Redacción Canal Abierto | Hace poco menos de un año, la gobernadora María Eugenia Vidal aseguró que el Astillero Río Santiago era la única empresa pública deficitaria en la provincia de Buenos Aires. Sus 3.500 trabajadores, entonces, salieron a denunciar que fue justamente el Ejecutivo bonaerense el responsable de que eso ocurriera, al paralizar contratos para la construcción de buques al congelar créditos del Banco Provincia y la compra de insumos.

Luego llegó la compra de buques a Francia e Israel y quedó expresada la intención oficial de no reactivar el Astillero –que con 65 años es el más grande de la Argentina y el quinto de América Latina-, ni mucho menos de recrear la marina mercante nacional desguazada por el menemismo.

Para mayo de este año la intervención ya estaba decidida. Con el despido de siete gerentes de carrera por parte de la administración nombrada por Vidal, comenzaron los plenarios y el estado de alerta entre los trabajadores oriundos de Ensenada, Berisso y La Plata ante el temor fundado de que la lista de despedidos siguiera.

Para mediados de julio, Mauricio Macri formuló la frase fatal: “al Astillero hay que dinamitarlo”. Y comenzó una operación de prensa para instalar la inutilidad de la empresa. Como respuesta, los trabajadores realizaron una permanencia pacífica en la Dirección y denunciaron que las decisiones gubernamentales le hacían perder plata al país. “El Gobierno está haciendo una inversión de 324 millones de dólares, cuando en el Astillero lo presupuestamos por 170. Así que está dinamitando el Astillero con esta política de compre extranjero con la que beneficia a la mano de obra de Francia”, sostuvo en diálogo con Canal Abierto, Francisco Banegas, secretario general de ATE Ensenada.

La compra de buques, que costó al Estado el doble que fabricarlos en el Astillero, se suma a una situación que venía de arrastre: hoy todo lo exportado en nuestro país se embarca en buques de dos empresas monopólicas que concentran el mercado mundial. De tener una flota estatal, Argentina podría obtener dividendos por entre 5 y 7 mil millones de dólares al año que hoy representan una pérdida.

En este video, la historia de un emblema nacional que padeció las embestidas neoliberales y lucha por su reactivación, a contrapelo de los deseos oficiales.

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