Por Inés Hayes | Virna Molina es documentalista, estudió cine en la Carrera Cinematográfica de la Escuela de Cine de Avellaneda. Su primer trabajo, que cuenta la vida del cineasta desaparecido Raymundo Gleyzer, fue visto en todo el mundo.

-Virna, ¿cómo se financia el INCAA?

-Es importante aclararle a todos los ciudadanos –que muchos quizás están alejados del cine y de cómo se hace, y del instituto del cine– que te dicen, obviamente, “te sacan los impuestos” y lo primero que pensás es “ey, esa plata tendría que ir a los hospitales, a las viviendas, a la educación”.

Es importante recalcar que el Fondo de Fomento creado por la Ley de Cine en la década del ‘90 se conforma de dos grandes fuentes: una es sobre el valor de la taquilla que se divide entre el dueño de la sala y de la película. Es decir, al valor de la entrada se le quita un 10%, que se invierte en un fondo de fomento para que se produzcan nuevas películas.

La otra parte del fondo se constituye en base a un impuesto que pagan las empresas radiodifusoras: todas aquellas que utilizan el espacio de radio y televisión abierta y por cable pagan un canon que sirve para fomentar no sólo el cine sino también la música, que va al Instituto de la Música y al Instituto del Teatro. Es decir, que todo lo que es fondo para la producción cinematográfica proviene específicamente de la recaudación de la película. O sea que el perjudicado es el productor y los grandes monopolios que usan los espacios de radiodifusión, manejan el control de la señal y ganan muchísimos millones de pesos mensuales, lucrando con este espacio y le devuelven al Estado en impuesto

-Entonces, lo que está en riesgo ahora es este fondo y por lo tanto la producción de nuevas películas y documentales.

-En ninguna parte del mundo, exceptuando los Estados Unidos, el cine se financia sin apoyo del Estado. Todos los países que tienen una cinematografía visible, que hacen una cantidad de películas importante, tiene un apoyo del Estado. No cierra el círculo de la ecuación para financiarlo solamente con la recaudación de la taquilla.

En el caso de Estados Unidos sí, porque tienen grandes empresas que distribuyen en todo el mundo. Entonces como ellos son dueños de las distribuidoras y de las salas de cine, ponen las películas que ellos quieren.

Pero nuestro cine no es tomado por los exhibidores. Prefieren pasar una película de la Paramount o de la 20 Century Fox, aunque sea una película con menos espectadores. Para eso hay toda una pelea por la cuota de pantalla. Nosotros tenemos restringido el espacio de exhibición, la pelea es muy fuerte. Cuando la película está en muchas salas, a la película le va mucho mejor, recupera mucho más dinero y puede autofinanciarse mucho más fácilmente. Pero cuando no tenés esa posibilidad, porque hay un control del mercado mundial por parte de un monopolio, a partir de ahí la única forma de que exista un cine propio que tenga perspectiva de crecimiento y que a futuro pueda disputar realmente un espacio concreto del mercado de la industria del cine es a partir del apoyo del Estado.

En nuestro país se creó esta ley de cine justamente pensando en los intereses de la sociedad, en no tocar el bolsillo del ciudadano ni los puntos neurálgicos como salud, educación y vivienda.  Se creó esta ley para autofinanciarse y no tocar las otras áreas.

Si al cine nacional le sacan el fondo de fomento no existe más. Si eso ocurriera, de acá a un par de años van a quedar pocos cineastas que van a poder hacer unas pocas películas, que van a tener evidentemente coproducciones internacionales o apoyo de gente que tiene bastante capital personal para invertir en una película.

