El batacazo de Lula, ¿la primera de una serie derrotas para el eje Trump, Netanyahu y Milei? 

La elección en Brasil golpea fuerte a la alianza global de ultraderecha, que en los próximos días enfrentará dos paradas complejas: Israel este martes y el 3 de noviembre en EEUU. Sin brújula ni bajada de línea desde Washington, Milei sigue sin reconocer la victoria de Lula.  
 
Redacción Canal Abierto | La victoria popular en la principal economía de América Latina puso un límite a lo que aparentaba ser un avance sin límite del bloque ultraderechista que a nivel global lidera Donald Trump, pero cuyas ramificaciones o poderes subsidiarios incluyen a Javier Milei.  

En este sentido, la reelección de Lula también se puede interpretar como un reconocimiento de las políticas sociales frente al vaciamiento estatal, la reivindicación de los derechos ante la precarización de las condiciones de vida y la autodeterminación de los pueblos como contrapartida al alineamiento automático con los intereses corporativos globales. 

Un mapa global bajo asedio y sin brújula 

El evés en la nación vecina expone la fragilidad de una entente internacional (¿Trump, Netanyahu y Milei, acaso?) que ahora aguarda con extrema tensión un calendario electoral complejo.  

En cuestión de horas, el entramado ultraconservador enfrentará definiciones críticas en Medio Oriente, con la elección que definirá el futuro de Israel, mientras que el próximo 3 de noviembre la ciudadanía estadounidense concurrirá a las urnas en un escenario donde el liderazgo republicano acumula un marcado desgaste político. 

La cadena de citas electorales pone a prueba la hegemonía de un esquema de poder que apostaba a consolidar su influencia a través de la polarización extrema y el disciplinamiento financiero de los Estados periféricos. 

El repliegue de la Casa Rosada y el aislamiento regional 

Por lo pronto, el gobierno argentino no sale de su estado de parálisis ante el resultado en Brasil: habituado a tuitearse encima, Milei continúa en silencio y a la espera de un mensaje desde Washington, que aún no define si acepta o no la realidad o acompaña la impugnación del acto electoral que intentó ayer Flavio Bolsonaro.  

Así, sin una bajada de línea clara proveniente de la capital estadounidense, el gobierno argentino profundiza su aislamiento político dentro del bloque sudamericano. 

La semana pasada, durante la gira de Milei por España, ya habíamos visto otro signo de esta crisis en materia de política exterior, cuando ni siquiera los aliados ultraderechistas se dignaron a recibir al mandatario argentino.  

La subordinación incondicional de la política exterior a los designios de Washington deja al Ejecutivo nacional expuesto ante el nuevo escenario geopolítico, evidenciando los costos de pretender subordinar los intereses soberanos a una agenda de choque ideológico en retirada.