Redacción Canal Abierto | Este lunes el gobierno oficializó la oferta final del canje de deuda con los acreedores privados. Lo hizo mediante una presentación en el  órgano de contralor bursátil de los Estados Unidos que durante el día de hoy entregará los documentos firmados a los representantes legales de las partes. Mañana se abrirá la inscripción para los bonistas que tendrán tiempo hasta el 28 de este mes  para confirmar el preacuerdo que fue anunciado el 4 de agosto pasado. Tres días después se anunciarían los resultados.

El arreglo sacudió el tablero de las previsiones económicas y políticas de y sobre el Gobierno Nacional y el país en general, pero además abrió la puerta a una serie de interrogantes que generan incertidumbre sobre el futuro próximo de Argentina: ¿la letra chica del acuerdo permitiría reclamos futuros? ¿Qué pasará con la negociación con el FMI? ¿Argentina puede esquivar los caminos que la llevaron a endeudarse constantemente y construir un futuro de certezas y previsibilidades, o el sistema es más fuerte?

Alberto Müller es economista, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA e integrante del Plan Fénix. Canal Abierto conversó con él acerca acuerdo con los acreedores privados, las razones del recurrente endeudamiento del país, la ausencia de una alternativa de ahorro en moneda local y la necesidad de establecer un proyecto económico autónomo y sostenible.

¿Qué tuvo de bueno la reciente negociación de la deuda con acreedores privados?

-Lo bueno y original de esta renegociación fue que esta vez se puso el eje donde había que ponerlo. Mucho más que la vez pasada. Esta es una diferencia importante con respecto al canje anterior. Porque el ministro Guzmán, desde el principio hizo el énfasis en que se habían tomado préstamos a intereses muy altos y estos intereses muy altos denotaban en realidad una expectativa, por parte de los que estaban concediendo esos créditos, de que Argentina no tenía mucha credibilidad y por lo tanto existía un riesgo. Entonces, lo que dijo el ministro fue: “bueno, ustedes sabían que había un riesgo, asumanló. Hubo un riesgo y van a tener que ganar menos”. El arreglo, en ese sentido, hace énfasis sobre todo en la reducción de intereses, no tanto en la reducción de capital, como diciendo “el dinero tomado fue tomado legítimamente y por lo tanto tiene que ser pagado”. Pero sí corresponde hacer una descarga de la parte de intereses porque, en definitiva, las tasas que se habían pactado eran extraordinariamente altas y entonces el riesgo de un recorte existía.

El punto es que -y esto es lo extraño de las finanzas- cuando uno hace algo así el financista piensa, por un lado, que está ganando mucha plata y por otro lado piensa que su acreedor no le va a pagar. Piensa que el acreedor toma deuda a una tasa muy alta porque está desesperado. Entonces es una especie de juego de simulación bastante tramposo. Si alguien toma un crédito al 7% es porque está muy mal, es porque nadie más le presta, por eso le ponen una tasa bien alta, para cubrirse. Eso muestra que el prestamista tampoco confía demasiado en que pueda recuperar su dinero. Además, como si fuera poco, ese interés tan alto contribuye a la insolvencia. O sea, implica un compromiso que no se puede cumplir. Entonces, es una especie de profecía autocumplida.

Ahora, el Estado se supone que no quiebra. Entonces al Estado siempre se le presta porque es solvente por excelencia, y es lo que pasa precisamente con el Tesoro Estadounidense, que es una colocación siempre solvente y por lo tanto la tasa de interés es muy baja. Entonces, el negocio oportunista es prestarle al Estado suponiendo que siempre va a devolver y cobrarle una tasa suponiendo que tal vez no devuelva. Es el “mejor” de los mundos para el prestamista. Presta caro, pero como es el Estado, le van a devolver. Es decir: prestarle al Estado sabiendo que es solvente y cobrarle una tasa como si no fuera solvente.

Lo bueno de esta negociación es que se hizo eje en este punto, se explicitó esta cuestión. Y ese, creo yo, es un logro conceptual importante. Uno supone que el discurso y el razonamiento sirven para algo, por lo menos se puso el razonamiento en los carriles correctos. Aún cuando, de todos modos, los acreedores van a ganar más de lo que hubieran ganado prestándole al tesoro Estadounidense.

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Una pregunta es si este es un arreglo sostenible o no.

-Esa pregunta es muy complejo contestarla ahora, más aún en estas circunstancias. Obviamente, si se logra que la Argentina se encamine en un proceso relativamente virtuoso de crecimiento con cierta holgura externa, esto es perfectamente pagable. Y además, va a pasar lo de siempre: no van a estar interesados en que les paguemos, van a estar interesados en que nos volvamos a endeudar. En la medida en que tengamos un buen perfil de deudor, todos quieren prestarnos de vuelta. Es un ciclo que se realimenta, en un sentido o en el otro.

En este momento, suponiendo que la negociación con el FMI vaya por los mismos carriles que la de los acreedores privados, ¿Argentina necesitaría endeudarse para impulsar un proceso de desarrollo?

-Nunca fue necesario endeudarse para eso. Hay dos cosas distintas que muchas veces se confunden. Una cosa es la capacidad de ahorro. Otra cosa es la capacidad de generar divisas. Son dos cosas diferentes. Argentina, como país de ingresos medios-altos (que fue y sigue siendo, a pesar de todos los esfuerzos en contrario), tiene suficiente capacidad de ahorro y podría tener incluso un poco más si no tuviera un segmento ABC1 que supone que vive en Miami y no en Buenos Aires, con un nivel de consumo propio de un país desarrollado. Entonces, si se lograra detraer incluso parte de ese consumo, la Argentina podría lograr un financiamiento capaz de sostener una inversión de 20-25 % del producto bruto interno, que es más o menos lo que hace falta.

