Redacción Canal Abierto | El fin de semana el jefe del bloque de diputados macristas desempolvó una poco creativa propuesta de reconciliación con los represores y genocidas de la dictadura. Al sobrino del dueño de la Nueva Provincia- diario vocero del terrorismo de Estado antes, y nostalgioso del golpe ahora- casualmente se le ocurrió que “con los años 70 hay que hacer como en Sudáfrica y llamar a la reconciliación”, en una entrevista a Clarín en la que también apeló al concepto del “perdón” en varias oportunidades.

El espasmo de blanqueamiento ideológico, si bien no sorprendió a nadie, generó rechazos y repudios de un amplio abanico de sectores y dirigentes políticos y de derechos humanos, entre ellos el de los que, desoyendo el mandato familiar y torciéndole el brazo a su propia historia, decidieron despegarse de sus padres genocidas y comenzar a construir un aporte al camino de Memoria, Verdad y Justicia de nuestro país. Algo más creativo y valiente que lo del sobrino de Vicente Massot, encubridor confeso de crímenes aberrantes, acusado por delitos de lesa humanidad.

Erika Lederer es abogada, hija de Ricardo Lederer (f), médico militar de la maternidad que funcionó adentro de Campo de Mayo, uno de los centros clandestinos más grandes y siniestros de la larga noche argentina. Desde el año pasado, junto a otros y otras, decidieron agruparse para colaborar con los organismos de derechos humanos en la búsqueda de la verdad, de la justicia, de los nietos apropiados, de los restos de los desaparecidos, y en la permanente construcción de la memoria.

Sobre los dichos del hombre fuerte del oficialismo en la Cámara Baja del Congreso (y otros similares, entre los que se podría mencionar la entrevista del 2016 en la que el propio presidente Mauricio Macri aseguró que “no tengo idea y no me interesa” cuantos son los desaparecidos), Erika no duda al asegurar: “vinieron por esto, tienen mucha paciencia y esperaron 40 años agazapados y silenciosos para devolver favores”, en relación a los civiles cómplices y participes necesarios de la dictadura, y sus vinculaciones con los funcionarios y legisladores del actual gobierno. Y amplía sobre el programa económico impuesto entre 1976 y 1983 por los que dieron la orden, el impulso y el sustento para el golpe de estado: “los capitales de intereses de antes son los mismos que hoy están manejando el país. Vinieron a devolver favores uno por uno, a dejar impunes a todos los que tenían algún proceso, y hay que tener en cuenta que es la misma política económica que estamos sufriendo ahora”.

La historia de Erika comenzó a hacerse pública el año pasado, a partir de algunas publicaciones periodísticas que visibilizaron su lucha y otras similares, entre las que se destacó la de Mariana, hija del asesino Miguel Etchecolatz, dueño de la muerte en territorio bonaerense durante el genocidio, multi-condenado a prisión perpetua por crímenes contra la humanidad y beneficiado recientemente con una domiciliaria que lo llevó a pasearse por Mar del Plata. Erika lamenta que eso “genera miedo, porque tenemos a Julio López desaparecido, y cada vez se pasean más impunes”, pero hace hincapié en correrse del lugar de “víctima”, aclarando que el único objetivo del colectivo de Hijas e Hijos de Genocidas es acompañar las lucha de los organismos de derechos humanos, a los que señala como únicas víctimas de delitos de lesa humanidad y, en la medida de lo posible, aportar en las causas judiciales: “nosotros estamos al servicio de los organismos, si esta voz no sirve, si lo que hace es entorpecer o confundir, nos corremos. Estuvimos callados 40 años, entendimos que era momento de decir algo más para repudiar todo esto que está pasando y defender lo que se logró, si nuestra voz viene a confundir, nos corremos”, insiste, descartando cualquier intento de emparentar  su posición con la de otros familiares de genocidas que buscan acercarse a los organismos de derechos humanos intentando impostar una supuesta reconciliación, detrás de la cual se esconde una suerte de Teoría de los Dos Demonios versión 3.0

“En un tiempo se sabrá si pudimos sumar o no, y contribuir al proceso de Memoria, Verdad y Justicia. Creo en el hacer, nos juzgara el tiempo, mientras tanto hacemos, y espero ser consecuente”, sentencia.

Entrevista completa:

en octubre

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