Redacción Canal Abierto | Los sindicatos nucleados en la Federación Azucarera Regional (FAR-CTA) resolvieron realizar el próximo viernes 16 del corriente a un plenario ampliado bajo la consigna “Ni un despido más. Ni un trabajador menos”. En segundo término, se convocó a una caravana que partirá desde la localidad de Hipólito Yrigoyen,  asando por todos los pueblos que dependen de la actividad de los ingenios, para finalizar en la ciudad de General Güemes.

Unos 180 despidos en Tabacal; 735 en San Isidro (la empresa anunció el cierre); 30 en Ledesma y 400 de La Esperanza. Si se considera que un ingenio mediano con cierto grado de industrialización funciona con 700 empleados, se puede decir que están desmantelando las plantas de dos establecimientos enteros.

Desde las cámaras que agrupan a las patronales y las propias empresas vienen aduciendo la baja en la rentabilidad y los altos costos como excusa para la ola de despidos. Sin embargo, la realidad parece ser otra.

“En ningún caso son despidos que tengan que ver con problemas economícos de las empresas o una baja rentabilidad”, interpreta Luis Campos del Observatorio Social de la Central de Trabajadores de la Argentina Autónoma. “En el caso de Ledesma y El Tabacal es claramente una política de persecución gremial porque las primeras cesantías fueron de dirigentes sindicales, pero en general las patronales están buscando marcar la cancha con miras a las próximas paritarias”.

“Si uno se queda con la foto del último año hubo algunas variables que no fueron del todo favorables en términos económicos: en comparación con 2016, el precio internacional del azúcar bajó y el tipo de cambio se apreció, dos variables centrales para una industria que destina gran parte a la exportación”, explica en diálogo con Canal Abierto.

Sin embargo, advierte: “en este tipo de industria no se pueden sacar conclusiones con sólo mirar el desempeño de un año. Es mas, cuando mirás a largo plazo, excepto por la burbuja que vivieron los precios de todas las commodities entre 2011 y 2013, hoy la rentabilidad azucarera sigue siendo muy buena para las empresas. Y si lo comparás con los 90´, hoy el precio internacional del azúcar todavía es alto”.

Lo cierto es que en 2016 el precio del azúcar se encontraba en valores altos, mientras que la devaluación del peso favoreció las condiciones de exportación para el sector. “Por lo tanto, la situación en 2017 empeora respecto de 2016, pero si lo comparas con 215, es considerablemente mejor.  Además, hace dos años exportaban a un dólar de 9,30 pesos y ahora lo hacen con la divisa a 20 pesos. No hay ningún costo interno que haya aumentado el 100%, mucho menos el costo laboral”, relata Campos.

“El Ingenio San Isidro, por ejemplo, destina toda su producción (sobre todo azúcar orgánica y bioetanol) a la exportación. El precio del bioetanol lo fija el Ministerio de Energía y toda la producción, en este caso, la adquiere YPF. Este es un negocio muy rentable para las empresas, en parte porque requiere menor mano de obra. De hecho, en los últimos años las inversiones que llegaron a los ingenios se orientaron a la producción de biocombustibles”, asegura el integrante del Observatorio Social de la CTA Autónoma.

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