Redacción Canal Abierto | El 31 de mayo de 2018, Alberto Kornblihtt participó de las audiencias públicas en el Congreso sobre el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo: el debate por el aborto. Explicó que el concepto de vida humana era arbitrario y escapaba al rigor científico, que respondía a acuerdos sociales, jurídicos y religiosos. Que abortar no era un crimen.

Ese día, luego de un acalorado intercambio con legisladores “pro vida”, Kornblihtt dejaría en ridículo a la conservadora senadora por Tucumán, Silvia Beatriz Elías de Pérez. Aunque involuntariamente, aquella situación lo llevaría a convertirse en “meme” y cara reconocible para miles de personas ajenas al mundo científico.

Aunque hasta entonces desconocido por muchos, al director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias del CONICET-UBA (IFIBYNE) le sobran pergaminos: biólogo molecular, doctor en Ciencias Químicas y licenciado en Ciencias Biológicas, Kornblihtt es autor de más de 100 trabajos publicados en revistas internacionales que han recibido más de 10.000 citas, es miembro de la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y fue en múltiples oportunidades galardonado con el Premio Konex.

En esta entrevista exclusiva con Canal Abierto, el célebre científico de 64 años analiza la difícil situación que atraviesa la investigación en argentina y el modelo mercantilista de la ciencia. Además, opina sobre ejes de debate, como el uso de agrotóxicos, las vacunas, los Organismos Genéticamente Modificados y el aborto.

¿En qué situación se encuentra la ciencia argentina?

– Estamos viviendo uno de los peores momentos de la ciencia en Argentina consecuencia de las políticas de ajuste, no sólo en el sector sino también en muchas otras actividades vinculadas al Estado.

«Desde que asumió Cambiemos, nos encontramos con un Gobierno que desprecia la ciencia y la tecnología»

No es que anteriormente no hayamos vivido situaciones de falta de presupuesto. Esta vez, a diferencia de otros momentos, venimos de un periodo -que coincidió con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner- de fuerte expansión del sistema científico y académico. Eso generó oportunidades para muchos, con la construcción de nuevos laboratorios, repatriación de científicos, regularidad de subsidios y salarios que al menos se ajustaban a la inflación.

Hoy todo eso se está perdiendo, y sobran las razones para salir a protestar y luchar. Desde que asumió Cambiemos, nos encontramos con un Gobierno que desprecia la ciencia y la tecnología. Sumado a ese desprecio en términos económicos, estamos frente a un modelo de país ligado a la primarización y la agroexportación, y no a un modelo que fomente la industria, estrechamente ligado a la ciencia y la tecnología.

En las últimas horas se conocieron los resultados de la convocatoria 2018 de ingreso CONICET: de 2500 candidatos, sólo ingresaron 450.

– En un contexto de crisis y cierre de empresas, el mercado laboral fuera del CONICET y las universidades nacionales es casi inexistente. Entonces, la capacidad para absorber doctorados, es mucho menor.

«Estamos frente a un modelo de país ligado a la primarización y la agroexportación, y no a un modelo que fomente la industria, estrechamente ligado a la ciencia y la tecnología»

Ya sabíamos que había sólo 450 vacantes, 150 para temas abiertos, 150 para temas estratégicos y 150 para universidades del interior. La realidad es que no se cumplió el objetivo de fortalecer las universidades del interior, ni los temas estratégicos al no haber financiamiento.

Se suman más de dos mil jóvenes doctorados que no quedan al margen del sistema.

¿Qué pasa con esos investigadores que quedan marginados? ¿Puede haber una fuga de cerebros?

– Frente a esta situación, los jóvenes se ven obligados a buscar otras alternativas. Hay países que reconocen la calidad de nuestra formación universitaria y si no consiguen trabajo acá, van a emigrar.

