El derrumbe: La imagen de Milei cae al nivel más bajo de su gestión

Con más del 60% de rechazo en distintos relevamientos, el malestar social crece al ritmo del desplome del consumo y de un rumbo internacional de alarma, centrado en un servilismo desvergonzado hacia Trump. El desgaste ya no es percepción, es marca de época.
8 minutos para leer

Por Federico Chechele | La mayoría de nosotros tuvimos, en la infancia, ese compañero de escuela que invitaba a su casa porque tenía el juguete del momento, un arco para jugar al fútbol o una pileta en verano. Íbamos por conveniencia, incluso él mismo dudaba de la autenticidad de la amistad, pero se conformaba con la ilusión de estar acompañado.

Algo de esa lógica parece replicarse hoy en la figura de Javier Milei. La pregunta ya no es sólo política, sino también casi psicológica: ¿Cómo se autopercibe? Si se asume como un líder por su capacidad de generar adhesión genuina, o advierte que buena parte de quienes lo rodean lo hacen por interés, por oportunidad, por promesas de negocios.

Así como aquel chico llenaba su casa sin afecto alguno, el poder también convoca presencias que no equivalen a lealtades. Y cuando la conveniencia es el principal motor del vínculo, la pregunta inevitable no es cuántos están, sino por qué están.

En ese marco, la construcción internacional del Presidente refuerza más dudas que certezas. Las visitas de Milei a Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump que tiene un trono para sentar a upa al jefe de Estado argentino, entre otras celebridades, hace pensar que su estilo histriónico, lejos de proyectar audacia, se percibe como falta de densidad política. Así se ha mostrado frente al mundo sin importar su investidura. Su alineamiento a Estados Unidos e Israel, los dos países más odiados del planeta en estos momentos a partir de las decisiones de sus gobiernos, lo distancian a un abismo de lo que es gestionar y administrar una nación con la mesura y pausa que Argentina necesita.

Por ello, la evolución reciente de la imagen de Milei comienza a configurar un escenario de desgaste que trasciende lo coyuntural. Los últimos datos disponibles, tanto a nivel regional como nacional, coinciden en señalar un deterioro significativo en la percepción pública del Gobierno. Ya no es un episodio aislado sino una tendencia.

***

Un informe de CB Consultora Opinión Pública correspondiente a marzo de 2026, ubica al mandatario argentino como el gobernante con mayor caída de imagen de Latinoamérica. La medición registra un 55,6% de imagen negativa y una baja de 4,5 puntos en la positiva respecto de febrero. El dato adquiere mayor relevancia al compararlo con diciembre de 2025, cuando Milei lideraba ese mismo ranking con 48,3% de valoración positiva.

Según la Consultora Delfos, la desaprobación de la gestión alcanza el 64%, mientras que el relevamiento de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés indica que apenas un 33% de los encuestados evalúa positivamente la marcha general del país. En ambos casos, se trata de indicadores en retroceso sostenido desde fines del año pasado.

Finalmente, la encuesta de Atlas Intel -la consultora que acertó la victoria de LLA en 2023- muestra que la desaprobación de Milei aumentó por tercer mes consecutivo y alcanzó su valor más alto desde el inicio de su gestión con 61,6%.

El contexto internacional no deja de ser una aventura peligrosa. Lo significativo de estos números subyace en lo que se percibe en la calle. Cae el consumo, se enfría la actividad económica y el mercado laboral se vuelve más incierto. La pérdida de poder adquisitivo golpea de manera directa a amplios sectores sociales, erosionando no sólo ingresos sino las expectativas. A estos episodios se les suman reiterados hechos de corrupción –el mileismo es serio candidato a transformarse en el gobierno más corrupto desde el retorno de la democracia– y contribuyen a implosionar la imagen presidencial.

***

Mientras la mayoría de los países de Latinoamérica avanzan a su ritmo, con acuerdos globales, sin subordinarse a la ideología del presidente de turno, el gobierno argentino continúa con la riesgosa relación de alistarse bajo las órdenes de Donald Trump e Israel. Este sintonía estrecha quedó reflejado esta semana en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde Argentina votó junto a esos dos países en contra de una resolución que calificó la trata de esclavos como el crimen de lesa humanidad más grave de la historia.

Todo esto se da en un marco en el que Trump enfrenta un escenario político adverso en Estados Unidos, con cuestionamientos internos y dificultades para consolidar su liderazgo: hoy se espera que el movimiento No Kings (No a los reyes) reúna a millones de personas en su contra. Incluso pierde elecciones en su propio feudo, donde se encuentra la mansión Mar-a-Lago, a manos de la demócrata Emily Gregory, una derrota humillante y simbólica en la carrera hacia el control del Congreso en noviembre. Además, no sabe cómo salir de la guerra que inventó con Israel contra Irán. Hasta Europa se despertó y le dio vuelta la cara.

Mientras que con Israel, si bien no es una potencia económica, el presidente argentino se muestra bajo una alineación geopolítica y espiritual, como quedó sellado en uno de sus viajes al mostrarse conmovido, llorando y orando en el Muro de los Lamentos, donde dejó la frase “Libertad para Sion”. Un peligro inminente en un escenario en el que la mayoría de los países de Medio Oriente están enfrentados a Israel y el resto del mundo lo tilda de gobierno genocida.

En este marco, el deterioro de la imagen presidencial no aparece como un fenómeno aislado. Por el contrario, se presenta como el resultado de una combinación de variables económicas, sociales y diplomáticas que confluyen en una percepción pública cada vez más cuestionada.

De ahí se desprende el escándalo del Jefe de Gabinete Manuel Adorni, que día a día suma una nueva irregularidad en sus cuentas personales. El hombre que fue elegido para ensañarse contra la mayoría de los sectores de la sociedad a la hora de anunciar ajustes y despidos con la perversidad con que se manejó hacia el pueblo argentino, ahora sufre el embate del público, tanto en las redes sociales, que eran su hábitat natural, como desde lo moral: quiso embalsamarse en la ética socrática y se está transformando en el corrupto más barato (no en término de dólares, sino como sinónimo de “baratija”) del gobierno de Milei.

Todos ellos fueron derrotados el pasado martes 24 de marzo cuando, al cumplirse 50 años del golpe genocida, millones de argentinos se movilizaron en todo el país para cuidar la memoria, pero también para desmantelar todo intento libertario de reivindicar y negar el genocidio de la última dictadura con argumentos infantiles, como los que utilizaba ese niño que invitaba a sus amigos, pero que para todos era un forro.

Federico Chechele en X: @fedechechele