Redacción Canal Abierto | Este jueves se estrena la película ganadora de la competencia oficial del BAFICI, Plata o mierda, de Toia Bonino y Marcos Joubert, responsable del rodaje mientras estaba privado de su libertad. Esto ocurrió durante la cuarentena por la pandemia de Covid 19, cuando se habilitó el ingreso de los celulares a las unidades penales. Se proyectará durante una semana a las 20:15 en el cine Gaumont (Rivadavia 1635, CABA).
Bonino y Joubert se conocieron antes de que él fuera arrestado. Una vez recluido, y mediante la ventana abierta durante la pandemia, le ofreció registrar escenas dentro del presidio a Bonino, que ya estaba trabajado en un proyecto sobre la temática.
“En principio, Marcos tuvo esa intuición y empezó a grabar algunas tomas colaborando conmigo en relación al proyecto anterior. De hecho, usé algunas tomas que había hecho Marcos. Pero pasadas esas tomas, seguimos. Yo seguí interesada, por eso Marcos grababa y me enviaba. Y Marcos, por momentos muy ansioso por grabar”, recordó Toia Bonino en diálogo con Canal Abierto.
Terminado ese primer trabajo, Joubert continuó con los registros. Hasta que llegó el momento en el que se encontraron con material para una película. A eso, se le agregaron los mensajes de voz que intercambiaron los realizadores de un lado y otro de los muros.
Antes del BAFICI, un avance de la película había pasado por el Festival de Mar del Plata, donde había ganado la competencia En Tránsito, destinada a proyectos en proceso de elaboración.
Además del carácter documental en primera persona, un aspecto distintivo de Plata o mierda respecto de otras producciones que abordan la cuestión penitenciaria, ya sea desde lo documental o la ficción, es que muestra una realidad interna que no subraya las situaciones de violencia entre los detenidos.
Sobre este punto, Joubert señaló que “lo que elegimos nosotros fue mostrar esa realidad, y no lo que hace la ficción de la televisión hoy en día. Yo había contado que mi realidad era la de cualquier otro prisionero de la cárcel: que extrañaba a su hijo, a su madre, que está lejos de la familia, que no puede estar presente en alguna fecha importante, que espera la visita de alguien que quiere mucho. Elegimos mostrar eso y no lo que se ve por ahí, donde se habla de droga, violencia o, por decirlo de alguna manera, las verdugueadas del servicio penitenciario contra el preso”.
El proceso de desarrollo de Plata o mierda atravesó por distintas instancias. A diferencia de lo habitualk, el guion comenzó luego del rodaje de las primeras escenas. Sobre este aspecto, la realizadora contó que “yo tenía mucho material que Marcos me había contado y bastantes experiencias, a partir de ahí hicimos un guion que lógicamente se iba ajustando o resignificando con el material que Marcos enviaba en el día. Si me mandaba un plano que me parecía genial de la película, sin duda cuando aparecía eso iba a tener un lugar en el guión”.
Y agregó que “fue un guion que, como suele pasar en el documental, se fue ajustando en el montaje en relación con lo que había sido el rodaje. Había a veces insistencia mía hacia Marcos. Me acuerdo que en un momento me puse re intensa con que grabaran cuando les abren la celda o iban a esos baños comunitarios y él me decía que no podía porque lo iban a matar si lo intentaba. También había ciertos límites que Marcos, estando ahí, sabía muy claro cómo tenía que respetar, qué se podía hacer y qué no”.
En el transcurso de registro, en el intercambio de mensajes de voz, se nota cierto tedio e intento de abandono por parte del director que se encontraba encerrado, quien sobre este punto observó que “yo estaba pasando por un momento anímico horrible. Extrañaba mucho a mi hijo, que no lo veía hace unos cuantos años. Mi novia ya me parece que había dejado de ir. Aparte, todo el quilombo de ahí adentro”.
Otro asunto que lo tenía a mal traer y que también es otro hallazgo del documental es el que hace al laberinto que se vuelve la burocracia judicial cuando Marcos intenta conseguir salidas transitorias. “No poder comunicarme nunca con el juzgado para tener la buena noticia sobre mi causa, tenía una incertidumbre muy grande”, rememoró.
También contó que el reconocimiento en el Festival de Mar del Plata funcionó como un incentivo no solo para culminar su colaboración en este trabajo sino que, una vez en libertad empezó a estudiar fotografía. “Cuando lo termine, quiero seguir con otra cosa, como para ir perfeccionándome. Además, un proyecto que estamos armando ahora con Toia, que dentro de un tiempo lo vamos a dar a conocer”, agregó.
Su coequiper aportó que con el estreno “la expectativa es que la película llegue a otro público más allá del público del cine. Notamos bastante interés de gente de Facultad de Derecho, del CELS, del Comité para la Prevención de la Tortura. La idea es abrir un poco el campo de espectadore. También queremos lograr que muchos de los excompañeros de Marcos vengan, qe ya tenemos varios confirmados”.
“Cuando a la última funciónen el BAFICI vino el Pana fue realmente conmovedor. Al Pana lo conocía por los videos de Marcos, y de repente me lo encontré: un hombre enorme, mide 1,87. En un momento cuando nos encontramos dijo: `Mi mamá no me va a creer que estoy en una película en el cine´, como una referencia muy íntima y, en algún punto, hasta infantil. Verlo tan entusiasmado y que la gente le preguntara cosas genera otros vínculos. Y entiendo que mostrarlo posibilita otros vínculos entre las personas”, concluyó la realizadora.

