Libros sin librerías

El sector editorial advierte sobre las consecuencias que puede traer aparejada la desregulación anunciada por el Gobierno. La anulación del precio único atenta contra la bibliodiversidad y las liberías independientes corren riesgo de supervivencia.
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Redacción Canal Abierto | El gobierno de Javier Milei, a través del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, ha puesto en el centro del debate la derogación de la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera, conocida como la Ley del Libro. La iniciativa se inscribe en un paquete más amplio de desregulaciones que busca liberalizar diversos sectores de la economía, desde el mercado inmobiliario hasta la venta de medicamentos. Pero, ¿qué está en juego realmente con la eliminación del precio único del libro y qué consecuencias podría tener para el ecosistema editorial argentino?

El anteproyecto elaborado por el ministro Sturzenegger, que comenzó a circular durante el fin de semana mientras los argentinos se preparaban para la final del Mundial, consta de 144 páginas y más de 300 artículos. El texto cuenta con la venia de la Casa Rosada pero aún no fue presentado formalmente en el Congreso y propone modificaciones en sectores como el mercado inmobiliario, las farmacias, la industria editorial, el agro, la vitivinicultura, el gas licuado de petróleo y la navegación de cabotaje.

El argumento oficial para este paquete de desregulaciones es que permitirá una mayor competencia, reducirá costos y limitará la intervención estatal en la economía.

Entre las medidas más significativas que impulsa este paquete se encuentran la eliminación de la matrícula obligatoria y el requisito de título universitario para ejercer como corredor inmobiliario, bastando con título secundario y mayoría de edad, la habilitación para que los medicamentos de venta libre puedan comercializarse en supermercados, kioscos y otros comercios, además de permitir la venta online y delivery, la desregulación total del mercado de garrafas, eliminando las facultades del Estado para intervenir sobre precios, cantidades, volúmenes o márgenes de rentabilidad y deroga la Ley 26.020, que declaraba al GLP como «servicio público de interés general»; la derogación de la Ley de Arrendamientos Rurales, la disolución de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), la eliminación de contribuciones obligatorias al Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) y la flexibilización de los requisitos para la importación de productos veterinarios; la apertura del transporte marítimo y fluvial de cabotaje a buques de bandera extranjera, eliminando la reserva de carga exclusiva para embarcaciones nacionales que regía desde 1944;  la derogación de la obligatoriedad de realizar en castellano los doblajes de películas, series y contenidos extranjeros emitidos por televisión (Ley 23.316), lo que permitiría que el doblaje se realice en cualquier otro país y la derogación de la Ley 25.542, que estipula el precio único de venta al público de los libros.

Un consenso en la cuenta regresiva

La Ley 25.542 fue sancionada el 27 de noviembre de 2001, en un contexto particularmente significativo. La normativa fue producto del acuerdo entre todos los sectores vinculados a la industria editorial y las librerías. Gracias a ella, las librerías independientes pudieron competir en igualdad de condiciones con las grandes cadenas.

Lo que hace especialmente notable la sanción de esta ley es el momento histórico en que se produjo: apenas una semana antes del «corralito» financiero y poco menos de un mes de que la convertibilidad y el país conodcido hasta ese momento estallaran por los aires.

Que en medio de ese caos económico y social, legisladores y actores del sector editorial hayan tenido la conciencia y la voluntad de sancionar una ley que protegiera la actividad librera y la diversidad editorial habla de la importancia estratégica que se le asignaba a este sector. La ley reconocía que un libro no es simplemente una mercancía, sino un elemento cultural que difunde ideas, conocimiento, cultura e identidad, esencial para el desarrollo individual y social del país.. Es econcenso hoy se encuentra en jaque.

El precio único: más que una regulación económica

La Ley 25.542 establece que cada editorial fija autónomamente el precio de venta al público de sus libros, y todas las librerías, sin importar su tamaño, están obligadas a respetarlo. Esto genera una competencia justa donde los actores del sector se diferencian por la calidad de sus recomendaciones, sus catálogos y su cercanía con los lectores, y no por el precio.

Camila Delía, es librera en La Libre y, consultada por Canal Abierto, explicó que “la ley actual iguala la competencia en un escenario que de por sí es desigual. Una cadena o una plataforma de venta por internet, al comprar grandes cantidades de un título, puede bajar el precio a su antojo para atraer clientes, algo que una librería de barrio no puede hacer porque no tiene esa espalda financiera”.

Además, el precio único brinda certeza y transparencia a los autores, cuyos honorarios se estipulan en un porcentaje que suele ser de entre el 8 y el 10% del precio de venta. Si una librería pudiera decidir que un libro que habitualmente se vende a 15.000 pesos se venda a 5.000, bajaría automáticamente el porcentaje correspondiente al autor, afectando directamente sus ingresos.

La escritora Gabriela Cabezón Cámara lo expresa con claridad: “Gracias al precio único del libro, tenemos muchísimas librerías en Argentina —grandes cadenas y también pequeñitas librerías curadas con amor y saber por los mejores libreros del mundo.”

