Redacción Canal Abierto | Tras el primer mandato de Mauricio Macri, el país ya no será el mismo. En esto coincidirán propios y ajenos. Lejos de los exagerados spots de campaña que muestran una Argentina llena de rutas nuevas, los cambios más notorios que el gobierno del cambio dejará en el paisaje serán galpones vacíos y persianas bajas donde varias generaciones vieron funcionar empresas prósperas.

Hoy se conoció la noticia de que la centenaria textil Alpargatas, dueña de las marcas Havaianas y Topper, dejará de operar en el mercado local, donde producía denim (material con el que se hacen los jeans) y otros artículos. El cierre se suma a la larga e interminable lista de históricas empresas que ya no serán.

Sólo desde 2018, la lista, seguramente incompleta, de las empresas emblemáticas que cerraron o están en eso:

  • Galardonado internacionalmente por su cocina en varias oportunidades, el tradicional restaurante de la Costanera Norte porteña Clo Clo cerró sus puertas en septiembre de 2018. En sus tres décadas de existencia, cenaron allí muchos famosos, entre ellos James Brown, Luis Miguel y hasta los Reyes de España. Antes, habían cerrado otros íconos de la escena gastronómica de la zona, como Hermann, Arturito y Lola, en todos los casos debido a la caída de consumo.
  • El mismo mes cerró la marca de indumentaria femenina Chocolate, líder en el mercado desde hacía 38 años, porque la caída en el consumo se hizo imposible de sostener. Según explicaron sus dueños, los niveles en las ventas eran semejantes a los de diciembre de 2001.
  • Palagi Hermanos, histórica metalúrgica de Temperley, cerró sus puertas en diciembre de 2018 luego de más de 70 años. Especializada en mecánica pesada de camiones y ómnibus, tornería de precisión, mecánica en general y embragues, la empresa ubicada en el conurbano bonaerense sur dejó a 30 trabajadores en la calle porque no pudo con los aumentos de los costos y la caída en las ventas.
  • La Plata comenzó el año con la noticia de que La Primavera, una tradicional panadería de la zona del parque, cerró sus puertas tras 63 años. Un cartel en la puerta puesto por su dueña explicó que la decisión fue tomada «debido a la ya conocida situación económica del país».
  • A fines de mayo, la empresa de capitales alemanes Edding anunció el cierre de su planta en San Juan para importar los marcadores que produce directamente desde Alemania. La filial había sido inaugurada en 2000 pero los altos costos, la volatilidad del dólar, la inflación, las altas tasas de interés y la carga impositiva fueron un combo explosivo para su continuidad.
  • El día en que terminó junio fue también el último para Del Parque Shopping Center, que había abierto sus puertas en 1995. Los motivos fueron el tarifazo, la caída en las ventas y los altos costos en los alquileres. El cine y la plaza de juegos ya habían cerrado en 2017.
  • Cacciola, la tradicional empresa fluvial que conecta el puerto de Tigre con la Isla Martín García y la ciudad uruguaya de Carmelo, ya no lo hará. El grupo había comprado el servicio a ERSA en 2012, la que a su vez lo brindaba desde 1963. Según explicaron sus dueños, no pudieron afrontar la caída de la actividad, las altas tasas de interés y la devaluación de la moneda. Sus 40 trabajadores recibieron el telegrama de despido.
  • Desde comienzos de julio, quienes caminen por la Avenida Boedo en la Ciudad de Buenos Aires ya no verán el bar Trianon, histórico por haber popularizado el sándwich de pavita al escabeche. Había abierto sus puertas en 1939.
  • Igual suerte corrió este mes El Palacio de la Papa Frita. Declarado bar notable por la Legislatura porteña y abierto desde 1952, se había convertido en un símbolo de la Ciudad de Buenos Aires y una atracción turística porteña. Tuvo visitantes ilustres como Jorge Luis Borges, Ricardo Güiraldes, Conrado Nalé Roxlo y Leopoldo Marechal. Pero los costos del alquiler se volvieron impagables y tuvo que bajar la persiana.
  • La editorial española SM cerró su filial en nuestro país a comienzos de julio. Con ella se va una de las cuatro editoriales que publican literatura infantil y juvenil a nivel local, y que curiosamente había desembarcado en estas tierras en plena crisis de 2001. Los directivos fueron tajantes: “la empresa ya no es rentable en la Argentina”.
  • Hace pocos días la fábrica Mielcitas también cerró. La empresa de golosinas había abierto en 1976 y empleaba a 150 personas, en su mayoría mujeres. Además de las históricas Mielcitas, producía los tradicionales Naranjú, tapas de alfajores, alfajores terminados, obleas, y bizcochitos entre otras.
  • Apenas días después Ansalbo, una histórica papelera de Quilmes, dejó de funcionar y sus 45 trabajadores quedaron sin empleo. Producía suministros industriales y se habían especializado en la venta de bobinas de papel. Tenía 60 años de historia.
  • Luego de que en febrero la compañía estadounidense VF Corporation, dueña de las marcas Wrangler y Lee, entre otras, anunciara su partida del país debido a “una reestructuración”, esta semana su directorio confirmó que a fin de mes termina su proceso de cierre de locales exclusivos, unos veinte, y deja la Argentina. Hace poco más de cuatro años, la misma empresa contaba con apenas tres tiendas propias. Entonces, anunció una inversión de $100 millones y la creación de esta misma red de locales que ahora está cerrando.

La  lista podría multiplicarse exponencialmente si sumamos las empresas históricas que están en proceso preventivo de crisis, despidieron personal, cerraron sucursales o tercerizaron la producción.

Según un estudio del Centro de Economía Política (CEPA) en base a datos de la AFIP, en lo que va del año cerraron 7518 pequeñas y medianas empresas (con menos de 100 trabajadores). La cifra se eleva a 15.424 si contamos desde finales de 2015. Muchas de ellas tenían consigo años de historia y habían sobrevivido a innumerables crisis, pero ninguna pudo con el macrismo.

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