Zivals resiste a la expropiación: “Si esto fuera un negocio, ya lo habríamos negociado”

La histórica disquería y librería porteña publicó una carta rechazando la embestida del gobierno de Jorge Macri, que pretende demoler el local para hacer una salida de subte. Denuncian que hay “alternativas más económicas, más funcionales y sin costos culturales”.
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Publicado 5/10/2026

Redacción Canal Abierto | La tradicional librería y disquería Zivals, ubicada desde 1971 en la icónica esquina de Corrientes y Callao, lanzó en las últimas horas una carta rechazando el avance y las explicaciones del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que pretende expropiar el local para hacer una estación del nuevo subte Línea F, que se inauguraría en 2031 luego de tres años de construcción.

El texto cuestiona el proyecto oficial y desmiente las alternativas que propuso el Ministerio de Movilidad e Infraestructura, que ofreció trasladar la librería a otro local o reubicarlo en la misma esquina pero en un lugar más chico y en un segundo piso, tras permanecer cerrado el tiempo que duren las obras. “El hábito de la esquina, en tres años, deja de ser hábito”, advierten.

“La ‘salida de convivencia’ que el Ministerio comunica no es una propuesta que estemos analizando. No hay convivencia posible entre construir una estación de subte en este predio y preservar lo que este lugar es”, dice el comunicado.

Este año, Zivals fue declarado Sitio Destacado de la Cultura de CABA por la legislatura porteña.

El dato más potente de la nota, tal vez surge de la confirmación de que la administración de Jorge Macri puede avanzar con la traza de la nueva via subterránea y sus paradas sin destruir nada:“La Ciudad tiene en su propio archivo un proyecto anterior — la Estación Tucumán 2×1 — que resuelve el trasbordo entre las Líneas B y D en una única estación, con accesos en dominio público, sin expropiar ningún inmueble. Además, en el propio Pasaje Discépolo — a metros de acá, también de dominio público — se pueden emplazar los accesos a la Estación Corrientes sin demoler nada”.

“Estamos frente a una obra pública que eligió hacerse sobre Zivals, teniendo alternativas más económicas, más funcionales y sin costos culturales”, sintetizan.

“Lo que estamos defendiendo es otra cosa, y no es fácil de nombrar. Durante 55 años elegimos hacer una sola cosa: vender discos y libros. Nunca abrimos un café. Nunca diversificamos para asegurar más caja. Nunca apostamos a otro rubro que amortiguara el riesgo. Esa pureza es, también, nuestra identidad. Lo que Zivals es, es tanto lo que hacemos como lo que decidimos nunca ser. Y tal vez por eso las autoridades no lo contemplan”

La carta completa

En estos días, la ciudad respondió como pocas veces la vimos responder. Miles de personas se hicieron eco de lo que está en juego en Callao y Corrientes, y una parte importante de la prensa lo tomó y lo puso en discusión. Gracias. La conversación pública que se abrió es exactamente la que este proyecto necesitaba y que hasta ahora no había tenido.

En medio de esa repercusión, el Ministerio de Movilidad e Infraestructura salió a decir que está en conversaciones con Zivals para buscar una “salida de convivencia” — un eufemismo que sugiere que se puede construir la estación y, al mismo tiempo, mantener el local. Queremos ser claros con ustedes, y con la ciudad, sobre por qué eso no es una salida. No lo es, y no puede serlo.

No estamos defendiendo un negocio. Si esto fuera un negocio, ya lo habríamos negociado. Un negocio se mide en metros cuadrados, en indemnización, en cash flow proyectado. Un negocio se relocaliza. Zivals no. Lo que estamos defendiendo es otra cosa, y no es fácil de nombrar. Durante 55 años elegimos hacer una sola cosa: vender discos y libros. Nunca abrimos un café. Nunca diversificamos para asegurar más caja. Nunca apostamos a otro rubro que amortiguara el riesgo. Esa pureza es, también, nuestra identidad. Lo que Zivals es, es tanto lo que hacemos como lo que decidimos nunca ser. Y tal vez por eso las autoridades no lo contemplan.

