Mientras todo se desmorona, la política sale de la modorra y empieza a mostrar un perfil opositor

Con nervios y desorden, con pésimos datos económicos y promesas no creíbles, esta semana al Gobierno le crecieron los enanos: Kicillof salió de gira, los intendentes marcharon juntos a Economía y varios dirigentes ya se prueban como candidatos. 2027 se asoma.
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Javier Milei en AmCham, el foro empresario argentino-norteamericano
Javier Milei en AmCham, el foro empresario argentino-norteamericano

Por Federico Chechele | La semana comenzó con el presidente Javier Milei publicando un video con estética de animación japonesa, donde aparece retratado como un campeón al estilo de Diego Maradona con la selección argentina. El material incluye autoelogios, como la frase “genio de la libertad mundial” y en una escena “gambetea” sin rivales, ya que los “kukas” abandonaron el campo antes del partido, y no tenía compañeros, hasta que finalmente se sumaron a los festejos Luis Caputo, Federico Sturzenegger y su hermana Karina Milei. El relato del video sostiene que “sacó de la pobreza a 12 millones de argentinos”, mientras que Donald Trump aparece aplaudiendo desde la tribuna.

Dos días después, en un clima cargado de nerviosismo, Milei protagonizó un tenso momento durante un acto frente al círculo rojo, donde, visiblemente molesto, lanzó una advertencia contundente: aseguró que podría “irse a su casa” si no cuenta con el respaldo del sector privado. La afirmación no es menor y quizás ni se haya dado cuenta de lo que significa. En un esquema de poder tan concentrado en la figura presidencial, la legitimidad depende casi exclusivamente de resultados y cuando eso tambalea, no hay red de contención. Los empresarios aplaudieron tibiamente.

Terminando la semana redobló la apuesta y publicó otro video animado con ovejas que transformó en leones, se burló de dirigentes opositores y de periodistas mientras se mostraba como el salvador del país; finalizando con los brazos extendidos y abrazando al cielo desde el balcón de la Casa Rosada.

Algunos especialistas intentaron interpretar la estrategia detrás del mensaje y su posible impacto en sus propios seguidores. Sin embargo, carece de la rigurosidad que se espera del presidente de la Nación y evidencia sus debilidades para conducir al país. Todo un delirio.

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Ante este escenario y la falta de reacción del Gobierno para ordenar una economía cuyo deterioro ya resulta inocultable, los tiempos políticos comenzaron a acelerarse. En los últimos días reaparecieron intendentes, se activaron candidaturas, Axel Kicillof empezó a mostrarse en modo presidenciable y volvieron a tomar fuerza las internas.

Desde la asunción de Milei, la política partidaria había quedado reducida a la lógica parlamentaria, muchas veces sin estrategia común ni capacidad de articular una resistencia sostenida. Una expresión clara de la crisis de representación que quedó evidenciada ante la falta de una conducción. Los sindicatos en sus luchas sectoriales y las centrales sindicales presentes en las calles, junto con los jubilados y universitarios resistieron en soledad estos dos años y medio. Ahora reaparecieron nuevos actores.

En un hecho casi sin precedentes, alrededor de 150 intendentes de todo el país se movilizaron el martes pasado hacia el Ministerio de Economía para reclamarle a Luis Caputo por los fondos que la Nación le adeuda a las provincias y por consiguiente a los municipios. No fue solo una protesta, es la reaparición del poder territorial como actor político. Los intendentes no son figuras menores; son estructura, gestión y contención social.

El diagnóstico de la Federación Argentina de Municipios fue claro: caída de recursos, aumento de costos, retracción de la actividad y mayor demanda social. Traducido significa que el ajuste fiscal empieza a desbordar en costo político. La pregunta de fondo es cuánto tiempo puede sostener el gobierno el ajuste. El comunicado de la FAM lo firmaron la mayoría de los partidos políticos, incluidos radicales y de Juntos por el Cambio.

Una encuesta de Proyección Consultores refuerza ese clima: el 73,7% afirma que su situación económica empeoró. Ahí es cuando el deterioro se vuelve una percepción mayoritaria y se activa el desgaste del poder. En ese contexto, el peronismo, históricamente eficaz en la disputa territorial, empieza a moverse. Pero lo hace sin conducción.

