Publicado 17/09/2026
Redacción Canal Abierto | “Tengo un poco la sensación en estos días en Argentina de que vengo del futuro. Los compañeros y compañeras me preguntan: ‘Vosotros que ya vivisteis a Bolsonaro, que están viviendo el bolsonarismo, ¿qué recomendaciones pueden tener los brasileños, las brasileñas para esta Argentina actual?”. Así comenzaba la exposición del sociólogo y profesor de la Universidad Estatal de Río de Janeiro Breno Bringel en el Teatro Picadero, en el marco del Encuentro del Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur reunido en abril de 2025 en Buenos Aires. Allí tuvo lugar una charla abierta al público -transmitida por Canal Abierto– con dos mesas en las que participaron miembros del movimiento e invitados locales.
Con la primera vuelta de las elecciones generales en Brasil en el horizonte, el domingo 4 de octubre, reponemos algunos fragmentos de esa charla que sirven para pintar el escenario en que se desarrollarán los comicios y en el que transcurren nuestras limitadas democracias en el continente.
Volver al futuro II
“Obviamente hay muchas diferencias, especificidades de los casos nacionales, no hay recetas, pero sí me parece que hay aprendizajes políticos y estos aprendizajes son importantes a la hora de reflexionar sobre ese proceso y también sobre cómo, a partir de ahí, poder interpretarlo y actuar.
En ese sentido, si hay una primera cosa que aprendimos con el Brasil de los últimos años es que la extrema derecha no se instala cuando gana elecciones ni se va cuando las pierde. Eso parece obvio pero no es tan obvio, porque tiene dos implicaciones importantes.
La primera es que las extremas derechas se han ido instalando poco a poco en un proceso y en un proyecto de largo plazo que se viene construyendo en la región desde hace décadas. En diferentes países, en los territorios, en la sociedad, en la cultura, en los medios de comunicación, en la política institucional con una estrategia multidimensional que no va solo de elecciones.
También hay una segunda implicación, no las podemos derrotar sólo con una victoria electoral. Nuestras formas de lucha tienen que ser también en los territorios, en esa multidimensionalidad.”
¿Edad de oro?
“Creo que en este sentido hay un error de diagnóstico de parte de los sectores progresistas, incluso de izquierda, que de alguna manera, a la hora de pensar qué hacer frente a las extremas derechas, por un lado dicen: “Bueno, vamos a tratar de derrotarlas electoralmente y volver a un estado de cosas, a un momento que teníamos antes que supuestamente, nos dicen, estaba muy bien, que vivíamos súper bien, una edad de oro”. No era tan así, ¿no? Una sobrerrepresentación quizás del momento que vivíamos antes comparado con la catástrofe que estamos viviendo en el momento actual. Pero, por otro lado, eso implica que buena parte de las estrategias están pasando por la adaptación de parte de los sectores políticos en términos de moderación y no de radicalización, en una adaptación que pasa por utilizar las mismas estrategias de la extrema derecha como el marketing o de alguna manera apuntar a una nostalgia de ese pasado que tuvimos.
A la extrema derecha no se la enfrenta ni con marketing ni con nostalgia ni con moderación. Si hay algo que vimos en Brasil es que la mejor forma de enfrentar a la extrema derecha es con comunidad, con valentía y con creatividad.”

El iceberg
“Sería importante que pensáramos la extrema derecha con una imagen, una metáfora que me gustaría compartir que es la metáfora de un iceberg. Todos sabemos que el iceberg tiene esa parte visible y otra parte invisible que está por debajo del mar. El iceberg visible de la extrema derecha es Milei, fue Bolsonaro, es Bukele. Son las dinámicas públicas que vemos en las calles. Son las consecuencias más visibles de todo este proceso. Pero hay una parte invisible del iceberg que tiene que ver con las subjetividades que tiene que ver con la reconfiguración de las sociedades, de los territorios y no podemos pensar una sin la otra.
Sólo vamos a derrotar y afrontar bien a las extremas derechas si las abordamos desde este iceberg completo, la parte visible, la parte invisible y las articulaciones que hay entre ambas.”
La normalización: ¿extrema derecha o estado de las cosas?
“Dicho esto, hay dos cosas fundamentales que me gustaría compartir. La primera tiene que ver con un momento bastante crítico que estamos viviendo que ya no es el momento del auge o del ascenso de la extrema derecha. Eso hace 5 o 10 años valía como reflexión, hablar sobre la emergencia, el auge, el ascenso. Me parece que estamos viviendo ahora un momento mucho más crítico y por eso mucho más peligroso, que es el momento de la normalización de las extremas derechas. El momento de la naturalización. Y eso es mucho más complicado porque lo que quiere decir es que ya se han instalado, ya están aquí. No es que estén en auge, ya estamos en ese momento.
