Publicado originalmente el 31/08/2026
Redacción Canal Abierto | Algunas de las últimas medidas económicas impulsadas por el gobierno de Javier Milei se parecen bastante a aquellas que bien podrían ser calificadas como políticas de estímulo. La cuestión es curiosa, si se tiene en cuenta que la doctrina de la escuela austríaca a la que suscribe el Primer Mandatario aborrece de aquellas, popularizadas por el británico John Maynard Keynes, personaje que despierta el odio presidencial como tocar un cable pelado.
Se trata, en lo concreto, del uso de $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para fondear créditos hipotecarios, la habilitación del crédito bancario en dólares para personas jurídicas y la fijación de un piso para el salario registrado.
Ahora bien, ¿estamos frente a un giro ideológico, una contradicción o una imposición de la propia coyuntura? En el afán de responder esa pregunta, el último informe de la consultora Vectorial analiza este golpe de timón económico y sus posibles motivaciones.
Caracterizando esta nueva etapa como un “keynesianismo a mitad de camino”, Vectorial plantea que las tres recientes medidas del Gobierno apuntan a estimular la demanda y la actividad mediante crédito e ingresos, aunque sin abandonar el ajuste fiscal. Pero tales decisiones se toman tras más de dos años de ajuste, con una economía que no termina de arrancar.
¿Qué está diciendo sobre la economía el hecho de que un gobierno que agita la bandera de la “no intervención estatal” tenga que recurrir a instrumentos destinados a estimularla? Para Vectorial, detrás de estas decisiones aparece un diagnóstico implícito: “la economía no está creciendo lo suficiente y el ajuste fiscal por sí solo no alcanza”.
Los números
Los números que acompañan el análisis ayudan a entender el problema. En 2025, la inversión representó apenas 13,1% del PBI, el valor más bajo de toda la serie. Al mismo tiempo, el ahorro nacional se ubicó en torno al 12% del PIB, también entre los registros más bajos de los últimos años.
La ecuación es incómoda para el relato oficial. Si el Gobierno esperaba que la estabilidad macroeconómica, la reducción del déficit y las señales favorables a los mercados fueran suficientes para disparar una nueva ola de inversión privada, los datos sugieren que ese mecanismo todavía no funciona como se esperaba.
Vectorial pone el foco precisamente allí. El problema, sostiene, no sería solamente financiero o regulatorio: existe una “demanda doméstica deprimida” que dificulta que la inversión privada encuentre condiciones para expandirse.
¿Golpe de timón?
Pero el giro copernicano no es tal y tiene límites. “Son medidas técnicamente capaces de aliviar restricciones puntuales, pero de alcance acotado frente a los problemas de fondo: una demanda interna debilitada, una distribución del ingreso deteriorada y una economía cuya recuperación todavía no logra alcanzar al conjunto de los sectores y hogares”, detalla la consultora liderada por Facundo Sánchez y Haroldo Montagu.
En otras palabras, se intenta estimular la actividad sin modificar el corazón del programa económico basado en el equilibrio fiscal.
¿Cuánto puede sostenerse esta estrategia de fórmula intermedia? ¿Hasta las elecciones del año que viene?

