Por Carlos Fanjul | José Muñoz, el Tuerto, fue un personaje nefasto. Lo fue primero para la vida del sindicato ATE (Asociación Trabajadores del Estado) y, más tarde, ya con gran popularidad, para Gimnasia y Esgrima La Plata.

El estaba convencido de que todos los demás eran ‘unos boludos’ y apoyaba esa creencia en cada relato que lo llevaba de haber sido un modesto vendedor callejero de verduras a un ‘exitoso empresario platense’, como le gustaba autocalificarse.

Lo conocí cuando, con un grupo de jóvenes militante de ATE, intentábamos replicar en la ciudad de La Plata la victoria verde que a nivel nacional había conseguido Víctor De Gennaro, unos años antes. El tipo aparecía como un ‘pecheto’ de segundo orden dentro de la lista que resistía, desde la dictadura, la oleada que iba a terminar triunfando en todo el país dentro del gremio.

Era un personaje oscuro, ruidoso, que en ese momento buscaba causar temor desde su tamaño.

Pero era simpático, reo, con olor a calle.

Lo reencontré ya periodista deportivo y él presidente del Lobo. Se instaló hasta el final una relación tensa, pero graciosa, con chicanas que iban y venían desde aquellos viejos recuerdos, pero que siempre terminaban en su permanente búsqueda de opulencia, cuando se encargaba de mostrar un tamaño superior, pero ya ahora con base a la enorme acumulación de guita que había hecho.

Muchos pensábamos que ese cambio en su nivel de bolsillo había partido precisamente desde aquellas oscuridades en sus tiempos gremiales. Pero ese es tema para otra ocasión.

Lo cierto es que esa autotitulada condición de exitoso, en ese momento no le sirvió y no impidió que a Gimnasia lo llevara al desastre.

Dicen algunas lenguas de la AFA que, en su primera aparición en las reuniones del Comité Ejecutivo que presidía Julio Grondona, recibió un cachetazo que lo retrotrajo a sus anteriores tiempos de guardaespaldas.

Relatan que Don Julio, con todo el protocolo encima, fue el encargado de darle la bienvenida al cuerpo mayor de la pelota, por su nueva condición de presidente de un club miembro. Cuentan que, de inmediato, el Tuerto sacó a relucir todo su hablar ruidoso, su opulencia, y pasó a contar sus variados éxitos materiales. Tengo esto, tengo aquello, financieras, hoteles, poder, lujos, propiedades… Hasta que el propio Don Julio lo paró en seco, y con más calle aún que el interlocutor, le clavó un: “Tranquilo José, que todos los que estamos aquí tenemos el doble que vos”.

 

La fama es puro cuento

La reciente noticia de que Marcelo Tinelli había resuelto pegar un volantazo en su vida, aún no ha terminado de ser digerida por los habitantes de la AFA. Ni tampoco demasiado bien clarificada.

Las horas del zar de la televisión han terminado por ahora en el mundo del fútbol, y pocos son los que creen, por completo al menos, en el argumento del estrés y las recomendaciones médicas, que el propio conductor se encargó de difundir.

Sí se sabe que algunas situaciones, como el tener que ser parte del despido de Edgardo Bauza o algunas diferencias surgidas hace un tiempo con el propio presidente de su club, Matías Lamens, le provocaron algún pico de presión y nerviosismo.

Sin embargo, lo que un buen informante de los pasillos de la AFA sospecha, tiene más que ver con una pétrea globalidad de poder que le hacían sentir por encima de su cabeza a cada paso que daba en la sede de la calle Viamonte.

“Esto es así flaco: a Tinelli lo apabulló el darse cuenta de que la manija completa aquí adentro la tiene el que manda en la Rosada, y nada de lo que fuera a hacer iba a pasar sin la bendición del Nº 1”, asegura sin vueltas ese amigo.

Muchos pudieron pensar con la irrupción de Tinelli en el fútbol, que un buen socio para su proyección podía llegar a ser precisamente Mauricio Macri que, en aquel momento, buscaba llegar a la presidencia de la República.

