Redacción Canal Abierto | Mientras el Gobierno sigue a rajatabla las políticas emanadas del establishment para lograr la ansiada lluvia de inversiones extranjeras, la dirección de YPF decidió no esperarla y apostar a un plan estratégico que promete mejoras cuantitativas en la producción y reducción en los costos.

Hasta hoy, el plan consistía en un redireccionamiento de las inversiones hacia el gas no convencional –con Vaca Muerta a la cabeza-  y, de forma accesoria, hacia el petróleo no convencional, para asegurar un boom de extracción y una posible exportación.

Pero el comunicado de la petrolera con mayoría estatal dio un giro inesperado: ahora YPF apuesta a reforzar los eslabones de comercialización y distribución de combustibles, con un desembolso directo de más de 20 mil millones de dólares dirigidos a la creación de 200 nuevas bocas de expendio y una mayor exploración de hidrocarburos en cuencas convencionales que ya están en producción, en busca de recuperar niveles adicionales de crudo.

También pasará a jugar fuerte en la generación de energía eléctrica, rubro en el que YPF persigue posicionarse como tercer generador privado del país (hoy es el quinto). El objetivo, además, es mejorar la relación deuda/ebitda (beneficios brutos). En total, la inversión llegará a los 30 mil millones de dólares para 2022.

Con el mercado desregulado desde octubre –y la ratificación de la continuidad de esta política tras el espaldarazo eleccionario-, el anuncio suma porotos a la posibilidad de que YPF apueste a importar crudo, si los costos de extracción lo ameritan. Esta posibilidad es factible en el contexto actual en el que abundan los pozos maduros y la declinación ya estructural necesita de fuertes inversiones para recuperar pozos muy explotados. Habrá que ver si durante los próximos años la empresa canalizará finalmente recursos en crudo convencional, lo que fue oficializado como una de sus proyecciones.

Esta medida se da en el marco de un alto nivel de endeudamiento, heredado de anteriores gestiones tras la caída del precio del crudo en pleno auge de Vaca Muerta, y una producción de petróleo y gas argentinos en baja que promete terminar el año en niveles inferiores a los de 2016, que fueron los peores en los últimos 25 años. En el caso del petróleo, la situación de declinación es mucho más aguda, con una caída anualizada de casi el 9%, lo que configura un grave escenario de desplome.

Pese a que el gobierno de Cambiemos viene cumpliendo punto por punto con la receta escrita por los mercados mundiales -brusca reducción de subsidios a los servicios públicos, enfrentamiento directo con los sindicatos, liberación del dólar-, e impulsa otras como la flexibilización laboral, el ajuste impositivo o la reforma electoral, las inversiones externas aún brillan por su ausencia y, por lo pronto, YPF se convierte en la principal empresa inversora del país.

En este sentido, especialistas consultados por Canal Abierto dudan de si este plan estratégico busca convertir a YPF en una empresa integral de energía o en el caballo de Troya de una nueva estrategia global del Gobierno.

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