Por IDEP Salud | Cuando hablamos de políticas públicas en materia de salud relacionada con las personas trans, los derechos son todavía revés.  Salud es acceso a los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, culturales; acceso al cuidado, al respeto, a la alimentación, al trabajo, a la educación, a la vivienda, al sistema de salud… y los derechos de las personas trans son vulnerados.

La discriminación, el ninguneo, la humillación y otras formas de maltrato nutren el abanico de violencias que el sistema de salud utiliza vulnerando a personas que no existen en sus planillas. Una persona transgénero que asiste a un hospital público a internarse de urgencia o a hacerse un tratamiento, sufre no solo su trastorno de salud, sino la ausencia de salud en el sistema de salud

Recién en el año 2015 se reconoció en Argentina el derecho a la salud para personas transgénero, luego de que se reglamente en 2012 la ley y se edite una guía para su aplicación. Y solo hace unos meses, en junio de 2018, la Organización Mundial de la salud, quitó la transexualidad de la lista de trastornos mentales.

Pocos meses después de esta modificación de la OMS, en noviembre de 2018, se realizó en Argentina el 25° Congreso Mundial de Salud Transexual. La información reunida en las casi 200 presentaciones desarrolladas en el encuentro, que contó con el auspicio de ONU Sida, las sociedades argentinas de Urología y Cirugía Plástica, y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, permite delinear, al menos, cinco temas centrales de la agenda mundial de la salud trans:

  •  la esperanza y calidad de vida de las personas trans,
  •  el desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas de las cirugías que ayudan a fortalecer la identidad sexual autopercibida;
  •  el abordaje de los casos en niños, niñas y adolescentes;
  •  la determinación de la edad más adecuada para la realización de las cirugías,
  •  y la definición de los protocolos médicos en la materia a nivel mundial.

Avances importantísimos para las comunidades que han vivido marginalizadas de sus derechos, avasalladas y violentadas… pero aún queda un largo camino por recorrer, principalmente por la ignorancia como decía Lohana Berkins, la ignorancia que hay acerca de la población trans, de sus cuerpos, emociones, pensamiento, conviviendo con los fantasmas que han creado las normativas formales y comunicacionales, ideadas para acallar, invisibilizar, segregar, patologizar todo aquello que se va del “percentil”… y esto con lo otro, trae falta de educación para abordar lo que se han encargado de que desconozcamos. El personal de servicios de salud no está capacitado para atender sin violentar a pacientes trans y esa educación es sin duda una urgencia dentro del sistema de salud.

Explica Nadir Cardozo, mujer trans, promotora de salud en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina: “Las personas trans enfrentan diversos problemas de salud que reflejan su vulnerabilidad. Altos niveles de exposición a violencia, problemas relacionados con la salud mental, alta tasa de prevalencia de infecciones de transmisión sexual, alto consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas, efectos negativos de hormonas auto administradas, y problemas de salud reproductiva, son algunos de los inconvenientes documentados en el reporte “Por la salud de las personas trans“, publicado por la OPS/OMS y varias organizaciones que trabajan en el tema.

En nuestro país, un estudio diseñado con la participación de la Asociación Argentina de Personas Transgénero, encontró una tasa de prevalencia de VIH del 34% entre las personas trans (ministerio de Salud, Argentina 2007). En otro relevamiento, el 28% de 105 personas trans consultadas dieron positivo para VIH, en comparación con un 6% para consultantes no-trans. El bajo nivel educativo, el uso de alcohol ty otras sustancias, así como una historia de infecciones de transmisión sexual, y el trabajo sexual fueron significativamente más frecuentes entre las personas trans (Toibaro 2009).

La misma publicación indica que Argentina registra una tasa de prevalencia de VIH del 34% entre las personas trans, el grupo más afectado por la epidemia. Este estudio fue diseñado con la participación de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA).

Los desafíos son múltiples. “Hoy, muchas personas trans viven al día, la mayoría de las mujeres trans son trabajadoras sexuales, vienen solas desde las provincias y no tienen seguro social. Cuando llegan a los hospitales, a veces se les ríen y, si los administrativos no están capacitados, las tratan como hombres. Eso hace que varias no quieran acercarse a los servicios de salud”, dice Nadir.

El trabajo de sensibilización avanza en una doble vía. Por un lado, las organizaciones de la sociedad civil buscan concientizar a la población sobre los derechos de la población trans, pero también apuntan a empoderar al colectivo humano para que puedan ejercerlos.

