Redacción Canal Abierto | El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere impulsar al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, como candidato a próximo secretario general de Naciones Unidas.
En paralelo, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, reclama que el gobierno federal estadounidense cumpla con el derecho internacional y detenga a Benjamín Netanyahu si pisa suelo norteamericano.
Una noticia habla de un premio a la obsecuencia, del amiguismo más ridículo y los negociados del poder. La otra, de principios universales como la igualdad ante la ley, pero esta vez en la voz de una figura que va camino a tomar relevancia global.
Según reveló The New York Post, Trump impulsa la candidatura de Infantino para conducir la ONU una vez finalizado el mandato de António Guterres. Y aunque resulte remota, la sola posibilidad de que el platinado republicano si quiera imagine tal nivel de docilidad por parte del principal organismo multilateral del planeta puede significar varias cosas: sea el fin de la política y la diplomacia global; o bien, la crisis de un proyecto ultraderechista que puede recibir un golpe de muerte en noviembre de este año, cuando la elección de medio término estadounidense se convierta en una suerte de plebiscito para los próximos dos años de mandato.
Porque, si de algo no caben dudas, es que lo que une a Trump e Infantino no es otra cosa que una conveniencia mutua construida al calor de los grandes negocios del fútbol y la política.
Y el dirigente suizo no ha ocultado esa cercanía: en diciembre creó el primer Premio de la Paz de la FIFA, una distinción inexistente hasta entonces, cuyo debut tuvo un destinatario tan inesperado como revelador: Donald Trump.
El gesto fue leído como una nueva muestra de obsecuencia hacia un mandatario que convirtió el Mundial 2026 en una pieza central de su estrategia de proyección internacional.
No fue el único favor
Días atrás, durante el Mundial, la FIFA tomó una decisión sin antecedentes al levantar una suspensión disciplinaria que impedía disputar los octavos de final al máximo goleador del equipo estadounidense. La medida rompió con el criterio habitual del organismo y volvió a instalar interrogantes sobre la creciente subordinación política de una institución que históricamente buscó presentarse como autónoma.
En ese contexto, la idea de premiar a Infantino con el máximo cargo de Naciones Unidas parece responder menos a una búsqueda de liderazgo global que a una vieja práctica del trumpismo: recompensar la lealtad.
La estrategia es similar a la adoptada por sus copias devaluadas en el Cono Sur. Tal es el caso de Javier Milei, quien mediante la lógica del «palo y la zanahoria» con gobernadores y legisladores logró cooptar el escenario derechista en la Argentina.
La otra cara del poder
Mientras Trump imagina ascensos para sus aliados, desde la misma ciudad donde se encuentra la sede de la ONU surge una voz reclamando exactamente lo contrario: ni más ni menos que la igualdad ante la ley.
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pidió que Benjamín Netanyahu sea arrestado si ingresa a Estados Unidos, en cumplimiento de la orden de captura emitida por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos durante la devastadora ofensiva sobre Gaza.
Como era esperable, el líder de MAGA salió a confirmar que el israelí no sufrirá la cárcel «bajo ningún concepto o circunstancia» mientres él ocupe la Casa Blanca.
Es que Washington no sólo desconoce la jurisdicción de la Corte Penal Internacional sobre Israel, sino que ha blindado diplomática, económica y militarmente al gobierno de Netanyahu desde el comienzo de la ofensiva que dejó decenas de miles de muertos y múltiples denuncias de organismos internacionales por ataques sistemáticos contra la población civil.
La declaración de Mamdani adquiere relevancia precisamente porque rompe el consenso de impunidad que domina buena parte de la dirigencia política estadounidense. A la vez, obliga a Trump a ratificar públicamente una lianza que venía siendo incómoda en las últimas semanas, no tanto por los crímenes denunciados sino por la contradictoria estrategia israelí-estadounidense en Irán.
Otro detalle no menor es el golpe que significa este cruce en la imagen del propio Netanyahu, que este año también enfrenta elecciones en su país y el posible desalojo del poder (con las consecuencias jurídicas y penales que acarrearía para sí).
El mundo según Trump
Ambas noticias terminan funcionando como una metáfora del orden internacional pretendido por el trumpismo.
Un mundo donde los aliados reciben premios, los organismos multilaterales se transforman en espacios de reparto político y los dirigentes afines ascienden por cercanía personal antes que por méritos.
Del otro lado quedan las instituciones que alguna vez pretendieron representar valores universales: la ONU, la Corte Penal Internacional o el propio sistema internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial. Organismos debilitados, cuestionados y muchas veces incapaces de hacer cumplir sus propias resoluciones frente a las principales potencias.

