“El sueño de los dueños es atacar sin desencadenar”

El investigador Matías Feito plantea en su libro “Zona desencadenante” que el disparador de las luchas es “una zona donde se rompe la obediencia y puede formarse otra fuerza social”. Charla sobre plasticidad, fetichismo del poder y organización popular.
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Ilustración: Marcelo Spotti
Ilustración: Marcelo Spotti

Publicada el 22 de septiembre de 2026

Redacción Canal Abierto | En el marco de los sesenta años del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO), en coedición con mónadanomada, publicó Zona desencadenante, de Matías Feito, escritor e investigador del área de estudios sobre “Conflictos sociales en Argentina”. El libro explora la noción de “desencadenante” en diálogo con los estudios de la generación anterior de investigadores de CICSO —entre ellos Beba Balvé, Beatriz Balvé y Juan Carlos Marín— y con propuestas de la filosofía contemporánea, como la plasticidad de Catherine Malabou.

El punto de partida es una experiencia conocida para quien haya participado de luchas sociales: un hecho —el asesinato de un estudiante a manos de la policía, un plan de lucha con cortes de ruta y huelga general, etc.— que hace resonancia en el colectivo y abre caminos.

Feito sostiene que la noción quedó devaluada en cierta literatura teórico-política y propone leerla como una zona: el lugar donde se rompe, incluso en nosotros mismos, la relación con la dominación, y donde puede empezar a formarse otra fuerza.

¿Cómo se producen rupturas en la reproducción de relaciones de poder? ¿Por qué ciertos hechos se convierten en desencadenantes de luchas sociales y políticas mientras otros, semejantes, no producen los mismos efectos? Son algunas de las preguntas que atraviesan el libro. Canal Abierto conversó con el autor sobre sus propuestas conceptuales y sus implicancias para pensar hoy la organización popular.

De origen a mediación: desplazar el desencadenante

El libro reúne notas de trabajo que dialogan con la primera generación de CICSO, en particular con la orientación de los trabajos de Beba Balvé y Juan Carlos Marín, que nos instalan en los procesos de enfrentamientos sociales donde lo desencadenado era algo ya hecho, ya sucedido, en una acumulación de larga artesanía histórica. El lugar de los desencadenantes en los análisis estaba íntimamente relacionado con esa preocupación política por las fuerzas sociales en pugna que continuamos pensando.

Mi propuesta es desplazar el desencadenante de origen a mediación: de un antes estático, a la hora de pensar los hechos sociales, a una mediación en los procesos políticos y sociales. Es alterar un concepto, llevándolo de una visión preformista a los vínculos cotidianos, donde deja al descubierto infraestructuras del poder.

El pasaje a mediación del desencadenante es no suponer aquel momento donde una gota o chispa sucede como algo dado; también puede ser construida en el ejercicio de poder de nuestras prácticas militantes. ¿Qué formas de acción desencadenamos en otros? ¿Qué desencadena en cada uno la acción de otro? ¿Qué “nosotros” desencadenamos ante ciertas formas de acción en lo social?

Hay desencadenantes producto de ruptura y construcción de relaciones desde abajo; hay desencadenantes producto del reordenamiento de la clase capitalista que afectan al conjunto de la sociedad.

Ni mecanicismo ni voluntarismo. Algo de estas cuestiones me trajo a publicar el conjunto de notas, completamente incompletas, pero de nada servían guardadas en cajas, para continuar avanzando en la problematización y en el diálogo con nuestro presente-futuro.

-En esa lectura está graficada la zona desencadenante como producto y formadora de crisis al proceso de realización de poder, tras la quita de un aguijón del orden, que nos abre a la recomposición, recuperación, regeneración de relaciones sociales.

Entre la crisis de realización como desatadura y la forma de correspondencia que construyen entre sí los cuerpos expropiados. Entre criticas verticales y crisis horizontales, hay una plasticidad política por redescubrir.

Hago hincapié en que redescubrir una experiencia, como en esa interpretación, es un hecho de violencia al orden de las cosas que nos imponen. Toda quita del aguijón hace a un modo de lectura desencadenante.

Plasticidad de los desencadenantes

La plasticidad como esquema motor, que nos plantea Catherine Malabou, puede ayudarnos mutuamente en los procesos de formación y dar una respuesta positiva, una salida cuando no hay salida. La autora plantea tres implicaciones de la plasticidad: 1) “capacidad de recibir forma”, 2) “capacidad de dar forma” y 3) “el poder de aniquilar la forma”. En este sentido, no somos flexibles ni elásticos: en el material plástico lo formado no vuelve a cero, lo modificado no regresa a su forma original.

