Por Melissa Zenobi | El colectivo está conformado por poetas, narradores, cronistas y dramaturgos. La Unión de Escritores y Escritoras plantea la situación del autor en su relación con el mercado editorial y el Estado.”Partimos de entendernos como trabajadores y trabajadoras”, explica la escritora María Inés Krimer.

– ¿Cuál es el proceso por el cual se conforma la Unión de Escritoras y Escritores?

La convocatoria fue espontánea de parte de un grupo de colegas que comenzaron un debate por Facebook, y después eso se incrementó y se consiguió un grado de participación tan interesante que los iniciadores del debate decidimos reunirnos en una casa particular para tratar de profundizarlo. Pensamos que estaban latentes una serie de temas a discutir que todavía no habían tomado un estado público relevante pero que era muy importante para nosotros en nuestra condición de laburantes.

– Acá es donde aparece este debate en torno a si los escritores y escritoras son o no trabajadores.

Claro, lo primero que surgió como necesidad fue cuestionar y debatir nuestro rol como trabajadores, la figura del escritor en tanto trabajador. Parece un poco infantil no haberlo pensado previamente, pero es increíble la persecución que tuvo y la cantidad de adherentes, y el interés de los medios en esta convocatoria.

– ¿Cuáles son las problemáticas en común que tienen los trabajadores y trabajadoras escritoras?

En principio, tenemos conflictos muy básicos como una cierta idea y batalla cultural vinculada a que éste es un trabajo que se hace por amor al arte. Ésta es una idea que sobrevuela de gratuidad respecto de nuestro trabajo.

– Como si el trabajo intelectual o creativo no fuera un trabajo que debe ser cobrado.

Tal cual. Es curioso que resulte tan obvio cuando una lo plantea, pero que esté tan difundido e incluso aceptado por los propios colegas. Además, el interlocutor que está del otro lado, es decir la patronal, es muy variada, lo cual hace que resulte medio complejo establecer patrones únicos de negociación a la hora de determinar el costo de nuestro trabajo, como es tan común en otras agremiaciones de trabajadores.

– ¿Cuáles son las tareas que realizan los escritores y escritoras y cómo adquieren su salario?

El escritor cobra un 10%, cuando lo cobra, del precio de venta del libro en calidad de derechos de autor. Pero además desarrolla un sinfín de actividades desde la docencia, talleres, traducciones, reseñas, contratapas, lecturas en público, que no tienen ningún tipo de nomenclador mínimo y necesitan ser reguladas de algún modo.

– ¿Saben cómo funciona esto en otros países?

Lo que estuvimos averiguando e investigando es que tanto en Estados Unidos como en México existen agremiaciones de escritores. El escritor tiene una información precisa y disponible en Internet sobre qué cantidad de libros vende, información fidedigna. Es muy difícil en América Latina establecer esto con precisión. En general esta información se basa en una relación de confianza del escritor con el editor, pero no en una relación que se pueda demostrar a través de los números.

– ¿Qué otros desafíos persigue esta Unión de Escritoras y Escritores?

Un tema que nos resultó muy importante es el de la negociación al momento de firmar un contrato porque en general establecen contratos bastante leoninos en relación a cesión de derechos para cine, traducciones, etcétera. En este sentido, elaboramos un instructivo, que pueden encontrar en nuestro blog, que se llama Cómo firmar un contrato y no morir en el intento, que puede ser de una ayuda interesante, en especial para los colegas que se inician en la actividad. Otro aspecto que es muy importante tiene que ver con la lucha cultural que se va a dar al pensar a los escritores como productores de un capital cultural para el país y la identidad nacional.

– El aporte de los escritores al capital cultural de una Nación…

Claro, porque además de cubrir las necesidades básicas de supervivencia, el escritor también realiza una producción cultural y un capital simbólico que se agrega y que me parece importante destacar en relación al país y cómo nos representa esa producción en el exterior. Por eso nos interesa participar en los debates de todas las políticas culturales del Estado en relación con el libro y los autores. Siempre que se ha dado este debate, los escritores quedan fuera y los que discuten son las editoriales y el Estado.

Fuente: Agencia ACTA-CTA