Redacción Canal Abierto | El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) mantuvo ayer una reunión extraordinaria para tratar la situación de Venezuela. La semana pasada, 18 naciones pidieron esta sesión especial sin el consentimiento del gobierno venezolano, lo que significó las quejas de éste, alegando que viola las normativas del organismo internacional.

La canciller bolivariana, Delcy Rodríguez, participó de este encuentro en Washington para “aclarar y denunciar las graves acciones injerencistas” hacia Venezuela por parte de la OEA. Acciones que encontraron una voz en su secretario general, Luis Almagro, quien -en recientes declaraciones- llamó al gobierno de Nicolás Maduro “un régimen autoritario, ineficiente y corrupto”, y lo conminó a celebrar “elecciones presidenciales transparentes y equitativas con el fin de evitar la suspensión de Venezuela de la OEA”.

En su discurso, Rodríguez afirmó que la actuación de Almagro en relación a Venezuela es “ilícita, unilateral, arbitraria, desviada y parcializada”, y lo acusó de estar “al servicio del país más poderoso de esta organización” y actuar “como su agente burocrático, su operador propagandístico, su asistente político y su extorsionador local”, en referencia a los Estados Unidos. Luego pidió su renuncia y llamó a la OEA “una organización a la deriva y sin brújula institucional”.

Según la canciller, esta intervención del organismo internacional en los asuntos venezolanos no solo pretende “implantar otro gobierno para satisfacer las aspiraciones de los sectores opositores” sino imponer una agenda intervencionista “a largo plazo”, para cambiar “el modelo exitoso de derechos humanos de Venezuela” por otro “acorde con la estrategia y arremetida neoliberal que hoy prima en la región y que pretende devolver a la pobreza a millones de ciudadanos a favor del beneficio de las exclusivas oligarquías”. Luego recordó que hoy Venezuela es, junto a Uruguay, uno de los países menos desiguales de América Latina.

Rodríguez también destinó unas palabras al comunicado firmado por el gobierno argentino junto con sus pares de Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos de América, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, al que llamó “ignominioso y altamente injerencista”. En él afirman estar “profundamente preocupados por la situación por la que atraviesa la hermana República Bolivariana de Venezuela” y manifiestan la urgencia de que “se atienda de manera prioritaria la liberación de presos políticos, se reconozca la legitimidad de las decisiones de la Asamblea Nacional, según la Constitución, y que se establezca un calendario electoral, que incluya las elecciones pospuestas”.

 

En las calles

Mientras tanto, en Caracas, los venezolanos marcharon desde la Plaza Morelos para rechazar las acciones intervencionistas de las OEA, y Maduro convocó al pueblo a un gran debate nacional para discutir si es pertinente que su país continúe como miembro del organismo internacional.

En Buenos Aires, una delegación entregó en el mediodía de ayer una copia de la carta de los movimientos venezolanos a la OEA en la oficina que tiene el organismo en la ciudad, con la adhesión de Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, la escritora Stella Calloni, y más de 30 organizaciones políticas y sociales.

Manuel Bertoldi, miembro de la Secretaría de Articulación Continental de los Movimientos Sociales hacia el ALBA y parte de la delegación que entregó el petitorio, contó a Canal Abierto que con el documento acompañan la postura de señalar a Almagro como miembro de una “campaña de difamación a partir de los intereses de Estados Unidos para controlar recursos estratégicos como el petróleo”, y el pedido de no intervención sobre las determinaciones soberanas de los pueblos.  “Frente a eso, en Argentina y también en otros países del continente se están llevando adelante iniciativas que repudian abiertamente el accionar de la OEA y de Luis Almagro”, agregó.  Y afirmó que, de seguir en esta tesitura, la “OEA va a seguir desligitimándose como instancia de integración de los Estados americanos”.

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