Canal Abierto Radio | En los últimos meses, entre el congelamiento de las rentas y la prohibición de los desalojos, sumado a la reglamentación de la Ley de Alquileres que implica un registro de las locaciones, y con las discusiones en torno al acceso a la vivienda, muchas discusiones se han focalizado en el negocio inmobiliario.

“Desde el Censo de 1991 al último censo de 2010, se decuplicó la tenencia de viviendas vacías en la CABA, hay 288.000 que figuran en el último censo, de 31.000 que habían en el ‘91” explicó el titular de la Defensoría del Inquilino en la Ciudad de Buenos Aires, Fernando Muñoz.

Si bien aclaró que se considera vivienda vacía a “los timbres no contestados”, es la única referencia que existe mientras no haya un registro de las locaciones en alquiler. Tiene que ver con un plan económico liberal que impulsó la mercantilización de las viviendas desde la década del ’90, y que se profundizó luego de la crisis del 2001. Esta situación solo se asemeja en grandes ciudades como Rosario y Córdoba.

Para una ciudad que esté planificada para vivir, es un problema, si no está regulado por el Estado” explicó Muñoz. “Me pasa a mi con un vecino de mi edificio en la zona de parque Chacabuco, que alquila de forma temporaria, a un precio que prácticamente era un 70% más de lo que pago yo” comentó, y por lo tanto, “el dueño de mi departamento era si realmente yo le estaba pagando lo que debía”.

“La cuestión de la cantidad de viviendas vacías es una incógnita, si están muchas para uso turístico, y otras que ni siquiera están en el mercado de alquiler. Luego la cantidad de inquilinos en la ciudad de Buenos Aires, no hay un registro, porque no se registra la actividad inmobiliaria, ahora lo va a hacer la AFIP, y por eso el gobierno cede en levantar el decreto de protección de vivienda” detalló el Defensor de Inquilinos.

Para un alquiler temporario, las inmobiliarias ponen distintas condiciones que a veces, para quienes no poseen un sueldo registrado, una garantía de propiedad, es difícil o imposible de cumplir. En cambio, un contrato temporal les permite cobrar comisión, pedir menos requisitos, y aumentar el precio en plazos de uno, tres o seis meses. Son la alternativa perfecta para sostener la alta demanda, sobre todo para migrantes a quienes se les puede cobrar en dólares. 

Escuchá la nota completa:

Recibí más periodismo de este lado

Archivo historico