Además de la protesta de los intendentes en Plaza de Mayo, varios de ellos ya se posicionan en la carrera por la gobernación bonaerense. No se trata únicamente de la sucesión de Axel Kicillof: ganar la Provincia de Buenos Aires es una condición decisiva para cualquier proyecto presidencial.

En particular, para el peronismo y sus distintos frentes, el desafío es doble. No solo deben imponerse en territorio bonaerense, sino hacerlo con una diferencia amplia que fortalezca sus chances a nivel nacional y reduzca la incertidumbre de una eventual segunda vuelta.

El que movió la estantería fue el ministro de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires, Andrés Larroque, quien lanzó la candidatura del intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi para suceder a Kicillof.

La respuesta inmediata fue de Sergio Massa quien reapareció en San Vicente durante un partido de fútbol que reunió a intendentes bonaerenses que representan a más de 2 millones de habitantes. El humo del asado en la Quinta de Juan Domingo Perón llegó hasta Kicillof y Máximo Kirchner, armadores de una gran porción del peronismo y con candidatos propios. También se lanzó esta semana Juan Grabois pero como presidenciable, al acecho de una interna o negociación teniendo para mostrar el millón y medio de votos que cosechó en las Paso de 2023.

A ellos se suman Mayra Mendoza, Mariel Fernández, Federico Otermín, Federico Achával, el propio jefe de Gabinete bonaerense Carlos Bianco y el ministro provincial Gabriel Katopodis. Un conjunto amplio de posibles candidatos que, según la experiencia política reciente, no contarían con el plafón suficiente para imponerse en una elección provincial.

El antecedente más cercano de un intendente que alcanzó la gobernación de la provincia de Buenos Aires se remonta a 1991, con Eduardo Duhalde. Sin embargo, incluso en ese caso, su trayectoria excedía largamente lo municipal, había sido recientemente vicepresidente de Carlos Menem y contaba con una construcción política de alcance nacional. Su paso por la intendencia de Lomas de Zamora fue solo una etapa previa dentro de una carrera más amplia.

Desde entonces, ningún intendente ha logrado dar ese salto directamente a la gobernación, lo que refuerza la idea de que la escala política bonaerense exige niveles de instalación, estructura y conocimiento público que suelen ir más allá de la gestión local.

Luego de participar de la vigilia del 2 de abril en Tierra del Fuego, por un nuevo aniversario de la guerra de Malvinas, Kicillof apretó el acelerador y diagramó una gira por España para mostrarse con un perfil presidencial. Se mostró con presidentes de la talla de Lula, Pedro Sánchez, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro. El que salió al cruce fue el periodista Horacio Verbitsky quien, en su rol de vocero de Cristina Kirchner aseguró que la expresidenta “apoyaría a cualquier otro candidato peronista que no sea Kicillof”.

La figura de Cristina Kirchner y su capacidad de ordenar – o desordenar – sigue siendo determinante. La duda ya no es solo a quién apoya, sino cuánto pesa ese apoyo en una sociedad que también cambió. El peronismo enfrenta su propia tensión, depender de su liderazgo histórico o construir una nueva centralidad. El Yin y Yang del universo krichnerista.

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Luis Caputo insiste en que “lo mejor está por venir”, pero esa promesa empieza a desgastarse como recurso político. El problema ya no es solo económico, es de credibilidad. Cuando las expectativas fallan reiteradamente, el costo es de poder.

El dato del Presupuesto – una inflación anual proyectada del 10% que ya fue alcanzada en el primer trimestre – no es solo un error de cálculo, es una señal de desconexión entre lo que se planifica y la realidad. Y ahí es donde todo empieza a tensarse al mismo tiempo: un presidente que tiene menos de 30% de imagen positiva, una economía estancada que pulverizó los salarios de la gente, una oposición que se reactiva a los tumbos, y una sociedad a la que se le termina la paciencia.

Y en política, cuando todo se mueve al mismo tiempo, lo que define no es quién tiene razón, sino quién logra construir poder antes de que la ventana se cierre.

Federico Chechele en X: @fedechechele