Carlo Vercellone, economista italiano en la tradición del operaismo, estudia la irrupción de nuevas formas de valorización del trabajo –comprendiendo el trabajo social no reconocido–, a partir de la proliferación informática, la racionalidad algorítmica y la permanente desterritorialización de la actividad humana. A esa revolución opresiva del trabajo se le opondrá otro devenir revolucionario dentro y contra el trabajo.

Este ciclo de formación, “La revolución, esa promesa endemoniada”, fue organizado por Red Editorial y el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas.

“La tendencia intrínseca del trabajo cognitivo a hacer porosas las fronteras entre el trabajo y el no trabajo también se multiplica con la revolución informática. Esta dinámica tiene una naturaleza profundamente ambivalente. Favorece tanto el desarrollo de nuevas formas de trabajo y de captura del valor por parte de las empresas, como el desarrollo de formas de cooperación e intercambio productivo fuera de la lógica del mercado. Resulta en una tensión creciente entre la tendencia a la autonomía del trabajo y el intento del capital de someter el conjunto de los tiempos sociales a la lógica heterónoma de la valorización del capital.”
Carlo Vercellone (“Renta social incondicionada”, en Revista Ignorantes, Red Editorial)

Algunos fragmentos de la intervención:

“Esta nueva organización social de la producción y esta nueva tipología de los bienes del capitalismo cognitivo ha socavado profundamente el modelo de beneficio del viejo capitalismo industrial, tanto en las industrias mediáticas y culturales como en la producción más tradicional.
Desde un punto de vista lógico, la caída del tiempo de trabajo necesario para la producción y la ampliación de la esfera de la gratuidad debería implicar, de hecho, un colapso igualmente drástico de la masa del valor de los bienes producidos y, por tanto, de las ganancias asociadas a ellos.
Estas transformaciones han enfrentado al capital a un desafío completamente inédito que explica en gran medida lo que hemos llamado en otras oportunidades el devenir renta de la ganancia.”

 


Para el capital se ha convertido en una verdadera cuestión de vida o muerte encontrar la forma de contrarrestar la crisis de la ley del valor e intentar conducir la misma inteligencia difusa al marco de un proceso de creación de valor y plusvalía.

En síntesis, podemos afirmar que para enfrentar este desafío el capitalismo ha desarrollado dos estrategias principales aparentemente opuestas, pero en realidad son complementarias y a menudo utilizadas simultáneamente por las grandes empresas tecnológicas líderes del capitalismo cognitivo e informacional.

La primera estrategia se ha basado en un formidable refuerzo y ampliación de los derechos de propiedad intelectual que ha llegado a destruir fronteras tradicionales entre invención y descubrimiento, generando la llamada “tragedia de los anticomunes” del conocimiento ligados a un exceso de su privatización.

Esta estrategia se ha completado con el desarrollo de las tecnologías del Digital rights management que, a través de una modificación del código, han intentado hacer reingresar forzosamente los bienes materiales en la esfera de los llamados bienes privados (es decir, volviéndolos de nuevo rivales y excluibles a través de los precios).

Sin embargo, en ambos casos, el objetivo del capital es aquí escapar de la crisis de la ley del valor creando una escasez artificial de recursos para mantener artificialmente elevado el precio de los bienes y salvaguardar las ganancias.

Se trata del modelo privilegiado a fines de los años ’80 por Microsoft y Apple y que sigue siendo el pilar del modelo rentístico y de ganancias de los grandes gigantes de la industria farmacéutica y la biotecnología como Novartis, Roche, Johnson & Johnson.

La segunda estrategia consiste, en cambio, en aceptar, al menos en parte, el vínculo de la gratuidad de toda una serie de bienes y servicios inmateriales, pero convirtiéndola en la palanca misma de un nuevo modelo de beneficio y organización del trabajo capaz de explotar gratuitamente la fuerza productiva de la inteligencia difusa.

Esta segunda estrategia encuentra su forma paradigmática en el modelo de la llamada “gratuidad mercantil”, un concepto que, aunque pueda parecer un oxímoron, se encuentra en el centro mismo del funcionamiento del capitalismo de plataforma y designa una relación económica en la que la gratuidad no tiene paradójicamente otro propósito que el de permitir a las empresas aumentar sus beneficios.”

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