Lo dramático es que había un plan, el “Argentina Innovadora 2020”, que preveía un aumento progresivo de ingresos a la carrera de investigador en CONICET. Eso se abortó ni bien asumió el Gobierno de Mauricio Macri. Ya en 2016 el ex ministro y hoy secretario, Lino Barañao y CONICET redujeron en 500 las vacantes.

«Hay países que reconocen la calidad de nuestra formación universitaria y si no consiguen trabajo acá, van a emigrar»

Lo interesante es que, cuando se produjo ese primer ajuste, muchos investigadores dijeron “la carrera estaba sobredimensionada, y es bueno que se reduzcan los ingresos así los que estamos vamos a estar mejor”. La realidad es que hoy estamos peor, con peores salarios y sin financiamiento.

¿Cambiemos instaló una agenda mercantilista de la ciencia?

– Hay un discurso y un reclamo utilitarista. Pero ni siquiera queda claro si el reclamo es que los científicos tienen que ser útiles para la sociedad o para una empresa privada. De todas formas, ni siquiera eso está pasando.

Incluso antes de la llegada de Macri al poder, Lino Barañao desestimó investigaciones -como la de Andrés Carrasco- sobre el uso de agrotóxicos y sus efectos en la salud…

– No es mi área de estudio, pero conozco el trabajo de Carrasco.

Para determinar si estos herbicidas afectan la salud de los humanos, o de la flora y la fauna, tiene que haber un trabajo epidemiológico serio que lo demuestre. Creo que hay una deuda pendiente de saber si esas fumigaciones, realizadas correctamente, son peligrosas y cuáles serían sus costos o efectos.

«Todo uso de nueva tecnología tiene que estar bajo control estatal y con normas muy estrictas»

En realidad, todo uso de nueva tecnología tiene que estar bajo control estatal y con normas muy estrictas. Por ejemplo, para que no se fumigue donde hay una población o una escuela.

Días atrás el presidente Macri criticó un fallo que prohíbe la fumigación cerca de escuelas y dijo que no la medida judicial tenía «ningún rigor científico»…

– Me parece que él está utilizando un término que no sabe bien qué quiere decir. Pero quizás está apelando a esto de no culpar de ante mano a los transgénicos por sí mismo, sino por cómo se usan.

Sin duda, creo que una cautelar para no fumigar cerca de poblaciones es necesaria, independientemente de cuál es tu opinión personal sobre los transgénicos y el glifosato.

¿Qué opinión te merecen los Organismos Genéticamente Modificados (OGM)?

– Es un adelanto de la tecnología que permite tener variedades de plantas, y en el futuro de animales, útiles para la humanidad. El tema es que, como toda variedad nueva, debe ser sometida a controles muy estrictos antes de salir al mercado.

Las plantas o animales que hoy consumimos, no existían en su forma salvaje. Por poner un ejemplo, el ancestro del maíz tenía unas mazorcas muy chicas en comparación a los que encontramos hoy en la verdulería. Fueron seleccionados por el hombre en los últimos 5 mil o 10 mil años, y hoy en día se sigue practicando.

Los OMG no están mal por sí mismos. Hay que ver cuál es su impacto social, en la salud o en la economía que producen su uso. No todos necesitan agroquímicos, como la variedad que desarrolló la doctora Raquel Chan -bióloga argentina, especializada en biotecnología vegetal-, que es resistente a la sequía pero no necesariamente necesita el uso de herbicidas.

Argentina tiene varios premios Nobel en distintas disciplinas, cada tanto vemos noticias sobre descubrimientos científicos nacionales o de investigadores argentinos en el exterior. ¿Qué lugar ocupa nuestro país en el escenario científico global?

-Es cierto que tenemos una ventaja competitiva respecto de otros países de Latinoamérica, donde también hay ciencia muy visible pero la inversión es mayor que la nuestra. Por lo tanto, nos destacamos por el hecho de seguir siendo visibles con inversiones muy bajas, sobre todo los salarios. Creo que esto es consecuencia de nuestras universidades públicas, gratuitas y de calidad, que son los semilleros de los jóvenes talentosos que tenemos. De ahí vienen, no de las universidades privadas.

