Redacción Canal Abierto | El pasado domingo 5 de agosto venció el plazo de presentación de candidatos para las elecciones de octubre en Brasil. Oficializadas las candidaturas aún hay tiempo para el cierre de coaliciones y alianzas partidarias. El escenario es, por donde se lo mire, muy complejo: una situación de crisis económica prolongada con desempleo creciente; por otro lado una crisis política que incluye a Lula Da Silva, principal candidato en las expectativas electorales, preso y posiblemente fuera de la competencia; un impeachment de dudosa legitimidad que destituyó a la presidente Dilma Rousseff; y un tercio de la población que, según los sondeos, descree de las elecciones.

Este último dato abre, por otro lado, un escenario que -debido a la fragmentación y a los nulos, blancos o ausentes-, deja a varios competidores con posibilidades de pasar a la segunda vuelta presidencial con poco más del 20% de los votos válidos. Allí se anotan por ejemplo el recalcitrante Jair Bolsonaro, el tucano Geraldo Alckmin (del PSDB, el partido de Fernando Henrique Cardoso, podríamos decir “el” partido del sistema), Marina Silva (con buenas performances en elecciones pasadas), y Ciro Gomes del Partido Democrático Trabalhista (PDT).

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Nildo Ouriques, doctor en Economía por la Universidad Autónoma de México y actualmente profesor del Departamento de Economía y Relaciones Internacionales en la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) señala al respecto: “el escenario económico de las elecciones es cada día peor. Hay que entender la naturaleza financiera de la crisis del Estado y algo que ha pasado desde 1994”.

¿Cómo se llegó hasta acá?

-Esto no tiene que ver con la destitución de Dilma, al contrario el impeachment fue una consecuencia necesaria del Plan Real que empezó en el ’94 con ocho años de Fernando Henrique Cardoso, se profundizó con Lula por ocho años más y le tocó a Dilma la peor parte del baile, arrastrando la crisis global del 2008. Lo que pasó en todos estos años fue la profundización de la posición de Brasil en la división internacional del trabajo como un mero exportador de productos agrícolas y minerales. La otrora burguesía industrial, que fue el orgullo burgués del país, desapareció. La producción industrial que era la responsable del 26% del PBI en 1994 hoy no supera el 9% y con tendencia a la baja, ese es el escenario. Vivimos en una república rentista.

Ouriques también fue precandidato a presidente por el PSOL (Partido Socialismo e Liberdade) que en su convención partidaria definió la fórmula presidencial Guilherme Boulos (referente del Movimiento dos Trabalhadores Sem Teto) y Sonia Guajajara (líder indígena).

Nildo Ouriques, profesor de la Universidad Federal de Santa Catarina y presidente del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELA)

¿A qué responde la apatía de la ciudadanía en relación a las próximas elecciones?

-Lo que ocurre es que el sistema Petucano (juego de palabras entre el PT y los tucanos, el mote del PSDB) está podrido. La única diferencia es que uno va a comulgar en misa los domingos y el otro no. Podrido por la crisis económica resultado de la gestión de todos los gobiernos (de Cardoso a Dilma), y podrido por la corrupción que afecta a los dos bandos. Y en tercer lugar porque ninguno de los dos tiene una propuesta distinta al liberalismo: el PT es un liberalismo de izquierda y Cardoso es un liberalismo de derecha. En este momento disputan con candidaturas más hacia la derecha como Bolsonaro y candidaturas de semi-izquierda como la de Boulos, de mi propio partido. Un hecho digno de notar es que millones, mucho más del 25%, no votarán, votarán en blanco o se abstendrán en los comicios generales. Para mí es muy claro por qué: porque no hay una propuesta genuinamente de izquierda. Los partidos se asemejan en lo económico y en lo moral, todos son corruptos en gran parte. No hay una salida. Por eso la derecha avanza, porque todos quieren comportarse como buenos muchachos, quieren parecer simpáticos. Entonces aparece Bolsonaro con su vice que es el general Mourao, un ultraliberal. Machistas, misóginos, torturadores, son liberales a ultranza, gente al servicio de Washington, con una propuesta ultraliberal para corregir supuestamente los males del capitalismo dependiente.

¿Qué resultados electorales prevés?

-Hay que esperar si va a aparecer un candidato radical. El candidato de Lula, (Fernando) Haddad, no es radical. Boulos tampoco. El único candidato radical es el del PSTU, pero no tiene presencia en los debates televisivos porque no tiene diputados. Entonces el radicalismo que la población quiere se manifiesta en un doble sentido: hacia la derecha por Bolsonaro, que se presenta como si fuera un candidato antisistémico, cuando está en el Congreso hace siete mandatos. Y del otro lado, por el abstencionismo, el voto nulo y el voto en blanco. El desinterés es completo por el proceso electoral, va a ser muy significativo. Nadie sabe lo que va a pasar pero yo creo que la segunda vuelta se va a definir entre Haddad y Geraldo Alckmin, el gobernador de San Pablo, candidato tucano. Entonces no hay novedades, el sistema Petucano sigue sin capacidad de renovarse ni de parar las reformas que los liberales quieren, entre las cuales está la de la seguridad social que ambos acompañan.

¿Y qué pasará con Lula?

No hay ninguna chance de que Lula vaya a las elecciones, es muy poco probable. Lula está condenado por la ley electoral por una legislación que él mismo aprobó. La ley de la “ficha limpia”: el sujeto no puede tener crímenes de ningún tipo; el PT se enorgullecía de esta norma. Por eso Lula está impedido porque fue condenado en segunda instancia por un tribunal de Porto Alegre. El juicio es totalmente ilegal, pero la democracia está hecha de ilegalidades completas y hoy el PT está siendo víctima de su propia legislación.

El proceso de movilizaciones populares de 2013 fue minimizado desde la coalición gobernante. ¿Creés que ese año marcó un quiebre entre los sectores populares y el PT?

-El PT ya estaba muerto desde hace mucho, 2013 lo que hizo fue exponer el cadáver. Lula salió del gobierno con el 82% de popularidad, todos estaban con Lula, pero eso lo garantizaba la economía capitalista. El PT se creyó que se trataba de la magia del ex-metalúrgico. No, tenía que ver con la economía. 2013 reveló que las masas no estaban con ellos, pero el PT estaba en el auge del Mundial, la fiesta. La legislación criminal en contra de los movimientos sociales es una creación de Dilma. Como ya dijimos, la legislación que saca a Lula del proceso electoral es una ley de Lula.

En este escenario, ¿es posible un golpe?

-El país camina hacia un conflicto de extremos. La burguesía no va a hacer una dictadura de inmediato, sería una locura suspender los comicios, los candidatos están dentro del orden, nadie propone una ruptura, por lo tanto no es necesario. Los sindicatos no son suficientemente fuertes para parar la producción, como lo hicieron los transportistas, entonces en esas condiciones no es necesaria una dictadura… pero no deja de ser una hipótesis real.

¿Boulos es una opción?

-Boulos no entiende la naturaleza de la crisis del sistema político. Cree que tiene que tener una relación con Lula. Pero Lula no es solución, es parte del problema. Lula es parte del sistema, por eso cree en la Justicia, en los tribunales y se somete a ells. El PSOL no ha terminado de nacer todavía, sólo podrá volverse adulto cuando mate al padre, que es el PT. Como en el psicoanálisis, hay que matar al padre para volverse sujeto, así es con el PSOL.

promoción

Nuestros temas