Por Carlos Saglul | Se suele atribuir a insensibilidad, sadismo, la actitud del presidente Mauricio Macri que como respuesta a su derrota fulminante en las PASO ordenó quitar toda clase de ancla al dólar, desatando una nueva suba de precios y caída del salario. La hipótesis es un tanto ingenua, salvo por el dato certero de que al Presidente le importan poco los padecimientos del país de carne y hueso.

La devaluación no hizo otra cosa que profundizar las obsesiones centrales  de la gestión cambiemita: reducir el salario, concentrar la riqueza, endeudar al país para atarlo a las necesidades geopolíticas de los Estados Unidos. Al equipo de Ceo´s que nos gobierna le importa poco los sufrimientos de los asalariados que tienen todavía “la suerte” de no ser parte de las legiones de miles de despedidos, salvo cuando reaccionan organizadamente y tienen que mandarles a la Gendarmería.

Cambiemos en esta etapa es más de lo mismo. El neoliberalismo en sus tres turnos de gobierno desde la dictadura militar profundizó la concentración de la riqueza. La argentina jamás logró recomponer totalmente su capacidad industrial. Siempre fue quedando y agrandándose un núcleo duro de pobreza donde, ya por varias generaciones, no hay oficios que heredar. Cómo conseguir un plan social reemplaza entonces al oficio que venía de padres a hijos: carpinteros, plomeros, obreros de la industria.

Loquito o no, Macri liquida las pocas reservas que quedan. Baja el IVA a los alimentos de la canasta, lo que no reduce los precios sino que desfinancia a las provincias. Todas formas de condicionar al gobierno de Alberto Fernández.

No hay sadismo en el presidente y su equipo de ceos. Para ellos no existe el ciudadano de bajos recursos, gente que sufre, solo hay recursos humanos que pueden ser  manejados de acuerdo a las necesidades del capital. Es la “banalidad del mal”, el otro no existe. Una cifra. Para los que intentan reivindicar su condición humana esta Patricia Bullrrich, y su ejército de gendarmes y policías.

Sin éxito, Macri y el verdadero Poder que estuvo detrás del ingeniero intentan “educar” al futuro presidente, Alberto Fernández. Están seguros que podrán hacer de él un nuevo Menem que pueda continuar con la reforma previsional, laboral, el ajuste sin fin para pagar la deuda y fuga del macrismo. Dicen “el peronismo tiene consenso para ajustar”.

Según una revelación de Horacio Verbitzky, las seis cámaras patronales decidieron contratar un equipo de economistas para prepararle un programa al futuro presidente. Entre los nombres que trascendieron están Rodolfo Santángelo, Emanuel Álvarez Agis. También proponen a Martín Redrado para acompañar al presidente Fernández en su primera gira por los Estados Unidos.

Hasta aquí, el “Alberto para armar” que proponer el Círculo Rojo, la embajada de los Estados Unidos y  el FMI.

Hay otro Fernández, el que armó la gente con su esperanza, a veces con la desesperación del hambre, el desempleo, la injusticia. Es el de los actos en donde promete devolver al Estado prioridades como Ciencia y Tecnología, Educación, bajar el precio de los alimentos, para lo cual deberá terminar con conductas oligopólicas. Dar seguridad pero no al costo de convertir a la Policía en una banda más peligrosa que los propios delincuentes.

Tanto Alberto como Cristina Fernández prometieron llevar adelante un gran pacto social como el que llevó adelante Perón al volver al país en los 70. Por ese acuerdo se congelaron salarios y precios. Se fijó un salario mínimo más alto. El pacto, hasta la muerte de Juan Domingo Perón redujo  la inflación del 80 al 22 por ciento, permitió que la participación de los trabajadores creciera del 33 al 43 por ciento, el desempleo cayó del 6,4 al 4,4 por ciento, el salario real. Era otro país, otro mundo. Faltaba la palabra mágica: deuda externa. Existía una “burguesía nacional” que ya no está.

Pero lo que aleja  más aquel plan son algunas medidas fundamentales que se dictaron para acompañarlo: la ley 20545/73 se destinó a la protección de la producción local por sobre la extranjera; otra ley instrumentó facilidades impositivas para los nuevos proyectos industriales. Se dictó una Ley de Inversiones extranjeras  (20557/73) que ponía límites al capital extranjero para  remitir al exterior  sus ganancias. Impidió a los extranjeros invertir en área estratégicas como  medios de comunicación, siderúrgica, aluminio, seguros, pesca, publicidad e industria química entre otros.

Quienes “arman” a Fernández con  sus sueños y necesidades desde el Pueblo, lo ven más parecido a Néstor Kirchner que a Carlos Menem. Las presiones desde el poder económico y el Departamento de Estado serán cada vez más fuertes. Quienes así actúan para condicionar al candidato deberían recordar lo sucedido en el año 2001, cuando el país terminaba de ser sometido a un saqueo similar. Había más recursos que ahora, pero convengamos que en las clases dominante nadie se sintió a salvo. Están jugando con fuego.

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