En una entrevista, le preguntaron a Salvador Dalí: si el Museo del Prado se incendiara y usted pudiera rescatar una sola obra, ¿cuál rescataría? Dalí contestó: “No rescataría ninguna en particular. Solo rescataría el aire de Las Menina”. Nosotros estamos tratando de rescatar el aire de Zivals.

El aire de Zivals no está en sus metros cuadrados. Está en 55 años de continuidad ininterrumpida en la misma esquina. Está en el padre que trajo a su hijo. En ese hijo, hoy, trayendo al suyo. Está en tres generaciones de porteños que aprendieron a escuchar acá. Está en los encuentros en la esquina. En el “nos vemos en Zivals”. En la cita que empezó con un disco en la mano. Está en el sábado a la tarde de todos los sábados. En el que entra a buscar algo que no sabía que buscaba. En el que salió con un libro y con otro que le recomendaron sin pedirlo.

Está en los músicos que grabaron ahí. En los que presentaron un disco ahí. En los que todavía no lo hicieron, y saben que ese lugar existe y los espera. Está en el mural de Charly. Está en la declaratoria de Sitio Destacado de la Cultura. Está, sobre todo, en la comunidad que este lugar produjo, y sigue produciendo día a día — clientes, empleados, autores, artistas, público — que existe porque Zivals ocupa exactamente ese punto de la ciudad desde 1971.

Un local nuevo, más chico, “convivido” con una estación, o vestido con los mismos carteles en otra dirección, no es Zivals. Es otra cosa con el mismo nombre. Y lo intangible — lo que Dalí llamaría el aire — se pierde de manera irreversible en el momento en que se corta la continuidad del lugar.

Y hay además un dato de la vida comercial de esta ciudad que no se puede ignorar: todos sabemos que un comercio en primer o segundo piso — que es lo que se ofrece como convivencia — cierra a los pocos meses de abrir. La planta baja, la vereda, la vidriera a la calle, son las que sostienen la viabilidad de un negocio como el nuestro. La “convivencia” que se propone no es un salvavidas: es una condena diferida.

Hay algo más, que la fórmula de convivencia no dice: el tiempo. Cualquier esquema de cierre y reapertura implica una interrupción de al menos tres años de obra. Tres años sin Zivals. Y una comunidad de 55 años no espera tres años suspendida en el aire — se disgrega, migra, se acostumbra a otra cosa. El hábito de la esquina, en tres años, deja de ser hábito. La continuidad rota no vuelve.

Un local que reabre tres años después — si logra reabrir — con el mismo nombre ocupando una parte de ese mismo lugar, no es Zivals: es otra cosa. Y eso también hay que decirlo, porque no aparece en la comunicación oficial: la “convivencia” que se ofrece incluye un plazo de al menos tres años sin Zivals, tramo en el que — silenciosamente — Zivals desaparece.

Por eso la “salida de convivencia” que el Ministerio comunica no es una propuesta que estemos analizando. No hay convivencia posible entre construir una estación de subte en este predio y preservar lo que este lugar es. Cualquier fórmula que se plantee sobre esa premisa, más allá de las mejores intenciones, opera sobre un supuesto equivocado: el supuesto de que lo que se defiende es un local. No lo es. Y hay algo más importante todavía: no hace falta.

Existen alternativas técnicamente superiores y económicamente mejores. La Ciudad tiene en su propio archivo un proyecto anterior — la Estación Tucumán 2×1 — que resuelve el trasbordo entre las Líneas B y D en una única estación, con accesos en dominio público, sin expropiar ningún inmueble. Además, en el propio Pasaje Discépolo — a metros de acá, también de dominio público — se pueden emplazar los accesos a la Estación Corrientes sin demoler nada. Ambas alternativas fueron formalmente presentadas al Ministerio. Ninguna de las dos fue respondida en términos técnicos.

Ese es el fondo real de la cuestión: no estamos frente a una obra pública que necesita a Zivals para poder hacerse. Estamos frente a una obra pública que eligió hacerse sobre Zivals, teniendo alternativas más económicas, más funcionales y sin costos culturales. Y la conversación honesta con la ciudad — que hoy la ciudad ganó el derecho a exigir — no es sobre cómo “convivir” con esa elección, sino sobre por qué se hizo.

A la ciudad, gracias. Seguimos.