Redacción Canal Abierto | Sin dudas 2018 estuvo atravesado por la lucha de mujeres: el paro internacional del 8 de marzo, los debates y la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, el 33 Encuentro Plurinacional de Mujeres y las diversas marchas en contra de la justicia patriarcal. Organización y reorganización de un movimiento que no deja de crecer.

Verónica Gago es doctora en Ciencias Sociales, investigadora e integrante del colectivo Ni Una Menos (NUM). En diciembre, editaron de manera autogestiva los manifiestos y documentos producidos durante todo 2018 y publicados en redes y medios de la Argentina.

En esta entrevista, analiza los aspectos positivos de la lucha feminista durante el  año que pasó, el aborto como bisagra de la ocupación de los espacios públicos y las asambleas, como método para la discusión política y el armado.

¿Qué análisis podes hacer sobre el año que pasó en relación al movimiento de mujeres?

Mirando en retrospectiva sentimos el vértigo de todo lo que pasó en un solo año. Iniciamos con las asambleas multitudinarias para el paro nacional. Que se triplicaron en relación a 2017. El paro y la movilización del 8 de marzo fueron enormes y vimos su fuerza tanto por lo que sentimos estando en la calle como el tipo de reacción que tuvo el Gobierno ante esa  masividad y radicalidad que yo insisto son dos características que vienen unidas en este movimiento y que le da una singularidad particular a los feminismos que estamos construyendo. Creo que el tipo de enhebrado, de trama, que se construyó en todo lo que fue la marea verde, en muy pocos meses, es otro de los puntos que hay que remarcar como ganancia.

¿Consideras que el debate por el aborto significó un punto de inflexión?

-El nivel de porosidad, de apertura, de profundización y de radicalidad que asumió la discusión sobre el aborto fue la capacidad de convertir la escena parlamentaria en un debate público por el que pasaron más de ochocientas voces. Los pañuelazos y las distintas discusiones atravesaron las familias, las casas. Fue un fenómeno federal y que vimos rápidamente convertirse en un fenómeno internacional. Pudimos ver la dimensión de la masividad, de la radicalidad y le agregaría la dimensión internacionalista de las iniciativas feministas. Creo que eso es una fuerza que hemos logrado acumular que la vemos ponerse en movimiento con distintos hechos y distintos episodios y es fundamental.

¿Cómo evalúas esa masividad del 8 de agosto? ¿Qué aportó?

-Creo que el 8A ha sido un momento de furia y de euforia. La euforia de lo que logramos movilizar, de lo que sentimos, de la energía desplegada de la manera en que logramos discutir las condiciones del aborto, conectarlas con las condiciones de precarización de vida, con la discusión clasista de quiénes son las que abortan en las condiciones más riesgosas. Cómo logramos desarmar esa idea y el lugar que se quiso imponer diciendo que era una demanda de la clase media, fueron batallas muy importantes. Lo que hizo el senado fue justamente abroquelarse en términos de poder político y de quienes se auto atribuyen la prerrogativa de la ley para decir hasta acá llegamos.

¿Crees que se trató de una derrota que no se aprobara la ley por el aborto legal, seguro y gratuito?

-El desprecio a esa movilización tan masiva y el cierre de lo que se supone es una institución democrática fue muy duro y brutal y creo que nos generó un nivel de decepción y frustración muy grande pero yo no logro leerlo como una derrota. Sí creo que nos dejó muy agotadas, con necesidad de pensarnos y de revaluar y sentimos inmediatamente la contraofensiva que se vino después a nivel de la militarización, de ataques a compañeras que iban a abortar, a nivel de empobrecimiento y financiarización de las economías domésticas que está siendo brutal y las contraofensivas religiosas, en lo que se podría decir una cruzada realmente contra el poder de las mujeres de decisión sobre su propio cuerpo y sobre los cuerpos gestantes.

¿Cómo fueron pensadas desde Ni Una Menos las movilizaciones luego del 8A?

-Un momento de elaboración muy importante fue en Trelew, en el Encuentro Plurinacional de Mujeres. Me parece que ha sido un primer lugar donde pudimos reponernos, repensar, y entender qué era lo que nos habían dicho en el Senado y también seguir imaginando y conspirando cómo continuar.

Las asambleas fueron y son un dispositivo fundamental del hacer política feminista. De todas maneras, es un desafío reinventarlas cada vez. No reutilizarlas, burocratizarlas, ni convertirlas en una escena vacía. Hay una apuesta muy fuerte porque entendemos que son los lugares de colaboración colectiva, en los que pensamos juntas y hacemos un diagnóstico feminista de lo que nos va sucediendo y del tipo de horizonte que nos queremos dar.

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