Son dos tipos que llegan al fútbol desde una fama previa, conseguida en el rubro de los negocios, y que ven a la cuestión como un enorme ámbito de posibilidades empresariales, razonaron no sin algún fundamento. Los dos invirtieron su prestigio comercial en el mundo de la pelotita, los dos mostraron ideas renovadoras y los dos metieron su dinero en la compra y venta de jugadores de fútbol. Más allá de que uno lo hiciera para “ayudar a su San Lorenzo querido” y el otro lo hiciera mediante la condición de sustito eterno en ‘temas delicados’ de su incondicional amigo, Gustavo Arribas, antes cara visible del negocio futbolero y hoy capo de los espías que espían para Balcarce 50.

Algunos aseguran hoy que, en cambio, Macri decidió de entrada que le iba a poner techos a la ambición del dueño del Bailando, para que, como él, éste no usara al fútbol como trampolín para la política.

Pero quienes bien conocen al líder de la onda amarilla, saben que el razonamiento fue destinado en otra dirección.

Algo así como ‘el fútbol es un negocio, pero no para que lo haga otro’.

 

Bailarinas

Volviendo a los rincones de la AFA, se cuenta que desde la primera aparición de Tinelli en esas ‘callecitas de Buenos Aires que tienen ese qué se yo, viste’, su presencia generó sensaciones encontradas.

Hace un par de noches, Ernesto Cherquis Bialo, antes inigualable analista de boxeo y, más tarde, vocero confuso de esas ‘callecitas’ grondonistas, lo sintetizó de esta manera: “Cada dirigente que se cruzaba con Marcelo, veía en él a quien podía hacer realidad su sueño de acceder al mundo de bailarinas preciosas, pero también al tipo que lo iba a dejar solo si en alguna crisis dirigencial el negocio fuera para el otro lado”.

Lo cierto es que se le acercaron fácilmente al imán que de él emana, pero se encargaron al mismo tiempo de hacerle sentir que allí adentro el poder es más escurridizo que algunas de esas bailarinas. Dicen que Marcelo lo sintió de entrada, pero que, igualmente, pensó que su propio peso llevaría las cosas hacia sus intereses.

Y que allí apareció una y otra vez el dueño de la Rosada.

Primero para empantanar tanto la cosa que nunca se supo bien cómo y por qué era eso de que la FIFA y la Conmebol tuvieran derechos como para designar interventores adentro de una AFA en bancarrota, luego para desactivar de un plumazo un negocio sólo para los clubes grandes, que él había activado antes, y que ahora volvió a activar, que se denomina con ese jeroglífico de la Superliga, más adelante para impulsar al propio Tinelli como su seguro presidente, y luego para bajarlo de un hondazo. O para ser el factótum de la lista para la AFA, que al final se quedó con todo, integrada por su nuevo socio, Hugo Moyano, y su empleado todo-servicio, Daniel Angelici, y para hasta permitirle el premio consuelo que era ser el dirigente que intermedie con los jugadores de la selección.

Según reconoció horas atrás el diario La Nación, “Tinelli se dio cuenta que estaba solo. El martes último hubo una importante reunión de una mesa chica en la AFA. Allí, el conductor quería que el CEO de la Superliga fuera Mariano Elizondo, hombre del Grupo Indalo y de Cristóbal López, pero le sugirieron contratar a una consultora para llevar adelante esa tarea. Pero hubo algo más: Tinelli pretendía que la mesa directiva de la Superliga estuviera conformada por siete clubes, mientras que el tándem Hugo Moyano-Angelici sugirió que fueran cinco equipos, los grandes. Tinelli sabe que Boca (Angelici), Independiente (Moyano) y Racing (Víctor Blanco) están alineados. Él con San Lorenzo quedaría solo con River (D’Onofrio) a la hora de la toma de decisiones”.

Abrumado, sin barajas ganadoras que lo reposicionaran y rodeado por un ejército de obedientes al poder, que le hicieron notar paso a paso que esa voz de mando nunca iba a ser la suya, el tipo decidió lanzar una vez más su marca registrada “chau… chau… chau…”.

Si ya fuera hora de hacer una síntesis, y sabiendo que en el mundo mafioso del fútbol argentino ni nada es del todo real, ni nada es para siempre, al Cabezón le hicieron entender de a poco que el verdadero poder estaba en el bolsillo de otro.

Y que, como Grondona le dijo una vez al Tuerto, “todos los que estamos aquí tenemos el doble que vos”.

 

Nuestros temas