Publicado originalmente el 28/08/2026
Por Gladys Stagno | En tiempos de APPs, porno ilimitado, crisis económica y vínculos descartables,¿qué pasó con el deseo? La pregunta es el disparador de esta conversación presencial y en formato cuasi teatral a la que invita Sol Ferreyra, en una gira nacional que arranca este 12 de septiembre bajo un título que provoca y afirma: El deseo en crisis.
Sol es médica, especialista en comunicación de sexología, y se hizo conocida en redes sociales como Sol Despeinada. Su versión digital se volvió viral, allá por 2015, gracias a su capacidad didáctica para explicar las consecuencias sobre el cuerpo de los abortos clandestinos. Y sus explicaciones, entrenadas por la gimnasia de sus más de diez años de trabajo docente, vinieron a traer algo de luz a la oscuridad reinante en temas de salud sexual y reproductiva. Siempre con humor, ese estornudo mental que expulsa y alivia.
¿Por qué afirmás que el deseo está en crisis?
—Hay una crisis general de un montón de pulsiones y un montón de deseos en estos tiempos que corren, que son bastante inestables y que presentan muchos cambios.
La tecnología está demasiado involucrada en nuestras vidas. Y ese deseo, ese impulso que nos lleva a algo que queremos mucho, que queremos obtener —ya sea material, simbólico o algo más del orden social o filosófico—, también entra en conflicto con ciertos mandatos sociales, con nuevas normas de convivencia, con nuevas reglas. Entra en conflicto también lo que pensábamos que íbamos a desear en la vida adulta y lo que efectivamente deseamos en estos contextos, de crisis económica, sociopolítica, crisis incluso también de nuestras identidades, y no me refiero a la identidad sexual necesariamente. Sino a quién soy, qué quiero hacer, qué quiero para mi futuro.
¿Y el deseo sexual?
—El deseo sexual es obviamente la columna vertebral de la charla, pero el deseo en general está un poco conflictuado y también un poco editado y modificado. Muchas personas están planteándose la mapaternidad, planteándose su destino financiero, pensando en su jubilación, en su vivienda. Hay una serie de cuestiones que quizás en otros tiempos no estaban tan puestas sobre la mesa como un problema, más bien era algo que el destino te iba a otorgar naturalmente. En estos tiempos, la cosa se ha complicado un poco.
Los tiempos de capitalismo furioso, de pantallas, de modelos aspiracionales, en las redes sociales sobre todo, de alguna manera también editan nuestro deseo. Nos dicen qué desear, o qué es lo que nos conviene desear, o qué es lo que desea todo el mundo. Lo que quise con ese título era reflejar cuál va a ser el núcleo de la charla: el deseo está en crisis. No es que estamos rotos o rotas y que hay algo que no funciona, algo que no se da, algo que no sucede, sino que eso que queremos, no lo tenemos tan definido. Hay mucho en esto de lo que nos ofrecen las redes sociales, las aplicaciones de citas. De cómo la tecnología se metió en el cortejo sexual.
¿De qué manera se metió?
–Estamos en una turbulencia, en un terremoto del que no sabemos para dónde disparar. La gente tiene una cita y no pueden sostener la mirada porque no están acostumbrados a mirar gente a la cara, sino a ver fotos en pantallas, o videos, o cosas que los entretengan y duren 1 minuto y medio. La gente se reúne presencialmente para una cita y quieren hablar de ellos, porque están sobrepasados, porque están recontra estresados y necesitan que alguien los escuche. Pero de repente no hay gente interesada en saber del otro.
Hay algo de lo humano que se nos borró un poco con las redes sociales, algo del contacto, de la mirada, de la pausa, de practicar la paciencia. Por ahí tenés ganas de contar algo, pero no son audios de WhatsApp, no podés hacer un monólogo de 5 minutos y que la otra persona te escuche sin interrumpir. La interrupción tiene algo bonito también, algo humano. Más allá de lo que alguien te puede decir por escrito, hay algo que se dice mientras se habla, algo que se dice con la mirada, con el cuerpo, con el tono de voz. Todo eso, que es muy característico de lo humano, de lo presencial y del contacto, es algo que, sobre todo en las nuevas generaciones, no están pudiendo naturalizar.
¿Qué observás en los más jóvenes?
–Ahora hay una moda en la que, sobre todo los adolescentes o los adultos muy jóvenes, cuando conectan con alguien en la virtualidad le preguntan al ChatGPT qué responder a las preguntas que les hacen. Entonces, copian y pegan respuestas que les da el ChatGPT porque quieren quedar muy bien. Y cuando llega la hora de juntarse en la presencialidad tienen miedo, lo atrasan, lo demoran, lo posponen, porque saben que cuando se vean no van a poder dar esas respuestas.
¿Y los más grandes?
–No entienden muy bien qué hacer. Es muy complejo pensar cómo se efectiviza una relación. Yo creo que tenemos una crisis de comunicación también nosotros. El cortejo, el amor, la sexualidad son un tipo de comunicación entre humanos. Si se rompe esa comunicación en la presencialidad, algo va a afectar en la sexualidad.
Ya no sé si ahora pasa que la gente encuentra un novio en la parada del colectivo, o porque te quedaste charlando en una plaza y pegaste buena onda, te pasaste los teléfonos y de repente es tu marido o tu esposa. No sé si es tan común. La gente tiene más miedo de acercarse, le da hay mucha ansiedad. Son épocas para la salud mental muy complicadas, donde hay números altísimos de diagnósticos de trastorno de ansiedad generalizado, depresión. Es muy complejo desear con una maquinaria que te está forzando para socializar. Pero, en el medio, la gente quizá sufre, porque tiene ganas de una pareja, de un proyecto a futuro, de divertirse, de pasarla bien, de construir una familia… Es complejo.