“Si rompen esa ley, si hay menos librerías, va a haber menos editoriales, va a haber menos autores publicados, vamos a ser más pobres también en este territorio en el que somos ricos hace mucho: el de la literatura”, agrega la autora de La virgen cabeza.

Por su parte, Ramón Tarruella, responsable de la Editorial Mil Botellas, subraya a Canal Abierto el impacto en el trabajo editorial: “Cuando ponemos un precio a un libro, estamos poniendo en juego el costo de la traducción, el costo de imprenta, el anticipo al autor o a la agencia literaria. Todo eso se encadena y define el precio final. Si ese precio puede ser alterado libremente por las cadenas, se rompe ese proceso y se altera la independencia del trabajo del editor.”

Y agrega, sobre la necesidad de articulación del sector, que “es más que imprescindible la unión de editoriales —independientes y también no independientes— y de librerías. Estamos en alerta, articulando, defendiendo lo que construimos durante años. Vale la pena estar enterados como lectores, como escritores, como editores, como libreros”.

Sobre el proceso de concentración que se desataría Camila Delía advierte que “lo que hacen es ir desgastando el tejido de librerías independientes para quedarse con el mercado. Una vez que las librerías independientes desaparecen, pueden poner los precios de los libros a lo que ellos quieran y aumentarlos muchísimo. No termina beneficiando ni a lectores ni a autores ni a editoriales”.

Lo que dicen los casos internacionales

La experiencia de otros países que derogaron leyes similares ofrece elementos para evaluar las posibles consecuencias de esta medida. Dos casos paradigmáticos son el del Reino Unido y Australia.

El primero abolió su Net Book Agreement (NBA), el equivalente británico de la Ley del Libro, en 1997. Los efectos, aunque complejos, muestran un panorama preocupante para las librerías independientes.

Grandes cadenas como Dillons y Waterstones comenzaron a ofrecer descuentos incluso antes de la abolición formal, debilitando el acuerdo. La desaparición del precio único allanó el camino para que los supermercados y gigantes como Amazon capturaran una parte significativa del negocio, ofreciendo una selección reducida de best-sellers a precios muy bajos.

El resultado fue contundente: para 2009, se estima que unas 500 librerías independientes habían cerrado desde la caída del NBA. Los estudios académicos señalan que la ausencia de estas políticas contribuyó directamente al declive de las librerías independientes.

Si bien es cierto que los precios de los libros más populares cayeron significativamente y el volumen de libros vendidos aumentó de forma temporal, el tejido de librerías independientes sufrió un daño severo y la concentración del mercado se aceleró.

En Australia, el sistema de precio fijo para libros se eliminó en 1972. El impacto inmediato no fue catastrófico, sino que mostró un panorama más complejo.

En los primeros años, el sector experimentó una transformación y, en algunos aspectos, un crecimiento notable. Sin embargo, los análisis a largo plazo pintan un cuadro más sombrío. Investigaciones de la época ya advertían que estaban desapareciendo las «buenas librerías tradicionales y culturalmente significativas», siendo reemplazadas por nuevos puntos de venta con menos stock, menos servicio y más venta de saldos (remainders).

La tendencia se profundizó en las últimas décadas: entre 2013 y 2023, el número de librerías en Australia se redujo aproximadamente a la mitad, pasando de 2.879 a 1.457. Esta caída se atribuye a la combinación de la ausencia de precio fijo, la competencia de grandes cadenas como Kmart y Big W, y el auge de plataformas como Amazon, que dejaron al sector más vulnerable.

Argentina: un ecosistema editorial que se juega su futuro

Nuestro país es reconocido como una de las industrias editoriales más importantes de América Latina, con una rica diversidad de sellos y librerías. Según datos del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro de la Universidad Nacional de San Martín, el país cuenta con un promedio de 3,43 librerías cada 100 mil habitantes, superando a Brasil, Colombia, Chile y México. Esto obedece, entre otros factores, a la actual Ley de Defensa de la Actividad Librera.

La derogación del precio único pondría en riesgo este ecosistema. Como advierte la Cámara Argentina del Libro, las grandes cadenas y plataformas podrían dominar el mercado, eliminando a la competencia y decidiendo qué se publica y, por tanto, qué se lee.

La pérdida de diversidad editorial no es una mera especulación. Las librerías independientes son el principal canal de distribución para editoriales pequeñas que apuestan por autores noveles, poesía, ensayo o temáticas específicas como el psicoanálisis. Si desaparecen estos espacios, también desaparecen esas voces.

A diferencia de otros países que mantienen la protección del precio fijo, como Francia, Alemania o España, Argentina parece dispuesta a seguir el camino del Reino Unido y Australia, donde el tejido de librerías independientes se ha visto severamente afectado. La pregunta que queda abierta es si el beneficio puntual de precios más bajos para algunos best-sellers compensa la pérdida de un ecosistema editorial diverso, rico y culturalmente significativo que ha sido, durante décadas, un orgullo del país.