Redacción Canal Abierto | La historia de la Cooperativa textil 18 de Julio, surgida de la recuperación de Brukman, tiene su versión teatral. En Overlock, la autora y directora Verónica Schneck vuelve a esa lucha surgida en el convulsionado final del 2001, que implicó una referencia en el movimiento en empresas autogestionadas por sus trabajadores.
La obra puede verse todos los domingos de marzo en Espacio Callejón (Humahuaca 3759, CABA) y la función es precedida en el hall por una muestra fotográfica de Paloma García y Graciela Calabrese con registros de las obreras de la fábrica ubicada en la zona de Once. Las entradas anticipadas se adquieren vía Alternativa Teatral.
“Tenía ganas de explorar una fábrica textil. Y el caso de Brukman me parecía interesante porque el jefe, con esa imagen del que tiene el poder, se había ido y entonces había que trabajar qué pasaba con los que son homólogos. Eso me sacaba de la situación de oposición jefe-empleados y me parecía más interesante para trabajar los matices de personajes homólogos, buscando siempre algo que tenga que ver, que genere teatralidad. A mí en general me gusta trabajar con varios actores en escena, y entonces la premisa era trabajar de un modo coral”, contó Schnek a Canal Abierto.
La autora explicó que eligió el ámbito textil como escenario por las posibilidades estéticas que brinda ese mundo: “Es visualmente bastante plástico el tema de los retazos, de los moldes, de los hilos, todos los materiales que por ahí parecen de descarte, las bolsas de residuos. Son materiales que circulan entre los nueve actores que están en escena. Y lo que trabajamos siempre es algo muy vinculado al ritmo, a que el ritmo se genere en un entramado —valga la redundancia— entre todos y no individual”.
“Más allá del tema y el contenido -agregó-, se tiene que lograr que la obra esté buena, que sea atractiva como obra de teatro. En ese sentido, lo textil me parecía muy interesante, me generaba una asociación poética. Pero sí, también tiene importancia que se trate de una fábrica recuperada. Incluso se cuenta sin explicar, pero algo del proceso de cómo fue transformándose de ex Brukman a ser Cooperativa 18 de Diciembre. Y que incluso en un momento se menciona a Myriam Bregman, que fue la abogada que logró la expropiación”.

Este relato se hizo luego de un trabajo previo de investigación por parte de la autora, práctica a la que recurre antes de comenzar a escribir. En este sentido, expuso que “siempre trato de llenarme de material documental para poder ingresar con un lenguaje específico al mundo de la ficción que quiero generar. Acá trabajé mucho con artículos de la época, con recortes de diario y con documentales. Había mucho material, así que usé mucho eso y ensayé con ese material. No es que tenía escrito el texto antes, era como ensayar y escribir a la vez”.
Schneck contó que, además del material documental también realizaron una entrevista:
“Fuimos a Brukman, hablamos con una de las obreras, Lidia, y ella también nos dio mucho material, nos contó muchas cosas y también recorrimos la fábrica. Así que material documental hay mucho en la obra. De hecho, hay un monólogo en un momento que está hecho con fragmentos de material periodístico”.
“También hicimos entrevistas a costureras, no de la fábrica, sino de otros lugares, porque teníamos que tener cercano el lenguaje de las telas, de las máquinas. Y ahí salió el nombre de la obra, Overlock porque una costurera nos dijo que era una costura elástica y que había que ir hacia el borde para unir cuatro tipos de hilos. Entonces, con ‘ir hacia el borde’ y ‘una costura elástica’, y además que era la más barata, a mí ya se me armaba algo. Lo elástico me hacía acordar mucho al tipo de trabajo del actor, y la idea de que es lo más barato y de ir hacia el borde me sonaba mucho al teatro independiente y al trabajo que hacemos nosotros”, agregó Schneck.
También resaltó como la historia ocurrida hace un cuarto de siglo atrás el contexto político actual. Sobre este punto reflexionó: “Yo siempre pienso que está bueno que forma y contenido vayan juntos. Pero en este caso resuena tanto todo lo que se está diciendo. Es mostrar a estas textiles mujeres. Pero también el tema de la represión en la calle, de poner en valor lo colectivo, la discusión de los matices, de cómo es salir adelante. Y la crudeza de todo eso es muy fuerte en relación al contexto que estamos viviendo”.
“Yo suelo elegir signos ambiguos para trabajar en escena, pero ahora pienso en todo lo que es más eslogan o panfletario. La obra tiene frases como `la lucha hilvana un mundo mejor´, y están en asamblea y todos aplauden. Esos eslóganes que uno por ahí intenta evitar, en este momento, cuando pensás la realidad y a la obra de teatro inserta en esa realidad, te planteás si no es momento de ir para adelante con cosas menos ambiguas. Por ahí es momento de afirmar algo de eso, de subrayarlo”, valoró la dramaturga.
Respecto a la situación de realizar esta obra en un contexto adverso tanto para la clase trabajadora como para la industria argentina y para todo lo que sea colectivo y cultural, Shneck afirma:
“Creo que Brukman es un ejemplo muy claro de lucha, de lucha de mujeres, sobre todo. Eran mujeres sin miedo. Y también algo de la organización en horizontalidad. Para mí repercute muchísimo”.
“Es una obra que habla de Brukman, pero también habla del teatro. Es muy metalingüística en ese sentido. De eso de confiar en que, entre varios, se puede algo que solo no se puede. Y algo que se dice mucho en la obra, que tiene que ver con lo político y también con la propia materia de lo textil, es la ruptura de moldes. Cómo estar siempre atento a que los moldes también se pueden modificar, por ejemplo, pienso en el capitalismo”.
“Años antes no nos poníamos a pensar en cómo avanzó el feminismo, por ejemplo. Eran cosas que por ahí una no se imagina que pueden suceder. Me da la sensación de que está la idea de envalentonarse un poco, de no irse achicando con la melancolía, con la depresión de todo lo que está pasando. Porque deprime, tira para atrás. Y hacer teatro, hacer este tipo de contenido te genera una cosa en la sangre que te envalentona. Me parece que eso no hay que perderlo. Y no hay que perder al otro, que el otro es nuestra mejor herramienta para avanzar”, concluyó Schneck.