¿Y qué significa eso? Significa que las extremas derechas han llegado para quedarse, han logrado instalar sus ideas como parte del sentido común y esto tiene consecuencias. Cuando la extrema derecha logra que dejemos de escandalizarnos, que dejemos de indignarnos por cosas que hace 5 o 10 años no nos quedábamos callados, pues están ganando. Cuando la extrema derecha empieza a plantear las discusiones públicas y políticas en sus propios términos, con sus agendas, con su lógica, con sus marcos y prioridades también están ganando.
Eso es lo que llamo normalización, una internalización de esas ideas, de esos marcos políticos que la extrema derecha está instalando en nuestras sociedades y que parte importante de la sociedad va incorporando, va aceptando. Los medios de comunicación van reproduciendo eso ya no como algo excepcional, algo que debería evitarse, como la posibilidad de crear diferentes líneas rojas o cordones sanitarios para este debate.
Entonces van instalando discusiones en sus propios términos, se empieza a discutir el adoctrinamiento, la meritocracia, la idea de inseguridad, de los migrantes, en vez de que discutamos las desigualdades, las injusticias, el clasismo, la concentración de riqueza, los temas que realmente importan. Estamos viviendo en esta normalización de las extremas derechas un desplazamiento del umbral de lo tolerable y lo estamos naturalizando. Estamos viendo una erosión de la democracia desde adentro y esto es algo muy grave”.
¿Qué hacer?
“Lo último que quiero compartir tiene que ver con el qué hacer. ¿Cómo podemos afrontar todo esto? No hay recetas, pero sí hay algunos aprendizajes de la experiencia brasileña que quisiera compartir. Voy a simplemente lanzar algunas ideas para seguir la discusión. La primera tiene que ver con volver a politizar lo que la derecha quiere despolitizar.
Volver a politizar el trabajo, los cuerpos, la identidad, el territorio, la vida. Eso es central. Hay un proceso en marcha, deliberado, de despolitización o de repolitización autoritaria o conservadora de buena parte de estas cosas.
El segundo aprendizaje importante tiene que ver con la centralidad de romper las dicotomías políticas. Estas dicotomías nos aparecen como, por ejemplo, ¿qué hacer, apostar por el Estado o trabajar con la sociedad? ¿ganar las elecciones, disputar las elecciones o trabajar con el territorio? Estas dicotomías nos llevan a la parálisis y a enfrentamientos internos. No podemos caer en eso. Lo que tenemos que hacer es todo, son las dos cosas, tratar de buscar convergencias máximas, articulaciones, con la claridad de que eso no se va a acabar cuando Milei se vaya, pero es importante derrotar a Milei.
En este sentido hay otra dicotomía, otra dualidad muy presente en los debates que es la dualidad o la dicotomía entre democracia y autoritarismo. Y creo que está nublando un poco nuestros marcos de acción. ¿Por qué?
Porque hoy día esta disyuntiva entre democracia y autoritarismo es muy diferente a momentos históricos previos. Y hace que la creación de frentes amplios que supuestamente defienden la democracia contra el autoritarismo no sean suficientes para nuestras luchas contra la extrema derecha.
Antes, en nuestros periodos de las dictaduras en América Latina, cuando hablábamos de autoritarismo estábamos pensando en momentos de suspensión de la democracia. Se suspendían temporalmente los derechos, se suspendía temporalmente las libertades, la democracia formal estaba fuera. Hoy lo que tenemos es algo bastante distinto porque lo que estamos viviendo es un proceso en el que las extremas derechas fortalecen el autoritarismo disputando la democracia formal. Matan la democracia democráticamente, al menos en un sentido de disputa de las reglas, de la formalidad, etcétera. A eso me refería que erosionan desde dentro la democracia.
Y eso complica mucho la cosa, porque crear un frente democrático ¿qué significa? ¿Cuáles son estos sentidos?
Otra cuestión que emerge como central es que necesitamos combinar diferentes ejes y estrategias de lucha. A veces, la dicotomía entre la resistencia o las alternativas, es también una dicotomía de alguna manera estéril.
Lo que me parece un aprendizaje político importante de estos últimos años en países en los que ya vivimos estos procesos, es combinar la política de la resistencia con la política de la supervivencia, la supervivencia y las alternativas. La política de las resistencias que defienda desde los territorios, desde las organizaciones, desde las comunidades, los derechos que están siendo de alguna manera mutilados, que defienda este ataque al Estado, la democracia, que defienda la vida. Que resista, pero que también se conecte a una política de la supervivencia, que esa es clave hoy también para conectarnos con los cambios de la sociedad, con las inquietudes de la gente que no llega… antes decíamos que no llegaba al fin del mes, hoy no llega, no llegamos al final del día, de la semana. Y eso es central para que pensemos los proyectos alternativos.
Me parece que esta es la única manera en la que podamos reconstruir un proyecto de sociedad y un proyecto político emancipatorio en el cual la reconstrucción no significa simplemente restituir, volver hacia atrás, sino una reconstrucción que significa volver a construir y avanzar en otras direcciones”.

