Redacción Canal Abierto | Según un informe de Barrios de Pie, casi la mitad de los chicos de las zonas más humildes del país presenta algún tipo de malnutrición.

La muestra relevada -que arrojó un índice de malnutrición del 42%- fue de cerca de 30 mil niños, que asisten a más de 500 comedores y merenderos ubicados en el Conurbano, La Plata y Mar del Plata, en Buenos Aires; y en las provincias de Chaco, Corrientes, Misiones, Santiago del Estero, Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Neuquén, Salta y Tucumán. Y le será presentada en breve a la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley.

El concepto de malnutrición abarca tanto el déficit como el exceso. El primero está determinado por el bajo peso o por el riesgo de padecerlo; y el exceso, por sobrepeso u obesidad. “Hay preeminencia del sobrepeso y la obesidad por sobre el déficit, porque desde hace un tiempo en la Argentina ha cambiado el patrón alimenticio de la población en general, que en los sectores más humildes eso ha tenido un impacto definitivo –explica Laura Lonatti, coordinadora de Salud de Barrios de Pie-. En los sectores de mayor poder adquisitivo, vos podés encontrar sobrepeso y obesidad también, pero el tema es si optamos por ese tipo de alimentación, rica en grasas, en hidratos de carbono, comida chatarra; o estamos condicionados a comer todos los días guiso.”

El relevamiento se realizó a partir de la construcción de tres indicadores: el peso y la talla, para los lactantes en relación a la edad; y el índice de masa corporal (IMC) y de talla-edad, para los niños y adolescentes de 2 a 19 años, de acuerdo con tablas antropométricas determinadas por la Organización Mundial de la Salud que la Argentina ha homologado en 2007.

La situación no es nueva, aunque sí está en ascenso. Barrios de Pie, que realiza esta encuesta por novena vez en conjunto con el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci), explica que la malnutrición con preeminencia del sobrepeso y la obesidad se ha sostenido en todos los relevamientos nutricionales. Sin embargo, lo que se incrementó es la cantidad de población infantil relevada, que es la que concurre a los comedores. “En 2012 teníamos malnutrición también, el problema es que entonces relevábamos 4 mil niños, y hoy relevamos 15 mil. Advertimos, primero, que hay una mayor presencia en comedores y merenderos. Segundo, que hay una mayor preocupación de las familias porque muchas directamente han suspendido una de las comidas, o porque la única comida que hacen es a la noche y es una olla de guiso, al que no le ponemos un kilo de pulpa, sino que, en el mejor de los casos, tiene carne picada o alitas de pollo”, detalla Lonatti.

Por la ley de emergencia alimentaria

En conjunto con la CTEP y la Corriente Clasista y Combativa, Barrios de Pie está trabajando en una mesa de consenso para armar un proyecto de ley de emergencia alimentaria, de la misma manera en la que se construyó -y finalmente logró que se sancionase- la Ley de Emergencia Social.

La propuesta al Ministerio de Desarrollo, con quien planean una reunión ni bien el procesamiento de los datos esté terminado, es que esta cartera institucionalice y extienda el relevamiento, que fortalezca y amplíe presupuestariamente la asistencia alimentaria a los comedores y merenderos con alimentos frescos –ya que los secos que se entregan en la actualidad empeoran el cuadro de sobrepeso y obesidad-, y que arme una estructura territorial de multiplicadores de salud o tutores que acompañen y realicen un seguimiento de las familias en las que se han detectado niños con algún problema de malnutrición para trabajar y revertir el cuadro.

Sobre el tema, Lonatti puntualiza: “Estamos encendiendo una alerta, interpelando a las políticas alimentarias. Porque acá hay una responsabilidad indelegable del Estado en el acceso a la salud integral de estos niños. Porque el cuadro se revierte con una intervención integral de la sala, el ministerio y la familia. Hay un componente cultural, económico y particular en esto. Todos estos hogares relevados tienen en común que están por debajo de la línea de pobreza, pero después cada uno lo resuelve como puede. Lo que decimos es que no lo resuelva como pueda y en la soledad más absoluta, sino que se avance en el acompañamiento colectivo”.

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