Ahí donde la noción de correlación de fuerzas nos mantiene en una medición pasiva. Ahí donde las teorizaciones al margen de las confrontaciones nos dejan desarmados intelectualmente. Es cuando una plasticidad nos plantea futuro asumiendo fragmento y contracción. La vida está en otro lado. Una dentro de otra, lo nuevo que nace no es mágico: antes hay que gestarlo y recomenzar una vez más y otra vez.

La plasticidad de dar y recibir forma en las confrontaciones, pero también la promesa de su explosión. Lo que propongo en el libro es pensar ese umbral tras la quita del aguijón, fundamento, punto de apoyo o soporte impensado a operadores de dominación y dirección.

Del fetichismo del capital a la dimensión del poder

No estoy seguro de responder con precisión. Lo que trabajamos sobre la lógica de los equivalentes generales del valor/poder (son procesos diferentes) puede darnos algunas pistas, y también la dimensión espacial de zona, para intentar abordar el momento de ruptura en dominación y dirección que recorremos o mapeamos en los procesos de enfrentamiento social.

Al contornear una zona donde se produce la ruptura íntima de la relación de dominación, vemos que puede tener diversos alcances: desde conmocionar un espacio acotado hasta expandirse en territorialidades en formación (que descompone o recompone), según logre objetivar la eliminación de condiciones de sufrimiento e injusticia a un resto desarmado. Las imágenes con las que nos aproximamos para medir esos alcances son las de un juego de naipes o de fichas de dominó.

Con los alcances estamos haciendo observables también las mediaciones estables, estabilizadoras, del campo del régimen, que confrontarán para recuperar iniciativa. Claro, estamos sin garantía de final feliz: puede que se osifiquen en nuevas opresiones o en proyectos políticos que acaban en frustraciones al no resolver la raíz de las injusticias y los sufrimientos.

Incluso la noción de Elías Canetti sobre el aguijón en quien ejecuta la orden, que aplicamos a quien ejecuta un orden en el que estamos implicados, nos permite estar alertas a los efectos de reproducir un poder-sobre o un poder-para. De allí esta tríada división-cooperación-reemplazo, para comprender en constelación las relaciones sociales que construimos-destruimos.

El alcance de los desencadenantes puede conducir a un cambio en la diferencia hegemónica entre dominio y dirección, que eterniza su mecanismo de intercambiabilidad bajo los límites de una barra que corta como fracción a dominados y dirigidos, o bien a una transformación social del orden de los cuerpos y las cosas. Conviene no confundirse de barrio en la caracterización.

¿Adónde nos llevan los desencadenantes?

El sueño de los dueños es atacar sin desencadenar: poder dominar y dirigir sin desencadenar. De esa percepción podríamos buscar escenas en la literatura y el arte, pero lo dejamos para otra conversación y vamos a nuestro tema-problema.

Cada príncipe/principio guarda fundamentos que nos dominan y dirigen; tras quitarlos, vamos avanzando en analizar relaciones de fuerza y relaciones de debilidad que hacen a las construcciones inciertas de las luchas políticas y sociales.

Nuestros umbrales son los desencadenantes como formadores de fuerzas sociales y nos remiten a cómo nos transforman las confrontaciones. En esta topología de construcción-destrucción de relaciones sociales: ¿qué hace soportable lo insoportable de las condiciones existentes? El reordenamiento que plantea la burguesía comandado por la aristocracia financiera nos da información de que la zona desencadenante de coyunturas y formas de acción busca estar controlada en su propio campo para establecer un momento contrarrevolucionario más duradero.

¿Hoy están las conducciones disponibles para un proceso de formación de fuerza? Sí y no. El libro propone leer la crisis de realización en el régimen de dominio como recuperación de energía social para otro proceso de formación de fuerza.

Aquí tenemos una sutileza que hace a la comprensión de las temporalidades. No un tiempo lineal de formación a realización sino un tiempo oportuno de crisis de realización a formación de fuerza en que la correspondencia entre infinitos fragmentos de organizaciones del campo del pueblo preparen transformaciones. Un proceso de crisis en que cada uno de nosotros es el eslabón más débil.

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Matías Feito es escritor e investigador de CICSO (Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales) donde trabaja la temática de los enfrentamientos sociales en Argentina. Actualmente desarrolla el proyecto de investigación “Epistemología de la lucha de clases (elementos para su reconstrucción)”.

Ilustración: Marcelo Spotti