Redacción Canal Abierto | En el marco del día mundial del medioambiente, canal Abierto conversó con Pablo Piovano, autor del ensayo fotográfico “El costo humano de los agrotóxicos”.

Durante sus vacaciones en noviembre del 2014, recorrió las zonas rurales de las provincias de Entre Ríos, Chaco y Misiones para retratar a las familias afectadas por las fumigaciones con glisofato, principal componente de los agroquímicos.

Las fotografías surgidas de esta experiencia circularon por México, España, Italia, Alemania y Francia. Ganó dos premios internacionales, incluido el Philip Jones Griffiths de Magnum. Finalmente, la editorial alemana Kehrer, logró concretar el lanzamiento del libro, donde se aprecian sus fotografías y la coproducción de Arturo Avellaneda.

“Es un trabajo que cobró mucha fuerza por toda la coyuntura, no sólo en el país, sino por lo que está sucediendo a nivel internacional. En Europa tuvo un acceso muy fuerte. Esto fue una estrategia personal porque aquí no lo podía publicar. Los medios corporativos acá tienen complicidad con el agronegocio y con el campo, entonces era un tema que no podía ser publicado. La estrategia fue sacarlo afuera y que rebote adentro”, dijo Pablo.

Con respecto a la experiencia, comentó cómo surgió la idea de emprender este trabajo. “La primera vez que vi esta problemática evidenciándose, al menos en un espacio público, fue en el anexo del Congreso, en donde un grupo de maestras rurales estaba dando testimonio de lo que sucedía en las escuelas fumigadas. Ambientalistas y expertos también daban cuenta de esto. Fue en 2014, y ahí comencé a dimensionar y a buscar lo poco que había sobre el tema. Ahí se fue gestando la intención de salir a documentar lo que estaba sucediendo. A finales de 2014 pude empezar. Fueron 8 viajes en donde recorrí, con idas y vueltas, casi 15 mil kilómetros”.

Su primer encuentro marcó el camino para seguir y contar a través de su lente las historias de vida de estos habitantes que sufren hace más de 20 años la exposición a los agroquímicos.

“Al conocer a Fabián Tomasi sentí la responsabilidad de dar a conocer su testimonio y todo lo que había detrás de su propia vida. Casi el 60% de territorio cultivable que tenemos en el país está sembrado con transgénicos y fumigado con más de 300 millones de litros kilos anuales. Si dividimos eso por la cantidad de habitantes, tenemos el país con mayor cantidad de agroquímicos por persona del planeta”, indicó el fotógrafo.

Pablo realizó este trabajo de manera independiente, con el apoyo de la Fundación Manuel Rivera-Ortiz, una organización sin fines de lucro con sede en Rochester, Nueva York.

Al respecto, expresó: “En estos tiempos donde el periodismo trabaja más hacia un espacio de confusión que hacia la verdad, es cuando más necesarios son los compañeros que están dispuestos a poner su tiempo en pura independencia. Porque todo el mecanismo mediático está afectado y distorsionado y no podemos confiar más en eso”.

“En estos espacios he visto casos muy concretos como el de una familia en donde una nena había aspirado a los 16 años bromuro de metilo que usaban para el tabaco. Pasó nueve días internada y ahora se tiene que hacer diálisis toda su vida. Su hermano mayor tiene una deficiencia mental muy grave. Su madre murió. El padre también tiene problemas. Era una catástrofe familiar vinculada directamente al uso de agroquímicos. A lo largo del camino me encontré con más casos de malformaciones que eran sorprendentes. Si una madre, estando embarazada, y si su trabajo está en relación con la agricultura química –lamentablemente toda la agricultura de Argentina está sostenida a base de veneno- se potencia seis o siete veces más la posibilidad de contraer alguna malformación en un recién nacido. Y eso no es muy difícil de encontrar en estos lugares. Basta con tener la voluntad, salir a caminar y recorrer”, agregó.

Para finalizar, se dirigió a todos aquellos que quieran adentrarse en el mundo de la fotografía social y contar otras historias.

“La voluntad de quien sueñe y crea que pueda hacer algo es vital para cualquier tipo de emprendimiento. Este es un camino que se puede hacer largo, porque a medida que uno va involucrándose se van abriendo más puertas y complejizándose, y hay que tratar de narrar lo complejo porque ahí está la esperanza para dar con la verdad. Cuando hay un buen propósito, el camino lo va dictando la inteligencia, pero sobre todo el corazón”.

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