“Cuando cumplí diez años, empecé a adiestrar bueyes. Fue así como aprendí que adiestrar y colonizar son lo mismo. Tanto el adiestrador como el colonizador comienzan por desterritorializar al ente atacado, quebrando su identidad, sacándolo de su cosmología, alejándolo de sus entes sagrados, imponiéndole nuevas formas de vida y dándole otro nombre. El proceso de denominación es un intento de borramiento de una memoria para que otra pueda crearse”. (…)
Nêgo Bispo
Antônio Bispo dos Santos, popularmente conocido como Nêgo Bispo, fue el primero de su familia en salir del quilombo Saco Curtume, en el estado de Piauí, para ser alfabetizado. Su comunidad le encomendó que aprendiera a leer y escribir para poder regularizar la situación legal de sus tierras en ese rincón del sertao del nordeste brasileño.
Con esa misión dejó temporalmente su mundo contracolonial, mundo de la oralidad y de matrices cosmológicas africanas milenarias anteriores a la existencia de Brasil, para aprender la escritura de los colonizadores. Bispo se definía a sí mismo como un traductor de mundos. Prontamente comprendió que podía transformar el arma del enemigo en defensa y usó la palabra del colonizador para contradecir a la propia escritura.

“La tierra da, la tierra quiere” que editó recientemente en español Tinta Limón ediciones, fue escrito a cuatro manos o a dos voces por Bispo y la investigadora y docente mineira Renata Marquez. El líder quilombola “ancestralizó” en 2023 y su hija Joana Maria asumió de alguna forma continuar llevando la voz, el legado de su padre. Ambas nos visitaron en ocasión de la presentación del libro en Buenos Aires a principios de agosto.
“Para nosotros, el quilombo es la reedición de África en Brasil. Cuando nos trajeron para este lugar que llamaron Brasil, nosotros no aceptamos la esclavitud y los primeros quilombos nacieron dentro de los navíos negreros. Mismo hablando lenguas diferentes, nuestra cosmología nos hizo confluir y organizarnos. Nosotros mantuvimos nuestro modo de vida, nuestra libertad de vivir, respetando a la tierra, respetando el monte, respetando las aguas, en “confluencia” con los pueblos originarios. Los quilombos no los hicimos solos, precisamos construir alianzas con los pueblos originarios para reeditar África en Brasil”, explica Joana. “Los quilombos son un espacio de lucha, de resistencia y de buen vivir donde nosotros mantenemos nuestros modos de vida y nos organizamos en libertad”.
Quilombos, una realidad para un futuro distinto
Los quilombos fueron formados originalmente por personas esclavizadas que huyeron del cautiverio en busca de libertad, supervivencia y autonomía. 60 millones de personas fueron secuestradas del continente africano para ser llevadas como mano de obra esclava a las colonias americanas. Sólo 12 millones llegaron vivas.
El quilombo de Palmares, ubicado en el norte del actual estado de Alagoas, fue el más populoso. Llegó a tener 15 mil pobladores y resistió por más de un siglo el asedio de las tropas portuguesas (entre 1580 y 1710).
En Brasil, los quilombos contemporáneos se cuentan por miles y sus habitantes, los quilombolas, son reconocidos constitucionalmente desde la reforma constitucional de 1988, con la Constitución Ciudadana elaborada al retorno de la democracia. Desde entonces existe un proceso de restitución de las tierras despojadas e históricamente ocupadas por quilombos.
Según datos oficiales del Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE), el país cuenta con más de 1,3 millones de personas que se autodeclaran quilombolas, ubicados mayoritariamente (70%) en la región Nordeste, principalmente en los estados de Bahia y Maranhão.
“Hay muchos quilombos en Brasil y cada uno lleva una historia propia de lucha y de conquista de sus territorios, en el campo y en las ciudades. En este momento, están uniendo sus fuerzas para gestar la posibilidad de un mundo distinto. La presencia de los quilombos en Brasil es también la posibilidad de una lucha por un futuro de autonomía, de pluriversidad, de diversidad radical con los humanos y los no humanos también”, explica Renata.