-Esa era la realidad antes de la sanción de la ley…

-Sí. Si hacemos un análisis, la reforma del ’90 sobre una ley del ’60, amplió el fondo y a partir de ahí la producción se activó. Antes de la reforma, se producían alrededor de siete películas al año. Eso es muy poco. Hoy el cine genera trabajo genuino y calificado. Se exporta al exterior, genera valor agregado. El gobierno, mientras tanto, arma una operación mediática para asociar al INCAA con la palabra corrupción. Y hablamos de operación mediática, porque esta denuncia sale un miércoles a última hora previo al jueves santo y al fin de semana más largo que tiene el año y el lunes a primera hora retira los cargos sobre el presidente del INCAA. No existía tal denuncia. Si existiera tal denuncia, ¿cómo retirás los cargos a primera hora del lunes?

-Claro, lo que pasa es que tiene que ver con toda esta ideología de que lo estatal no sirve o es ineficiente ¿no? Y que para eso hay que privatizar absolutamente todo.

-Exacto y eso es una falsedad tremenda. Porque si uno lo analiza en términos económicos, la verdad es que el cine argentino es baratísimo comparado con lo que cuesta en otras partes del mundo. Con calidad y diversidad de miradas. La riqueza de temas.

Se pueden producir grandes películas de taquilla, como El clan, de Trapero, y se pueden producir pequeños documentales que están en los mejores festivales del mundo, que hablan sobre temas que nadie se atreve a tocar, que aplican un punto de vista nuevo, que enriquece la opinión pública. Ésa es la variedad.

También tenés el cine completamente de ficción, que toma temas más pequeños, más experimentales. Hay una variedad y una riqueza audiovisual que hay que proteger. Esto se traduce en los hechos.

A partir del jueves, nos autoconvocamos en el Gaumont más de mil cineastas y desde ese momento no paramos de concentrarnos y de activar y ver cómo solucionamos. El lunes estuvimos todos en la puerta del INCAA. Fue una actividad increíble, donde teníamos desde los cineastas más prestigiosos que vienen peleando esto desde los ’90, como Puenzo, Solanas o el Chango Monti, un director de fotografía tan importante, gente muy histórica, y por otro lado Dolly Pussi, Nemesio Juárez, para hablar más de la gente de Documental que a nosotros tanto nos representa. Y por otro lado teníamos la gente más joven: los pibes de las escuelas de cine que se juntaron y que vinieron en grupo y que de alguna manera empiezan a entender la importancia de defender esta ley que a futuro va a garantizar la producción de sus películas.

Cualquier cineasta en cualquier parte del mundo sabe lo que es producir cine, lo difícil que es y que es necesario el apoyo del Estado. Desde países grandes como Francia hasta países más chiquitos como Egipto. Hablando con cineastas de Egipto, nos contaron que allí hace décadas tenía más posicionada su cinematografía en el mundo porque tenían apoyo estatal y con la asunción de un dictador le quitaron el apoyo del Estado, disolvieron el fondo de apoyo y a partir de ahí el cine se fue achicando. Hoy tienen muy poquitos cineastas que pueden hacer algunas películas con fondos propios y realmente si llegan a hacer una después ya no pueden hacer más.

Esto demuestra cómo una política del Estado hacia el cine logra que una actividad cultural no sólo sea cultura, diversidad y libertad de expresión, sino que también sea trabajo genuino y una industria incipiente que puede instalarse a nivel mundial.

-Es un reclamo que en seguida, afortunadamente, consiguió el apoyo de muchos sectores de la sociedad, sobre todo actores muy reconocidos y muy influyentes de la televisión y del cine. Me parece que eso es muy importante para poder traccionar y frenar lo que quieren hacer…

-Yo creo que eso es fundamental.

-Al cine vamos todos

– Sí, de a poco nos van quitando todo… Ni hablar de la salud y la educación. Eso ya viene en deterioro sistemático. En el ministerio de Cultura se hizo un desguace con  los puestos de trabajo.

