Retruco Noticias (Río Cuarto) | Forman parte del paisaje de la ciudad. Su peregrinaje por las calles del centro y la periferia pone los pelos de punta a los mandamás del CECIS.

Ofrecen fruta, verdura, bijouterie, churros, tortas fritas, pan casero, choris, donas, praliné, camisetas de fútbol, vuvuzelas, gorras, plantas, café, dulces, mermeladas, artículos de limpieza, paraguas, medias, Dvds, sahumerios, bolsas de residuos, artesanías, quesos, chacinados.

En un puesto fijo, colocando la mercadería en una mesita en las aceras de las calles más transitadas, manejando una chata desvencijada, empujando un carrito, pedaleando un triciclo, de a pie.

A como de lugar.

Son los vendedores ambulantes.

Una especie de rara avis que deambula, callejea, vocea sus ofertas con la secreta esperanza de ganarse un mango por derecha.

Son criollos de la Trapalanda, bolivianos, paraguayos, senegaleses.

Crisol de razas a la intemperie.

“El buhonero, a veces conocido como vendedor ambulante o vendedor callejero, especialmente en América, es el trabajador de la economía informal que comercia distintos bienes de consumo”, reza la definición de Wikipedia.

“Debido a su calidad de informal y su considerable expansión en distintos lugares públicos de la ciudad, la buhonería es vista por ciertos sectores de la sociedad como problemática y molesta. Sin embargo, los bajos precios y el fácil acceso a distintos productos que ofrece el buhonero hacen de él una alternativa rentable y eficiente para gran parte del mercado consumidor”. Palabra de Wikipendia.

Mientras la crisis social se agudiza, ellos, los buhoneros, vendedores callejeros, vendedores ambulantes o como se los denomine, seguirán creciendo como hongos.

Porque algo hay que hacer para enfrentar tanta malaria.

Y la calle está dura.

Realización: Verónica Franco y Daniel Ramonell
Texto: Juan Carlos Giuliani

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