Contracolonización
“(…) Hay adiestradores que pegan y adiestradores que dan cariño; hay adiestradores que castigan y adiestradores que dan comida para hacerlos adictos, pero todos son adiestradores. Y todo adiestramiento tiene el mismo propósito: hacer trabajar o producir objetos de disfrute y satisfacción. Sin embargo, no a todos los animales podemos adiestrarlos. Algunos quedan físicamente atrofiados, cuando se exige del animal un esfuerzo físico más allá de lo que es capaz. Otros quedan atrofiados mentalmente, cuando el animal sufre un shock mental violento”.
“Mi padre dedicó su vida a la lucha quilombola. A la lucha por la tierra, al movimiento que él llama contracolonización. Los quilombolas no aceptamos la colonización, no aceptamos la esclavitud. Nuestra memoria no es una memoria de esclavitud, es una memoria de un pueblo que lucha, que resiste, de un pueblo que festeja”, explica Joana.
“Este libro es una confluencia en sí misma entre la escucha y la escritura. En 2021, invitamos a Bispo a conversar sobre la “cosmofobia”, una idea muy importante que está en este y otros libros de él. A nosotros nos parecía un concepto muy importante que hablaba de nuestro límite como sociedad moderna y de nuestra incapacidad de transformar el mundo. Bispo entendió que la cosmofobia era la enfermedad de nuestro tiempo, nuestra incapacidad de vivir junto al cosmos, con los seres no humanos. La cosmofobia es ese miedo profundo del cosmos, de aquello que no es humano. La cosmofobia justifica nuestras prácticas de destrucción, de muerte, de extractivismo, de acumulación, de propiedad privada, de monocultivo, de destrucción de las vidas. Bispo decía que todas las vidas son necesarias, no sólo la humana. La cosmofobia es un concepto clave para pensar otras prácticas en nuestras ciudades”, describe Renata, y cita la corrección que les hace Bispo: “No es un concepto, ustedes de la academia la llaman concepto, es una palabra germinante. Las palabras tienen vida, los conceptos no”.
La guerra de las denominaciones
“Al dominar la técnica del adiestramiento, rápidamente me di cuenta de que, para enfrentarnos a la sociedad colonialista, a veces “necesitamos transformar las armas de nuestros enemigos en defensa”, como decía uno de mis grandes maestros de defensa. Entonces, para transformar el arte de denominar en un arte de defensa, resolvimos denominar nosotros también”.
Como parte de la lucha contracolonial, Bispo sostiene que los quilombolas llevan adelante una guerra de denominaciones, “el juego de contradecir las palabras coloniales como modo de debilitarlas.
“Una vez, un investigador de Cabo Verde me hizo la pregunta: ¿Cómo podemos contracolonizar hablando la lengua del enemigo? Le respondí: “Vamos a agarrar las palabras del enemigo que están fuertes y vamos a debilitarlas. Y vamos a agarrar nuestras palabras que están debilitadas y vamos a potenciarlas. Por ejemplo, si al enemigo le encanta decir desenvolvimiento [desarrollo], vamos a decir que el desenvolvimiento desconecta, que el desenvolvimiento es una variante de la cosmofobia. Vamos a decir que la cosmofobia es un virus pandémico y al diablo con la palabra desenvolvimiento. Porque la palabra que nos encanta es envolvimiento [involucrarse]”.
Las palabras germinantes de Bispo fructifican en el lector que se ofrece tierra. “Sembré las palabras biointeracción, confluencia, saber orgánico, saber sintético, saber circular, saber lineal, colonialismo, contracolonialismo… Sembré las semillas que eran nuestras y las que no eran nuestras. Transformé nuestras mentes en jardines y arrojé ahí un mate con semillas”.
“Este libro no es un libro importante, es un libro necesario para enseñarnos todo aquello que no cabe en nuestro repertorio moderno, científico, político y sociológico y todo aquello que siempre existió pero a lo que no se le había dado importancia. No hay novedad, hay aquello que siempre estuvo pero siempre lo tuvimos por fuera de la vida”, resume Renata. “Es necesario para sacudirnos esa herencia moderna destruidora, sobre todo en este momento en que estamos casi en el límite de las condiciones de vida”.