Ahora es como que cada vez avanzan más. Eso nos empobrece como sociedad, nos va recluyendo, nos va alienando cada vez más. Vivimos en una sociedad que día a día es más violenta. Salís a la calle y hay un nivel de tensión y violencia que obviamente se debe a la crisis económica, se debe a una situación de permanente estado de alerta porque no sabés cuándo te vas a quedar sin trabajo, si llegás a fin de mes y encima te quitan la libertad de diversión a precios populares, porque el cine nacional tiene espacios como INCAA en todo el país, tiene el cine Gaumont…

-Canal INCAA TV también…

-Una variedad de ofertas para poder acceder a ver películas a un costo que no podés acceder en una sala comercial como el HOYTS o cualquier cadena importante. Me parece que no tenemos por qué ceder en esto. Más cuando el dinero viene principalmente de las películas norteamericanas, es decir, ese 10% se alimenta con los yanquis norteamericanos que explotan la taquilla y de las empresas que más recaudan en este país, que son las que utilizan el espacio de televisión y radio, los grandes monopolios.

-Que sabemos que manejan pautas millonarias…

-Tienen riquezas millonarias y no quieren pagar un impuesto mínimo para poder activar la industria audiovisual en nuestro país. Eso no beneficia en lo más mínimo a la sociedad. Si estamos en busca del trabajo genuino hay que activarlo y para eso el Estado tiene que tener una participación. En este caso, la participación que tiene es sacarle a las empresas este pequeño impuesto para que vaya a este fondo que activa. Lo mismo con las grandes empresas distribuidoras norteamericanas, que bien les gustaría no pagar ese 10% y llevarse más de los millones que se llevan en facturas, porque una película que lleva 5 millones o 2 millones de espectadores recauda millones de pesos que, si lo pasan a dólares, a ellos no les es tanto pero para este país es una fortuna y ese 10% es vital para que se siga produciendo cine argentino.

-Vos te recibiste en la Escuela de Cine de Avellaneda ¿no?

-Sí, nosotros con Ernesto Ardito (@ErnestoArdito) estudiamos en la Escuela de Cine de Avellaneda. De hecho me encontré con muchos profesores el lunes, viejos profes de la escuela de cine. Un orgullo que estuvieran ahí presentes. Muy querida la escuela.

-Recordemos que tu primer documental que hiciste con Ernesto Ardito fue Raymundo, que fue la vida del cineasta desaparecido Raymundo Gleyzer.

-Sí, con Ernesto hicimos Raymundo… Una peli que nos dio una alegría muy grande porque recorrió más de 52 festivales y ganó más de 16 premios internacionales.

-Un ejemplo de lo que puede hacer el cine nacional…

-Sí, totalmente. Fuimos la primera película argentina que participó del festival de Yamagata, un festival de documentales, de los más prestigiosos del mundo. Nunca había participado una película argentina en un lugar recóndito de Japón.

Son increíbles los vínculos que uno va generando a partir del cine, porque no es nuestra película, es la historia de Raymundo, lo que contaba el cine latinoamericano. Llegar con esa realidad y encontrarnos en Japón que habían existido en la década del ‘60 y ‘70 las mismas expresiones cinematográficas con grupos muy similares a los que era el cine de la base en los que participaba Raymundo. En Egipto pasa lo mismo, también en Palestina.

Uno va encontrando un montón de expresiones que se van uniendo y ves una realidad del mundo que resulta que no te la cuentan los medios oficiales y masivos. Te das cuenta que las subjetividades son las mismas. Por ejemplo, el genocidio que se vivió acá en la década del ’70 ocurrió en Beirut, de la misma forma. En la misma época ocurrieron episodios muy similares, con desaparecidos también.

Vas encontrando, atando cabos, vinculando historias y subjetividades. Para los países más pequeños eso tiene un valor fundamental.

Hay algo mucho más de fondo detrás de esto, no es solamente una cuestión económica. Hay una cosa más pesada que es ir cerrando el punto de vista, acallando voces y dejando solamente una mirada sobre la realidad, una única verdad y de esta manera conducirnos a todos hacia lo subjetivo que guían los grandes grupos económicos y determinados países. Por eso, es importante mantener la pluralidad, el debate, la riqueza de miradas.

Mientras más seamos los que filmamos, mientras más miradas haya, mientras más puntos de vista creo que más sana va a ser la sociedad.

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