Redacción Canal Abierto | “Me vine de Embarcación, Salta, mi pueblo, en diciembre de 2017. Estaba frecuentando la prostitución en Ruta 8. Me cansé de eso y quería estudiar. Y me vine a estudiar acá, porque obviamente la calle no es para siempre.Trabajaba, salía los fines de semana. De lunes a viernes iba al colegio, al Mocha Celis. El 23 de junio, salí a las once de la noche. Trabajaba sobre Godoy Cruz. Estaba parada, como siempre, y se me acercan dos chicos…”

Así comienza el relato de Luz Aimé Díaz sobre lo ocurrido en la noche de su detención y los detalles del episodio que para la Justicia justificó su encarcelamiento. En 2018, la joven de 22 años fue acusada de intento de homicidio y lesiones graves. Quedó presa en el Complejo Penitenciario Federal IV de Ezeiza, del Servicio Penitenciario Federal. Luego de ocho meses allí, y de reiterados pedidos de la defensa, le otorgaron la prisión domiciliaria.

“Yo soy trabajadora sexual, no podía preguntar qué es lo que tenían en esas bolsas negras”.

“Un 19 de agosto, en la misma calle a las 3 de la mañana, me pillaron los federales, me pidieron el nombre, me revisaron y mientras me llevaban me hacían preguntas incoherentes como por ejemplo cuánto cobraba un servicio. No entendía qué pasaba. No sabía por qué motivo estaba presa. Si hubiera sabido qué pasó no estaría caminando por ahí de noche. Y ahí me dicen: te están denunciando por intento de homicidio y robo agravado”, cuenta Luz a Canal Abierto.

Luz es ciega de un ojo. Tiene lesiones en uno y cataratas en el otro, producto de un ataque trans odiante que sufrió a los 13 años. Ahora, se encuentra cumpliendo la domiciliaria en el Hotel Gondolin, gestionado por mujeres trans y travestis, donde residía previamente a su detención.

“Estuve ocho meses presa en el complejo penitenciario hasta que me dieron la prisión domiciliaria. Fue un tiempo horrible. Cuando me trasladaron, las femeninas me dieron la bienvenida, me discriminaron, me trataron de puta, de todo. Yo nunca estuve presa, no sabía cómo se manejaban ahí y me la tuve que aguantar”.

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El juicio iba a comenzar este 20 de febrero, pero en las últimas horas se postergó para el próximo 3 de abril. Se tramitará en el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº 8 de Capital Federal. En caso de ser condenada, Luz afrontaría una pena de prisión perpetua. “Al juicio lo estoy esperando. Deprimida no estoy pero nerviosa sí. Nunca estuve sentada delante de un juez, pero hay que tener fe”, dice.

“Me tiene muy impresionada la cantidad de gente que me apoya. No son sólo mis compañeras, es gente de todos lados. Son desconocidos pero les doy las gracias por todo lo que me están ayudando sin conocerme, por entender y por no juzgarme”.

La acusación de la Fiscalía de Instrucción se encuentra atravesada por prejuicios y estereotipos de género, desconociendo las condiciones de vida del colectivo trans-travesti y las violencias estructurales que padecen. Es un proceso judicial estigmatizante que la persigue por ser una joven trans, migrante interna y de los sectores más desfavorecidos, según alega el comunicado de la Campaña por la Absolución de Luz Aimé.

“Esto que me pasó a mi le podría haber pasado a cualquiera, porque estaba en la vía pública. Las chicas del Gondolin trabajan casi todas ahí, pero me tocó a mí”, dice Luz. Además, cuenta que su deseo que poder terminar la escuela en el Mocha Celis y empezar la carrera de psicología. Además, quiere poder trabajar para ayudar a su familia que hoy la acompaña a la distancia. “Mi familia está tranquila porque ellos saben que yo no soy capaz de hacer daño. Me dijeron que tenga fe nada más y que no me ponga nerviosa. Pero sí me duele mucho que me estén culpando de algo que no hice”, comenta.

Ya off the récord, Luz contó que a pesar de lo que le toca vivir con esta acusación no le teme a la calle, pero que sí la hizo reflexionar sobre los peligros y la gente con malas intenciones que existe.

“La gente dice que las chicas trans nos morimos a los 30, pero yo no voy a soportar tanto si me declaran culpable. Yo vine a Buenos Aires con una meta: estudiar para dejar la calle”.

Finalmente, y a corazón abierto, ante la pregunta más difícil, Luz se quebró: “No quiero pensarme condenada. Me dijeron que si me condenan volvería al complejo a cumplir una mayoría de la sentencia. Pero antes que pase eso me muero, yo me mato. No lo voy a pensar dos veces, me voy a quitar la vida porque me están haciendo daño”.

Los colectivos que acompañan a Luz invitan a acompañar el proceso y a participar de las acciones que realizarán. Entre ellas una junta de adhesiones en change.org, donde ya lograron más de 5.000 firmas en la primera semana.

 

Texto y fotos: Silvia Juárez.
Video: Silvia Juarez, Nahuel Croza, Pablo Martínez Levy.
Agradecemos
la colaboración de Eloy Rodríguez Tale de Revista Ruda

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