Cuando el cine también gritó goles

Cada copa argentina contó con su relato en la pantalla grande: desde la propaganda procesista de “La fiesta de todos”, hasta el costumbrismo impostado de “Muchachos”, pasando por le épica de “Heroes”, en la que ingleses narraron la epopeya argentina.
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Redacción Canal Abierto | Cuando el sábado a la noche Argentina se impuso ante suecia y pasaba a semifinales para jugar nada menos que con Inglaterra que había hecho lo propio con Noruega unas horas antes, no sólo se activaron las maquinarias que el fútbol y la disputa histórica con el país pirata desìertan.

Una película que había pasado desapercibida hace un par de semanas por las salas argentinas empezó a despertar interés. Es El partido, documental dirigido por Juan Cabral y Santiago Franco. Construido en base al libro homónimo de Andrés Burgo el relato aborda todas las implicancias históricas y futbolísticas con las que se llegó al Estadio Azteca aquella tarde del 22 de junio de 1986.

Como si fuera poco, tanto los 90 minutos de juego en el que se proujeron los goles más tramposo y más épico que haya habido en una competencia como los sucesos histñóricos que los precedieron son abordados por algunos de los protagonistas de la jornada.

Se trata de una historia que siempre llama la atención y que cuenta con el apalancamiento de estar transitando un nuevo mundial, con el agregado de ser el seleccionado que ostenta el último campeonato. Sin embargo, no había despertado el interés de más de 25.000 espectadores en un mes y medio. En muchas salas del país hacía semanas que se había bajado.

Sin embargo, el domingo a la tarde algunas salas comentazaron a anunciar reestreno o nuevas funciones. En algún caso, llegó a desplazar de la cartelera a tanques de Hollywood como Toy Story 5.

Correte, Buzz, que viene el Diego.

El relato cienmatográfico de un logro deportivo no es nuevo. Cada esterlla en el corazón de la casaca argentina tuvo su versión cinematográfica. El Mundial que Argentina organizó en plena dictadura militar tuvo su lo tuvo  en La fiesta de todos. Su director fue nada menos que Sergio Renán, quien venía de dirigir La tregua, primer largometraje argentino en ser nominado al Oscar. El realizador compartía la autoría del guión con Hugo Sofovich y Mario Sabato. La película fue realizada a partir de más de 120 horas de material fílmico y es un híbrido de documental, docudrama y sketches cómicos con figuras del humor costumbrista como Luis Sandrini o Juan Carlos Calabró, que buscaba mostrar “cómo se vivió ese acontecimiento, reflejar ese sentimiento de unidad”.

La película siempre fue recordada como una obra propagandística en favor de la última dictadura. Un “los argentinos somos derechos y humanos” con goles y celuloida. Hasta el propio Renán, intentó desmarcarse, pero el resultado fue inevitable: el filme quedó como un testimonio incómodo: una pieza que, como la Olympia de Leni Riefenstahl, muestra cómo el séptimo arte puede ser instrumentalizado por el poder.

Cuatro años después, Argentina, ya en democracia, conquistaba su segunda Copa en México con la epopeya maradoniana como bandera. La FIFA encargó el documental oficial del torneo, titulado «Hero» (o «Héroes» en su versión hispana), dirigido por Tony Maylam.

El relator de esa película es nada menos que Michael Caine, quien años antes había protagonizado Escape a la victoria (1981).  La película, dirigida por John Huston, cuenta un partido disputado entre un equipo de prisioneros aliados de la segunda guerra con sus captores nazis. El elenco se completa son Sylvester Stallone (entonces en ascenso gracias a las primeras entregas de Rocky y Rambo), Max Von Sydow y estrellas de fútbol como Pelé o el Argentino Osvaldo Ardiles, quienes aportaban el know how para las escenas de juego.  

Hay un detalle que teje una conexión inesperada entre el cine, el fútbol y la narración de una gesta que, para los argentinos, tuvo sabor a revancha. Porque ese partido contra Inglaterra no fue solo un partido. Fue la revancha simbólica de Malvinas, cuatro años después de la guerra que dejó 649 muertos argentinos. La imagen del Diego levantando la Copa, con la canción Me das cada día más de Valeria Lynch sonando de fondo, quedó grabada en la memoria colectiva como el himno no oficial de esa gesta. La letra, que habla de “la gloria que tanto esperamos”, se fundió para siempre con la imagen del 10 levantando el trofeo en el Azteca.

Por si la gesta del partido no hubiera alcanzado, la revancha silenciosa se completa en este filme. ¿Cómo? A partir de la nacionalidad del director y narrador de Héroes. Sí, tanto Maylam como Caine, responsables de llevar a todo el mundo lo ocurrido en el Azteca, son ingleses.

Cuatro décadas después, el cine argentino abordó la tercera estrella con dos miradas complementarias, aunque con calidades muy distintas.

Elijo creer: El camino del Campeón (2023), producida por Gonzalo Arias y narrada por Ricardo Darín, se adentra en la intimidad del plantel para mostrar el camino de «La Scaloneta» hacia la gloria en Qatar. Con una duración de 80 minutos, el documental registra testimonios del cuerpo técnico y las figuras que hicieron posible el título. Es un producto pulcro, bien armado, que muestra el trabajo colectivo detrás del éxito.

Pero Muchachos, la película de la gente (2023), dirigida por Jesús Braceras y basada en un cuento de Hernán Casciari, es otra cosa. Narrada por Guillermo Francella, la película reconstruye los masivos festejos que empezaron a desbordarlas calles argentinas a medida que el seleccionado albiceleste avanzaba en la competencia. Se convirtió en el documental más visto en salas de 2023, pero ahí está el problema: la narración de Francella, con esa impostación de «argentinidad» que el actor suele vender en sus personajes, termina empalagando un relato que, en las calles, fue mucho más crudo y combativo.

La película se queda en la anécdota del hincha feliz y no se anima a mirar el costado político de esa fiesta popular: las banderas de los clubes de barrio, los cantitos contra el FMI y la alegría de un pueblo que, pese a todo, salió a celebrar. La épica popular argentina en la calle merecía otro tratamiento.

De la propaganda dictatorial al relato épico con acento inglés, y de allí a la intimidad del vestuario y la euforia de las calles: el cine argentino ha sabido mirar el Mundial desde todos los ángulos. El reestreno de El partido no es solo una operación comercial astuta en la previa de una semifinal. Es también un recordatorio de que, para los argentinos, el fútbol y el cine son dos formas de narrarse a sí mismos. Y que cada conquista, cada derrota, cada gesto de Maradona o de Messi, merece ser contado en la pantalla grande.