Es decir, Argentina tiene capacidad de ahorro. Argentina no es un país pobre, es un país con pobreza. De manera que para impulsar el desarrollo no hace falta endeudamiento.

El problema es que la Argentina enfrenta periódicamente -en parte por su falta de inversión, pero también por su falta de proyecto, de no tener claro hacia donde tenemos que ir-, problemas en el sector externo. Y la razón del endeudamiento en general está en ese punto. Los déficits de cuenta corriente con el resto del mundo, no la capacidad de ahorro.

¿Y en este sentido, qué papel juega el hecho de que los millonarios de Argentina puedan sacar su dinero del país libremente, la fuga de divisas?

-Bueno, se está diciendo, hay más o menos 200.000 millones de dólares de activos Argentinos en el exterior, que ganan intereses, se anotan en la balanza de pagos, y así como entran salen y van como colocaciones de vuelta. No ingresan nunca al país, se capitalizan afuera. Entonces, evidentemente, uno de los puntos pasa, por lo pronto, en poner esto sobre la mesa en serio. Es decir, plantear si esto es una sociedad o un rejunte de gente sin visión de conjunto.

Pero además, desde ya que necesitamos tener algún tipo de restricción con respecto al acceso a las divisas, eso es lógico, precios diferenciales, o algo similar, eso es correcto. Pero por otro lado, y este es un punto que también falla y que recién ahora se está empezando a reconstituir, por una especie de fobia a las indexaciones en los depósitos bancarios, es difícil encontrar activos locales que puedan competir con la valorización del dólar. No hay alternativa de ahorro en pesos que sean mínimamente competitivas. Creo que este sería uno de los puntos. No como una solución sino como parte de una estrategia. Esto creo que habría que plantearlo con un discurso que explique la necesidad de que los ahorros se inviertan acá. Y encontrar alguna fórmula financiera que permita asegurar el poder adquisitivo del ahorro en términos reales y una ganancia que idealmente debería ir en función del crecimiento de producto bruto. Es decir, asociar de alguna manera al ahorrista al proceso de crecimiento de la Argentina.

Alberto Müller. Foto: web UNSAM
La inflación no ayuda a promover el ahorro en pesos…

-Hay que poner mucho ingenio, creatividad, y conocimiento para pensar todo esto, pero el ataque al tema de la inflación pasa por varios frentes. Si fuera sólo un fenómeno monetario no sería tan difícil. Si fuera sólo un problema de emisión monetaria, paramos la emisión monetaria y se acabó. Pero muchos no reconocen que la inflación es un problema mucho más complejo porque representa por detrás puja distributiva, mecanismos de formación de precios y todo esto tiene que ir a algún tipo de negociación que hay que encarar. Pensando desde una perspectiva que incorpore todas las variables, y una de estas variables tiene que ser la necesidad de reconstituir el ahorro en pesos. Mi sueño teórico sería una especie de título público que se ajuste a la variación del PBI. De modo que si el PBI aumenta mucho el título rinde más. Es una medida que habría que pensar cómo instrumentar.

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 ¿Y qué horizonte o modelo económico sería capaz de ordenar estas cuestiones?

 -A mí no me gusta hablar de modelo. Pero Argentina necesita un patrón de desarrollo identificable y sostenible, que lo perdió cuando abandonó la industrialización a mediados de los 70 y nunca más tuvo algún tipo de idea de hacia dónde ir. Y esto fue desastroso. Sobre todo porque después  se impuso, de la mano de los programas neoliberales, la idea de que no tenemos que tomar ninguna decisión, cuando se decía que la mejor política industrial es no tener política industrial, y cosas de este tipo. Y llegó a pasar que Argentina encontró abundancia de gas en Loma la Lata a fines de los 70 y terminó de construir su primera gran planta de fabricación de urea y fertilizantes en el año 2000. Más de 20 años para aprovechar seriamente la ventaja de Loma la Lata. Este es un ejemplo de un país que no sabe hacia dónde tiene que ir. Porque ni siquiera es capaz de explotar razonablemente ventajas comparativas.

Creo, y desde el Plan Fénix lo venimos diciendo, que la estrategia de la Argentina debería ser una combinación de profundización industrial con explotación racional y sostenible de recursos primarios. Hay que pensar algo por ese lado. Con esa idea de hacia dónde ir, con ese proyecto en mente, que no me animo a llamarlo plan todavía, todo lo demás se va acomodando y va teniendo sentido. No es cuestión de hacer política macroeconómica en el vacío. Cuáles son los sectores estratégicos, cuáles hay que preservar, acá todavía no hubo ninguna reflexión sobre esto. Hay que tener un proyecto que le dé sentido a todas estas políticas macroeconómicas de corto plazo y a la mirada sobre el endeudamiento también.

Y todo esto en el marco de la pandemia…

-La experiencia dice que las pandemias no son para siempre, de un modo u otro terminan porque como mínimo las sociedades aprenden a lidiar con el problema. En la medida en que esto ocurra en buena parte del mundo, creo que la recuperación económica va a ser relativamente rápida.

 

Entrevista: Pablo Martínez Levy
Ilustración: Marcelo Spotti

 

 

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