Por Gladys Stagno | En medio de una conmoción popular, Venezuela se prepara para una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que redactará una nueva Constitución. La intención del gobierno de Nicolás Maduro es abrir el juego a un debate parlamentario que funcione como una salida política a la escalada de violencia que enturbia las calles y ya se cobró más de sesenta muertos en las manifestaciones que comenzaron en abril, a favor y en contra del chavismo. Sin embargo, algo ha cambiado desde entonces.

A comienzos de abril, la violencia ocurría en dos niveles más o menos conocidos en las manifestaciones opositoras en Venezuela, cuya última expresión habían sido en 2014 con un saldo de 43 muertos. Por un lado, una arquitectura de hechos violentos construida para la prensa nacional e internacional. Por el otro, una confrontación callejera con bombas molotov, piedras y enfrentamientos con la policía. Pero desde hace tres semanas comenzó lo que desde el país denuncian como “la segunda fase” de un plan desestabilizador cuyo principal objetivo son las instituciones policiales y militares, que ya han sufrido cerca de cien ataques de grupos armados con ocupación posterior.

Es una escalada mucho mayor y es lo que ha sido denunciado como un plan de insurgencia armada que responde al plan de la derecha de quebrar el orden democrático y hacer un golpe de Estado. Es la primera vez que accionan públicamente con esta magnitud en un plano nacional destinado a tumbar al gobierno”, relata Marco Teruggi, cronista y sociólogo argentino en Venezuela.


Teruggi: “Hay un sector que sigue caracterizando a una derecha que hace manifestaciones pacíficas”

Sin embargo, hacia adentro del chavismo no son pocos los sectores que miran con ojos críticos la etapa madurista de la Revolución Bolivariana, a la que le achacan un cerramiento sobre sí y un giro a la derecha. “El pueblo está sufriendo los embates de una política que para muchos de nosotros es la que hubiera querido aplicar, en buena medida, la derecha. Creemos que el gobierno de Nicolás Maduro le está haciendo un favor a la MUD (Mesa de la Unidad Democrática, coalición opositora) adelantando muchas de las políticas de ajuste. Con eso, ellos tendrían la posibilidad de encontrar el terreno allanado para presentarse como los salvadores que vienen a resolver los problemas de la población”, sostiene Gonzalo Gómez, cofundador de Aporrea.org, uno de los portales chavistas de noticias más visitados desde el exterior.

Para Gómez, la gestión Maduro es corresponsable del clima que se vive en las calles. “El gobierno tenía la posibilidad de evitar la escalada de violencia pero se ha aislado –afirma-. Hemos visto cómo el espacio para el debate, la discusión, la participación, la presentación de propuestas para intentar otras iniciativas políticas cada vez se fue cerrando más, y cualquiera que propongo algo distinto a lo que la alta dirección tiene en su agenda suele ser calificado como salta talanquera, traidor, o incluso agente de la CIA. Hay muy poca permeabilidad dentro del gobierno y del partido de gobierno para la discusión y la crítica”.


Gómez: “Quien le sirve la revolución en bandeja a la derecha es el propio gobierno de Maduro”

En este escenario, no habría oportunidad para generar una corrección del rumbo –económico y político- del gobierno desde adentro del chavismo, que retomara la senda de Chávez. Sin embargo, la pregunta que conflictúa a las alas más críticas de la izquierda venezolana y a los sectores progresistas de Latinoamércica es cómo parar la violencia y propiciar una salida del conflicto que corrija los defectos del proceso impulsado por Maduro.

Gran parte de la izquierda latinoamericana está atrapada en esa contradicción. Sigue defendiendo al gobierno de Nicolás Maduro como si fuera la continuidad del gobierno de Chávez, cuando resulta que es al revés: es el que nos está llevando junto con la oposición a escenarios de guerra civil, que pueden servir de justificación a aventuras intervencionistas -sintetiza Gómez-. Estas cosas han sucedido en otros países de América Latina, ha habido proyectos de izquierda, nacionalistas, progresistas, que han terminado siendo asimilados por el capital. Han terminado generando nuevas burguesías y excrescencias burocráticas con patrones de acumulación mafiosos que al final no llevan adelante, consecuentemente, el proyecto de cambio y de transformación inicial. La gente se rebela contra eso y lo aprovechan las derechas para terminar de destruir todo lo que pueda quedar de esas experiencias revolucionarias. Quien le sirve la revolución en bandeja de plata al imperialismo y a la derecha clásica venezolana es el propio gobierno de Nicolás Maduro”.


Teruggi: “Hay una responsabilidad política histórica de los sectores más populares”

Por su parte, Teruggi se pregunta qué se ha hecho desde el chavismo popular para construir correlación de fuerzas y disputar el partido. Las organizaciones más críticas “no han construido organización popular, no tienen arraigo en los territorios, en los sindicatos. Se han dedicado a acusar a la dirección”, detalla. En ese marco, asegura que la Constituyente que planea conformarse el 30 de julio será la posibilidad de descomprimir la tensión en las calles “porque abre las puertas a que nos metamos todos en los territorios a debatir, armar asambleas y construir un proceso constituyente real. Ahí está el mejor chavismo. Esa trama organizada que dejó Hugo Chávez hay que tejerla”.

Y finaliza: “Hay que hacer una autocrítica sincera. Si el chavismo popular, radical, democrático no disputa esta Constituyente y se queda afuera, entonces la culpa es de la burocracia, de los corruptos del chavismo, de aquellos que ven la revolución como un acuerdo con el empresariado y un Estado fuerte. Pero también hay una parte de responsabilidad política histórica de los sectores más populares.  Porque la otra es irse, ¿pero irse a dónde? Y ahí está el momento crítico, porque del otro lado tenés la derecha”.

 

Foto: Rodrigo Abd/AP

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