García Lorca, podrá verse este domingo 12 de julio a las 17. El sábado 18 de julio a las 20, se presenta Desde cachorro, una historia que atraviesa la lucha y la resistencia de tres generaciones en Argentina y el sábado 25 de julio, a las 20 podrá verse 22 de agosto, sobre la masacre de Trelew.

22 de agosto

-Recién cuando empiezo a escribir la tercera, Desde Cachorro a comienzos del 2024, empiezo a caer en cuenta que estaba viviendo un proceso único en mi vida de teatrista como lo fue la creación, primero literaria y luego escénica de obras que mantenían una estricta comunión entre sí. La tercera entonces, vino a ligar a las dos anteriores y a precisar una serie, que se fue generando espontáneamente y que lograba establecer un hilo narrativo y poético, que confluyen en algo que venía esperando desde hace mucho tiempo (el año próximo cumplo 50 años de actividad ininterrumpida en el teatro).

En cada una de ellas partí de una primera idea motor, que a su vez convergía en una “idea teatro”. En El camino de la fuente, en 2017 cuando se produce la desaparición forzada de Santiago Maldonado, me despierto con una idea que se me hizo tan fija como insistente, el poeta y dramaturgo más importante del habla hispana continua aún desaparecido (ahora se cumplen 90 años de su impune asesinato) y decido investigar y narrar los últimos días de Federico García Lorca. Con 22 de agosto y trabajando con adolescentes, intenté reencontrarme con mis primeras pasiones adolescentes y allí apareció mi despertar a la vida política y cultural con la Masacre de Trelew cuando tenía apenas 14 años, mi rescate en la vida teatral en 1977 y un poeta que marcará a fuego cada suceso trágico: César Vallejo. Y en Desde Cachorro, desolado y avasallado por la discriminación y la segregación, cultural y étnica, me propuse contar una historia donde todos somos nietos de una víctima del holocausto, hijos de algún desaparecido y hoy vivimos en un aislamiento cruel y perverso.

-Partí de varios hechos, muchos guardados en la memoria y que emergían fuertemente, una y otra vez, insistían y me obligaban a hacer algo. Así se me ocurrió enarbolar una obra donde todos, y rigurosamente todos somos de la misma condición humana, que el mero hecho de hablar de razas, ya es una cuestión racista y autoritaria, que respetar las diferencias y la singularidad, solamente es posible desde una igualdad de derechos a la vida y a la calidad de vida. A partir de allí se me ocurrió una historia familiar de tres generaciones, donde cada una vivió momentos terribles de terror y destrucción. Y al situarlo en la misma familia, implicarme e implicarnos en una historia que es la historia de toda la humanidad y que duele, lesiona, daña nuestra propia historia y la de todos.

Entonces es cuando esa tercera crea sus precedentes y me permiten apreciar algo que había podido lograr e instalar en escena:

El amor en sus tres versiones, la erótica, la afectiva y la comunitaria. Por eso, las obras no se regocijan ni se revuelcan en el dolor, no se inclinan por Tánatos, sino por Eros, aún en estos tiempos sombríos y acuciantes.

Desde cachorro

-Ante la ferocidad que vuelve a suscitarse una y otra vez con la fuerza de las bestias y el imperio de la codicia, que atacan nuestra esencia humana (cada día miro y escucho a mis tres hijos y me duele, sinceramente, el mundo que les estamos dejando), sostengo en acto el modo en que teatro y arte resultan tan necesarios como imprescindibles. Se trata de espectáculos que promueven la participación y reinventan en acto un rito comunitario, con reflexión, apertura del diálogo y sostienen preguntas, que atienden a nuestra condición social, cultural y humana.

-El arte propone, teje sueños, nos brinda argumentos y contenidos que aportan al campo social, político y cultural, ante lo necesario que resulta hoy transformar nuestras carencias en opciones inclusivas y trabajar todos los días para evitar la marginalidad y la inoperancia productiva. Y desde el arte ser parte de esa lucha comunitaria, sin ninguna pretensión de vanguardia esclarecida ni de afán panfletario y pedagógico, pero manteniendo el esfuerzo por tratar de entendernos, de escucharnos y de encontrarnos, con eso me contento y desde ya, me pongo a la espera y al retorno de mis futuros lectores y de los próximos espectadores.

Se me hace necesario hoy más que nunca, contar nuestras historias y mantener en alto el fuego sagrado de la memoria, también porque nuestra historia en lo singular y en lo particular es parte de lo que hoy atraviesa el mundo. No somos una isla perdida, somos un eslabón más de una máquina endemoniada que nos somete y nos destruye diariamente con guerras, migrantes despreciados, hambre y pobreza extrema que son hoy parte del mundo y no solamente en Latinoamérica. Pero, además, el teatro sostenido en una actuación creíble, comprometida y orgánica apuesta a lo sensible, a lo más humano que hay en cada ser del planeta y lo invita a despertar su percepción creadora y su deseo transformador.

El camino de la fuente