Abordar lo incómodo y reírnos de nosotros
Como divulgadora en redes sociales, Sol Despeinada ha construido una comunidad muy activa, que participa, comparte y pregunta. Esa interacción funcionó como banco de ideas para este espectáculo que Ferreyra llama “conversación” y que invita a cuestionarnos, abordar lo incómodo y a reírnos de eso.
“La comunidad suele compartir conmigo muchas de sus inquietudes o de sus preguntas. Y normalmente hay algo que no pueden decir textual, no pueden decir ‘Ché, tengo una crisis de lo que deseo’”, cuenta.
¿Y cómo lo expresan?
–En general las cosas que escucho son: “Ya entendí que el amor no es para mí” o “no entiendo cómo relacionarme con alguien”, o “vengo teniendo citas todos los fines de semana y no pasa nada”. Hay algo entre lo que quieren hacer y lo que efectivamente pasa, y ahí se encuentran con una duda, una inquietud. Y ahí se empiezan a sacar conclusiones como “yo estoy rota” o “estos son tiempos para mejor estar solo, porque total… ¿para qué? La gente está muy boluda”.
¿Son sólo las tecnologías? ¿El crecimiento del feminismo no cambió también las reglas del juego?
—El feminismo puso en tela de juicio muchos mandatos. También cuestionó algunos acuerdos sociales que no dejaban de ser relaciones de poder entre un grupo de personas que tienen privilegios o cierto poder social y otro grupo de personas a las que este se les enseñó que debían depender de ese poder o que debían asociarse a ese poder. Las ideas feministas o transfeministas vienen a poner en duda un poco todo eso y por supuesto que uno empieza a replantearse qué desea.
¿Cómo es ese replanteo?
–Preguntarse: ¿qué estoy dispuesta o dispuesto a ofrecer en una relación? ¿Qué estoy dispuesto a ceder? ¿Qué estoy dispuesta a aguantar? ¿Qué estoy dispuesta a dejar de hacer? ¿Qué estoy dispuesta a pensar sobre mi sexualidad? El feminismo invitó a plantearnos qué es lo que nos genera placer, qué queremos realmente o dónde realmente somos felices. Y bueno, quizás lo que me gusta, lo que me genera placer no es lo que la sociedad espera de mí o lo que premia o aplaude. Hay que habitar también esa crisis del deseo hasta encontrar cuál va a ser ese lei motiv.
Creo que las personas avanzarían o encontrarían respuestas interesantes si se preguntaran: ¿yo qué deseo? A veces esa pregunta también es medio incómoda. Suponé que alguien dice: «Tengo 30 años. ¿Yo qué deseaba a los 20? Alos 20 yo deseaba un chico, una chica, con estas características, con esta personalidad y que piense así. Bueno, 10 años después, ¿qué deseo? ¿Deseo lo mismo o de repente cambió mi interés?”.
Vos usás mucho el humor para comunicar. No sé si llamarlo “antídoto” para la incomunicación, pero ¿creés que el humor ayuda a sortear esta crisis?
–Sí, por supuesto. Cualquier conversación incómoda es un osito de peluche cuando le agregás un poco de humor. El humor también habilita reírnos de nosotros mismos. La charla tiene un momento que es muy participativo y la gente se anima a contar un poco sus experiencias buenas y malas y hay mucho de reírnos de nosotros que también es una forma de ponerle un paño frío al drama, a las diferentes crisis o formas en las que las personas se toman esta búsqueda de una pareja, un compañero, una compañera. El humor viene un poco a ridiculizar, es inevitable que no encuentres algunas contradicciones a partir del humor.
Para mí, en mi vida personal, el humor es vital, es necesario, no es una opción. Es la narrativa con la que yo pude transitar los dramas de mi vida y a mí me funciona. Entonces, no tengo otra forma de relatar la realidad que no sea a través del humor. A veces uno piensa que la gente que utiliza el humor para habitar ciertas conversaciones es “poco seria”. Hay una diferencia clave entre seriedad y solemnidad. La seriedad es el compromiso por algo. Yo tengo mucho compromiso por esto: me formé y me preparé para estudiar estos temas, soy activista y milito este tipo de conversaciones con perspectiva de género. Eso implica una seriedad. Lo que no implica es que sea solemne. Hay que invitar a la gente a que esta conversación no sea incómoda, no sea bajonera. En algún momento me tengo que reír para empezar a tener experiencias positivas también sobre estos aspectos, para que el día de mañana me den más ganas de seguir hablándolo. Eso siempre es bueno.
¿Para quién es El deseo en crisis, esta “conversación” a la que nos invitás?
–La gente puede venir con quien quiera. Se habla de todos los tipos de deseo y de cómo han sido regulados a lo largo de la historia, y por supuesto el deseo sexual es la columna vertebral. Pero es una conversación que puede tener cualquier mayor de edad. Varones, mujeres, cualquier identidad sexual, esto no excluye a nadie. Se puede venir con amigas, amigos, se puede venir con tu pareja. Ha pasado que vienen en pareja y también recontra disfrutan de la conversación. Porque, por ahí, estás en pareja pero igual el deseo está en crisis. Eso no te garantiza nada, ¿no?
El deseo en crisis: gira, fechas y entradas
El deseo en crisis se presenta el 12 de septiembre en el C Art Media (CABA), el 25 de septiembre en el Teatro La Cañada (Córdoba), el 6 de noviembre en Casa Macacha (Bariloche), y el 19 de noviembre en Proyecto Tajamar (Mendoza).