Espacios para personas trans en hospitales

En los hospitales Muñiz, Ramos Mejía y Fernández, de la Ciudad de Buenos Aires, funcionan los “espacios transvivir”, donde un grupo de promotoras de salud realizan rondas para visitar a las personas trans que estén internadas, les acercan elementos esenciales, buscan apoyarlas y certificar que estén en las salas que corresponden a su género de elección. El servicio es manejado desde ATTTA.

Varios hospitales del país también cuentan con consultorios inclusivos para la atención de las personas LGBT. “Lo ideal sería que no existieran estos consultorios y que todas las personas vayan a una consulta general; que las compañeras tengan su trabajo y haya igualdad. Pero es una transición”, sostuvo Nadir Cardozo.

“Hay buenas señales –expresa- como Casa Trans, un centro comunitario para la formación y empoderamiento de las personas transgénero fundado en Buenos Aires en 2017 por ATTTA y el Gobierno de la ciudad. Contamos con un bachillerato donde se puede finalizar la escuela primaria y secundaria con título oficial. Las estudiantes transgénero van a tener una realidad diferente a la que tuvimos muchas de nosotras”.

Ley de Identidad de Género y acceso al cuidado de la salud de las personas trans en argentina

En mayo de 2012 se aprobó en Argentina la Ley de Identidad de Género Nro. 26.743 que garantiza el libre desarrollo de las personas conforme a su identidad de género, corresponda o no éste con el sexo asignado al momento de nacimiento. Esta ley no sólo garantiza la rectificación registral del sexo y el cambio de nombre en todos los instrumentos que acreditan su identidad, sino también el acceso a una salud integral, tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas parciales o totales sin requerir autorización judicial o administrativa, con el consentimiento informado de la personas como único requisito.

El presente documento exhibe los principales resultados de la investigación realizada con 498 personas trans de la Argentina durante el año 2013, cuyo propósito fue contribuir a conocer las consecuencias de la implementación de la Ley de Identidad de Género en las condiciones de vida de las personas trans, enfocándose en la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, y derechos políticos y civiles. A tal fin, el estudio tuvo como objetivos:

  1. Evaluar si la ley está siendo implementada de acuerdo con los estándares y procedimientos descriptos en sus artículos.
  2. Identificar indicadores de calidad de vida de las personas trans, especialmente aquellos relacionados a salud, educación y trabajo.
  3. Crear un instrumento para la evaluación de impacto de la aplicación de la ley de identidad de género en las condiciones de vida de las personas trans.
  4. Realizar una encuesta nacional que provea una línea de base de los indicadores establecidos.
  5. Promover el rol activo de las personas trans en el ejercicio de sus derechos, así como brindar herramientas para la creación de un observatorio social coordinado por pares que lleve adelante la vigilancia social de la implementación de la ley.

Hasta el momento, los estudios realizados con población trans se han focalizado principalmente en el ámbito de la salud pública, haciendo visibles los altos niveles de vulnerabilidad social de esta población; las frecuentes situaciones de estigma y discriminación (E&D) vividas; las altas prevalencias de VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS). Asimismo, estos estudios han resaltado la necesidad de adaptar los servicios sociales y de salud a fin de brindar un tratamiento adecuado. Sin embargo, pocos estudios se han realizado en el país con el propósito de evaluar las condiciones de vida de las personas trans y, por el momento, no se cuenta con información a nivel nacional del impacto que el reconocimiento legal de la identidad de género tiene sobre estas condiciones.

La lucha contra el VIH ha permitido empoderar al colectivo trans, pero esto mismo ha traído mayor estigma a las personas trans:

“el médico ve una trans y es sinónimo de VIH, no te quiere tocar hasta que no sale el resultado”.

En el ámbito de salud, las situaciones de E&D experimentadas también son frecuentes y, como  consecuencia, las personas trans evitan atenderse hasta “realmente sentirse muy mal para ir”. Las situaciones más temidas por estas personas se vinculan con ser llamadas por un nombre que no sea el de elección y ser internadas en salas que no son congruentes con su identidad de género. Desde el personal de seguridad, pasando por administrativos, otros pacientes y médicos, todos han sido mencionados como responsables de burlas y maltratos: “Vas a llevarle una coca a una compañera internada y el de seguridad no te deja pasar, y quizás sos lo único que esa persona tiene”.

