Redacción Canal Abierto | Mientras el gobierno de Javier Milei insiste en la llegada de inversiones extranjeras como único camino para reactivar la economía argentina, avanza en el Congreso un proyecto que promete ir incluso más allá del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aprobado junto con la Ley Bases.
El denominado Súper RIGI busca extender y profundizar los beneficios otorgados a actividades extractivas como la minería, los hidrocarburos y otros sectores exportadores de materias primas, y llevarlas a areas supuestamente vinculadas a la tecnología.
Para el oficialismo, se trata de generar «seguridad jurídica» y reglas de largo plazo capaces de atraer capitales internacionales. Sus críticos, en cambio, sostienen que el proyecto consolida un esquema de privilegios para grandes corporaciones, limita la capacidad regulatoria del Estado y profundiza un patrón de inserción internacional basado en la exportación de recursos naturales con escaso valor agregado.
Ese fue uno de los ejes de la entrevista que Canal Abierto realizó a la investigadora del CONICET y analista internacional Luciana Ghiotto, especialista en tratados de inversión, deuda y comercio internacional.
Un régimen todavía más amplio
El RIGI aprobado en 2024 ya otorgó un conjunto excepcional de beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios para proyectos superiores a los 200 millones de dólares. Entre otras ventajas, habilitó estabilidad tributaria durante tres décadas, amplias facilidades para importar bienes de capital e insumos y un acceso progresivamente más flexible a las divisas obtenidas por exportaciones.
El Súper RIGI propone profundizar ese esquema mediante nuevas garantías para los inversores, una mayor protección frente a eventuales cambios regulatorios y la ampliación de los sectores alcanzados por el régimen.
Sin embargo, el debate trasciende los incentivos económicos y gira en torno al tipo de desarrollo que promueve el Estado y al margen de decisión que conservará el país sobre actividades consideradas estratégicas.
Extractivismo como política de desarrollo
Una de las principales críticas al proyecto apunta a que consolida un modelo económico centrado en la explotación intensiva de bienes comunes destinados fundamentalmente a la exportación.
El litio, el cobre, el oro, el petróleo y el gas aparecen como los grandes protagonistas de una estrategia que busca aprovechar el creciente interés internacional por minerales críticos y recursos energéticos. Pero distintos especialistas advierten que ese proceso no se traduce en mayor industrialización, generación de cadenas de valor o desarrollo tecnológico nacional.
Para Ghiotto, el problema no radica únicamente en atraer inversiones, sino en las condiciones bajo las cuales esas inversiones se producen y en la capacidad del Estado para orientar el desarrollo económico. El interrogante central, sostiene, es quién captura la renta generada por esos recursos y qué margen queda para impulsar políticas industriales, ambientales y tecnológicas propias.
Menos herramientas para la política económica
La estabilidad normativa por décadas, las restricciones para modificar el régimen sin afectar derechos adquiridos y los mecanismos de protección frente a cambios regulatorios son presentados por el Gobierno como señales de previsibilidad.
Los cuestionamientos, en cambio, apuntan a que esas mismas cláusulas podrían reducir significativamente la capacidad de futuras administraciones para redefinir políticas tributarias, ambientales, cambiarias o productivas sin exponerse a conflictos judiciales o arbitrales.
En ese sentido, Ghiotto advierte que la discusión no se limita al plano económico sino que involucra también la soberanía regulatoria del Estado argentino frente a grandes actores transnacionales.
Una inserción internacional basada en materias primas
El avance del Súper RIGI también se inscribe en una concepción más amplia del desarrollo económico impulsada por el gobierno de Milei.
Lejos de priorizar políticas de sustitución de importaciones, fortalecimiento del entramado industrial o promoción de sectores intensivos en conocimiento, el oficialismo apuesta a un esquema donde la inserción internacional se apoya principalmente en ventajas comparativas vinculadas a recursos naturales.
Para sus defensores, esa especialización permitiría generar divisas rápidamente y aprovechar la demanda global de minerales críticos, energía y alimentos.
Sus detractores advierten que ese sendero puede profundizar la primarización de la economía, aumentar la dependencia de los ciclos internacionales de precios y relegar el desarrollo industrial, científico y tecnológico nacional.
Lo que está en juego es el modelo de país que busca consolidarse: uno basado en la extracción y exportación de materias primas bajo reglas especialmente favorables para el gran capital, o uno que combine inversión, agregado de valor, desarrollo industrial y mayores márgenes de decisión soberana sobre los recursos estratégicos.
Entrevista: Diego Leonoff
Equipo audiovisual: Pablo Martínez Levy y Juan Alaimes
