Redacción Canal Abierto | “En sólo un trimestre hay 5 millones de pobres más y dos millones de indigentes más. Al segundo trimestre del año 2020 y sin haber un horizonte claro de resolución de la situación epidemiológica, los niveles de pobreza treparon al 47,2% y la indigencia al 12,4%”.

Los números que menciona el director del Banco Nación Claudio Lozano surgen de un informe elaborado por él, junto a Agustina Haimovich y Ana Rameri del Instituto de  Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP). En términos de población, esos porcentajes hablan de 21,5 millones de pobres y 5,6 millones de personas con hambre.

Ayer, el INDEC mostró cifras preocupantes: la pobreza alcanzó al 40,9% de la población (cerca de 18 millones de personas) y al 30,4% de los hogares, mientras que la indigencia al 10,5% (3 millones de personas) y 8,1%, respectivamente. Y el panorama arrojado por el informe del IPyPP en base a datos del segundo trimestre del año establece un panorama aún peor.

En él consta que uno de los rasgos más preocupantes del escenario social es que la incidencia de la pobreza golpea con más fuerza a los niños y niñas. Mientras en el semestre la pobreza alcanzó al 40,9% de la población total, entre los niños/as de 0 a 14 llegó al 56,3%, cuatro puntos porcentuales por encima del semestre anterior. Por su parte, la indigencia llegó al 15,6% (+2 puntos porcentuales). Ello se traduce en que cayeron bajo la línea de pobreza casi 432 mil chicos y bajo la línea de indigencia 218 mil. El total suma 6,2 millones de chicos pobres y 1,7 millones de indigentes.

Actividad y desempleo

En el período de análisis del estudio están comprendidos los meses más críticos luego de declararse la pandemia, que fueron abril y mayo, cuando la caída de la actividad tuvo una variación del orden del -26%. Según el informe, durante el semestre completo y por efecto del parate general producto del COVID-19, se sumaron 4,1 millones de personas a la pobreza y 1,7 millones que no logran alimentarse adecuadamente.

Sucede que con la caída de la actividad subió la desocupación. Producto de la pandemia pero también, según explica Lozano, se debe a que el desplome del empleo es mayor en los países que cuenten con mercado de trabajos más desprotegidos como es el caso de Argentina.

En efecto, la destrucción de empleo más importante se dio en las categorías informales: de los 3,7 millones de ocupaciones menos, 2 millones eran asalariados no registrados y 1,2 millones inserciones de autoempleo (mayormente de subsistencia).

“No obstante los esfuerzos fiscales realizados, las cifras de pobreza y hambre dan cuenta de que actualmente estamos orillando el 50% de la población por debajo de la línea de pobreza y a pesar de los refuerzos alimentarios (a través de la tarjeta Alimentar) el hambre afecta al 12%. Es inevitable entonces concluir que, si bien la intervención del Gobierno fue activa, ésta fue insuficiente”, señala el estudio.

Evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). 2004=100.

Fuente: Elaboración IPyPP en base a INDEC.

Más pobres y para siempre

El estudio del IPyPP hace un análisis histórico de la tasa de pobreza e indigencia, desde octubre de 1988“Es inevitable señalar que la Argentina vuelve a trepar a niveles de empobrecimiento históricos, solamente experimentados durante las grandes crisis a lo largo de la historia económica reciente como lo fueron como la salida de la convertibilidad (57,5%) o la hiperinflación (47,3%) secuencia a la que, sin lugar a duda, se incorpora la vigente crisis pandémica con el agravante de que tal deterioro se produjo en un período de tiempo muy breve”, considera Lozano.

También señala que, luego de las crisis agudas, sucede un tiempo de recomposición y restauración de las condiciones de vida

“Sin embargo, nunca se logra regresar a los niveles de pobreza anteriores al salto y por lo tanto, se inauguran secuencialmente en la historia nuevos pisos de pobreza estructuralmente más elevados –afirma-. La gravedad del hecho de que estemos orillando hoy el 50% de pobreza en la Argentina es doble: no sólo por lo alarmante de la situación inmediata sino también por las altas probabilidad de que, de no mediar transformaciones profundas, asistamos al comienzo de una nueva fase con una pobreza estructural más extendida”.

Evolución histórica de la tasa de pobreza e indigencia. Período Octubre 1988 – 2do trimestre 2020.

Fuente: Elaboración IPyPP en base a EPH – INDEC

Medidas para salir de la crisis

Una de las principales causantes que señalan desde el IPyPP de la aceleración del crecimiento de pobreza e indigencia es la inflación producto de “la indisciplina del poder económico”.

Para el Instituto, el Poder Ejecutivo debería declarar de interés público a aquellas actividades que ocupan un lugar central para afrontar la emergencia, como lo son la producción y comercialización de alimentos. “Esta declaración hubiera permitido la intervención del Estado sobre aquellas firmas o actividades que no sujeten su comportamiento a las necesidades de la reproducción social, comportamiento que resulta aún más reprensible en el caso de las grandes empresas de alimentos y bebidas que de hecho han tenido en los últimos años un incremento en su facturación superior al promedio de la cúpula económica. Asimismo, propiciamos que se avance en medidas concretas para organizar la producción de la canasta básica en base a un plan que incorpore a la economía popular, la agricultura familiar, las pymes y las cooperativas”, manifiesta.

Por otro lado, desde el organismo destacan la importancia que ha tenido el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y, en base a eso, proponen una Renta Básica Universal para afrontar la emergencia y para extenderla durante la postpandemia, que no fue contemplada en el Presupuesto 2021.  La misma contemplaría un salario universal y la Asignación Por Hijo (AUH) “que permita conformar un umbral de dignidad social, un piso salarial efectivo para el conjunto de los trabajadores y trabajadoras y darle impulso al mercado interno para que ponga en marcha la capacidad ociosa y reactivar la economía”.

“No es suficiente la aclaración a favor de la voluntad de sostenerlo en caso de continuar la emergencia pandémica porque el nivel de deterioro social alcanzado, independientemente de la pandemia, precisa en realidad de la multiplicación de las medidas desplegadas”, concluye.

 

Foto: Andres D’Elia / Clarín

Recibí más periodismo de este lado

Nuestros temas