MUJERES TRANS | Acceso a la salud

La mayoría de las mujeres trans entrevistadas (78,6%) mencionaron que no tienen ningún tipo de cobertura médica adicional que no sea la garantizada por el Estado; sólo un 11,9% tiene obra social mientras que un 8,2% tiene algún servicio de emergencia y un 3% prepaga o mutual. Se encontró que el grado de cobertura de salud adicional varía de acuerdo a la edad de las entrevistadas, aquellas entre 32 y 61 años tienen una proporción significativamente mayor de cobertura que las entrevistadas más jóvenes (p=.01). Del mismo modo, aquellas participantes que tienen sus DNI con el cambio de identidad realizado, tienen un porcentaje significativamente mayor de cobertura de salud adicional que aquellas que no poseen un DNI con su identidad de género (p=.02). Considerando las características del sistema de salud de Argentina, este resultado estaría reflejando la falta de empleo asalariado entre las mujeres trans. Pese a las dificultades que el sistema público puede tener y los horarios restringidos que no siempre son los adecuados para esta población, en su mayoría (70,8%) han realizado una consulta médica en el último año. Se observó que las consultas referidas a salud varían conforme a la edad de las entrevistadas, siendo el grupo de 32 a 61 años quienes consultan mayor cantidad de veces en comparación con aquellas más jóvenes (p=.01). Asimismo, quienes tienen el DNI con el cambio de identidad realizaron más consultas en el último año que aquellas que aún no han realizado el cambio de nombre en el DNI (p=.04). Entre aquellas personas que no han asistido a un centro de atención de salud en los 12 meses previos al estudio (n=127), un poco más de la mitad (54%) explicó que no lo ha hecho porque no lo consideró necesario.

Conocimiento y diagnóstico de VIH/sida y otras ITS

De las 452 mujeres trans entrevistadas, 446 reportaron ser sexualmente activas. La edad promedio de la primera relación sexual es de 13,95 años. Cabe destacar que un 28,3% de las participantes tenían menos de 13 años de edad, mostrando una importante presencia de temprana iniciación sexual en esta población

HOMBRES TRANS | Acceso a la salud

Sobre el acceso a la salud, 7 de cada 10 hombres trans (70,8%) declararon no tener una cobertura de salud adicional que no sea la garantizada por el Estado. Esta situación es similar a las mujeres trans. El 26,8% de los participantes manifestó tener obra social y el 7,6% un servicio de emergencia. A pesar de esto, la mayoría (77,1%) de los 46 entrevistados realizaron una consulta médica en el último año. Entre aquellos que no asistieron a un centro de atención de la salud (n=10), la razón más frecuentemente mencionada fue porque ‘No lo consideró necesario’ (67,4%).

Respecto al VIH, 7 de cada 10 hombres trans sexualmente activos se han realizado el test. En general, la prueba fue realizada en un centro de salud público (67,7%), un centro privado (29%) o una ONG (16,1%). Sólo un caso recibió diagnóstico positivo de VIH. Las razones más frecuentes para testearse fueron por controles de rutina (54,8%) o porque lo solicitó el médico (25,8%). De estos, el 51,6 % mencionó que recibió consejería pre-test y el 58,4% al recibir el resultado. Entre los que no realizaron la prueba de VIH, no considerarse en situación de riesgo fue la razón principal

Impacto de la ley en las experiencias de estigma y discriminación en salud

Cuando se indagó acerca de situaciones específicas de E&D vividas en el ámbito de salud previo y posterior a la sanción de la Ley de Identidad de Género, se observaron grandes diferencias en las vivencias reportadas. Mientras que el 58,2% de los 46 entrevistados evitó asistir a un centro de salud por temor a la discriminación antes de la ley, este porcentaje se redujo a un 12,1% en el último año. Del mismo modo, el 43,6% mencionó no haber sido llamado por su nombre de elección; sin embargo, estos episodios se redujeron al 13,1% de los casos desde la promulgación de la ley. En términos generales, la ley ha tenido un buen impacto para facilitar un mejor acceso a la salud de los hombres trans y desde que fue aprobada, el 67% de los entrevistados no ha vivido situaciones de E&D.

SALUD MENTAL

El hecho de ser una persona trans no constituye, en sí mismo, una condición patológica de ningún tipo. Sin embargo, vivir como una persona trans, a menudo, requiere de esfuerzos para enfrentar entornos discriminatorios y hostiles. Por otra parte, la discrepancia entre los caracteres sexuales natales de una persona y su identidad de género, así como el estrés causado por la discriminación y la exclusión social, puede ser una fuente de malestar y angustias graves, situación también conocida como “disforia de género”.

Tanto la adversidad del medio ambiente, como la disforia de género, pueden tener un fuerte impacto negativo en la salud emocional y mental de las personas trans a lo largo de sus vidas. La inquietud, la ansiedad y la depresión son comunes entre las personas trans, y la ideación suicida tiene una frecuencia preocupante.

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