Por Carlos Saglul | El ex presidente Carlos Menem salió de terapia intensiva en las últimas horas después de permanecer una semana internado por un delicado cuadro causado por una neumonía. Sea cual fuere la evolución de su salud, termina sus días en libertad. Su busto será colocado en Casa de Gobierno para que la posteridad lo recuerde. “Confío en la Justicia” decía el riojano y no se equivocó. Sobrellevó con éxito todos los resonantes hechos de corrupción por los que se lo acusó. Atrás quedó la “mayoría automática” de la Corte Suprema de Justicia, el pasaporte argentino al traficante de armas Monzer Al Kassar, “los menemtruchos” que imprimió la Casa de la Moneda, “la mala leche” de los hermanos Miguel y Carlos Spadone, el Swifgate, el blanqueo de dólares del narcotráfico a través del “Yomagate”, el caso del “diputrucho”, el contrabando de armas a Croacia, la voladura de la ciudad de Río Tercero, el escándalo del Pami, el encubrimiento del atentado a la AMIA, las coimas IBM-Banco Nación, sobresueldos de funcionarios, la servilleta de Carlos Corach y los jueces “amigos”. La lista podría seguir entre helicópteros que explotan, secretarias que se caen desde la ventana de su departamento en vísperas de declarar, suicidios nunca claros. Una seguidilla de casualidades interminable, que hicieron de la corrupción en los titulares de los diarios, algo cotidiano, donde nada podía ya asombrar.

Menem transformó la Argentina. Fue quien terminó con ELMA, el transporte marítimo del Estado que permitía a la Argentina manejar sus exportaciones al mundo; entregó los puertos a capitales privados y destruyó la Junta Nacional de Granos. Todas esas transformaciones, no solo lo sobrevivieron, sino que explican el poder económico que hoy manejan un puñado de compañías que, con Vicentin, manejan las exportaciones argentinas.

Nunca se fueron (lo que se fue es la plata)

A muchos no les conviene que Vicentin quede en manos del Estado argentino y transparente sus operaciones. ¿Es un caso aislado que Nardelli y compañía hayan convertido a Paraguay en el segundo exportador de soja, contrabandeando a ese país la producción argentina para no pagar retenciones?

El menemismo fue además de una transformación económica profunda, un cambio cultural impresionante que atravesó amplios sectores de la sociedad. Miles de obreros hacían cola para pedir el retiro voluntario de ex-empresas estatales y convertirse en emprendedores, socios de pequeñas cooperativas. La mayoría terminó primero poniendo un kiosco y luego desocupado. Los medios de comunicación fueron centrales en esto de cambiar el sentido común, establecer la agenda de una sociedad anestesiada ante el saqueo.

En estos días “El Gran Diario Argentino” destacó que la gente movilizada con banderas argentinas en la ciudad de Avellaneda, frente a la sede de Vicentin, decía, entre otras cosas “siempre estuvieron aquí”. Y es verdad, pero solo parte de la verdad porque la plata se la llevaban afuera.

Frente a donde escribo, un vecino colgó de su ventana una gran bandera argentina. También lo hizo durante la que se llamó “La crisis del campo”. ¿Será solidario con los dueños de Vicentin acusados de fraude financiero, evasión, blanqueo de capitales? ¿Pensará que es parte de una agresión comunista la investigación de los tribunales de Nueva York que tratan de ubicar el paraíso fiscal donde están los 122 millones de dólares de la venta de acciones de una de las compañías de Vicentin, pagados dos días antes de que la empresa se declarara insolvente?

¿Será preocupación de quien colocó esa gran bandera en su ventana la suerte de miles de productores y cooperativas que pueden quebrar si el Estado no se hace cargo de la empresa, los numerosos obreros que quedarán en la calle?

La 126 de Alberto

Es de mal gusto hablar de moribundos y muertos. No obstante, es justo señalar que Menem merece ser recordado por todo lo que hizo, un país que ya no sería igual después de su paso por el gobierno.

“Menem lo hizo”: Logró que el CEO de Vicentin, Sergio Nardelli pensará en que podía ser votado gobernador de Santa Fe. Los que en estos días de pandemia, con miles y miles de muertos en todo el mundo creen que la cuarentena es un invento perverso de Alberto Fernández, que es chavista y quiere quedarse con las empresas privadas, no representan un electorado numericamente despreciable. Lo sabe Patricia Bullrich, quien se esperanza diciendo a sus seguidores esta “es la 126” de Alberto Fernández en referencia a la resolución 125 que precipitó la principal crisis de gobierno que tuvo Cristina Kirchner.

Por primera vez durante la gestión de Alberto Fernández, la expropiación cada vez más lejana de Vicentin logró poner en la misma vereda a toda la oposición, desde la Asociación Empresaria Argentina a la Sociedad Rural, los medios hegemónicos, el PRO y los radicales. Y lo que es peor, tientan a sectores del propio peronismo, que en la denominada crisis del campo no jugaron con el gobierno y fueron, también, socios ahora vergonzantes de la gestión de Cambiemos.

Quizá fue demasiado ingenuo el gobierno pensando que Vicentin no encontraría ningún juez que se animará a reponer en la conducción de una de las mayores empresas radicadas en el país a los CEOS acusados de vaciarla. No debió olvidar una de las grandes lecciones que dejó Carlos Menem, ante las peores acusaciones, que siempre repitió “creo en la Justicia”. En gran parte, la Justicia es la misma de aquella época y parte del bloque de Poder que maneja este país y no se somete a elecciones jamás.

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