No somos los campeones del mundo, pero tenemos una tradición en ciencia que justifica aumentar la inversión.

De todos modos, la actividad científica no sólo es importante por los bienes y productos que puede ayudar a producir, sino también porque genera opinión pública informada que ayuda a tomar decisiones. Por ejemplo, gracias  la investigación epidemiológica sabemos que sería una barbaridad que el día de mañana un legislador presente un proyecto de ley que no haga obligatoria la vacunación masiva.

Justamente, la vacunación hoy es un tema que está en discusión…

– El 99% de las vacunas son seguras, y el calendario infantil de vacunas obligatorias en nuestro país es ejemplar.

«Si todos dejaran de vacunarse, habría sarampión o volverían enfermedades que hoy están controladas»

El problema es que estamos viviendo tiempos de posverdad, momentos en que se aseveran cosas como si fuesen ciertas cuando no lo son, y que –en el mejor de los casos- generan dudas que ya no deberían ni existir. No se puede jugar con la salud pública: una familia que decide no vacunar a su hijo, puede darse ese lujo porque en la escuela todo el resto de los alumnos están vacunados. Pero si todos dejaran de vacunarse, habría sarampión o volverían enfermedades que hoy están controladas.

Muchas personas te conocieron a partir de tu intervención en el Congreso durante el debate por el aborto. Tu respuesta a una senadora “no, no está bien; está mal” incluso se volvió un meme. ¿Cómo viviste esa exposición?

– La verdad es que nunca imaginé que iba a tener esa repercusión mi respuesta a la senadora tucumana. No me siente feliz ni infeliz de haber sido un meme, pero lo vivo con naturalidad.

Por otro lado, para poner en contexto aquella escena, algo que no se dijo fue la manera en que nos trataron a los expositores a favor de la legalización. Por momentos parecía un juicio de la inquisición, con preguntas que no buscaban averiguar qué pensábamos o argumentábamos, sino en forma acusatoria.

Volviendo a aquella intervención sobre el aborto…

– Para la ciencia, cuando hablamos de vida nos referimos a la vida de las células. Las células están vivas cuando cumplen con dos funciones: la capacidad de metabolizar y la de reproducirse. Los espermatozoides, los óvulos o cualquier célula del cuerpo cumplen esos requisitos, y por tanto son células vivas.

«El embrión es un proyecto de ser humano, pero ese proyecto no puede imponerle a la mujer el sacrificio de continuar con un embarazo que no está dispuesta a llevar adelante»

Entonces, otorgar al embrión el concepto de vida humana es una decisión que no se basa en la biología, sino en acuerdos sociales o legales amparados en distintos tipos de pensamiento, entre ellos el religioso.

Lo que yo considero, al igual que muchos, es que el embrión –más allá de estar formado por células vivas– no debe ser considerado como un ser humano. Es un proyecto de ser humano, pero ese proyecto no puede imponerle a la mujer el sacrificio de continuar con un embarazo que no está dispuesta a llevar adelante.

«Si el feto nace muerto, no hubo persona; y si nace vivo, y continúa, hay persona»

Es ella la que alberga a ese embrión en su útero, y es ella la que debe tener el poder de decisión de continuar. Es un derecho de la mujer, y no puede estar subsumido al preconcepto de caracterizar al embrión como un ser humano.

Incluso en los países donde está prohibido el aborto, las legislaciones plantean que la persona humana se constituye con el nacimiento con vida. Si el feto nace muerto, no hubo persona; y si nace vivo, y continúa, hay persona.

Por su puesto, una mujer que desea continuar con un embarazo debe contar con la protección de la sociedad, el Estado y la medicina. Lo mismo con el embrión, que tiene derechos que van a ser efectivos en el momento en que nazca con vida.

 

Entrevista: Diego Leonoff (@leonoffdiego)

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