Por Gladys Stagno | “La tremenda concentración se esconde bajo el derecho de la propiedad privada. Y no le importa, porque la propiedad privada es el bien sumo, si por ella se mueren de hambre millones de personas”. Para Elías Musse, el “cura Elías” como lo conocen por Victoria, Entre Ríos, las declaraciones de Francisco son más necesarias que escandalosas. El Papa está, dice, “sembrando para el futuro” un pensamiento que necesita tiempo para madurar en momentos donde urge repensarlo todo.

Y es que Jorge Bergoglio, en la apertura de la centésimo novena Conferencia Internacional del Trabajo que tuvo lugar el jueves pasado, se dirigió a gobernantes, empresarios y dirigentes sindicales y, a través de un video en español, les dijo: “Siempre, junto al derecho de propiedad privada, está el más importante y anterior principio de la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y, por tanto, el derecho de todos a su uso. A veces, al hablar de propiedad privada olvidamos que es un derecho secundario, que depende de este derecho primario, que es el destino universal de los bienes”.

La frase reedita lo que ya había señalado el año pasado en su encíclica Fratelli tutti, pero despertó la indignación de quienes se apuraron a calificarlo de “populista” e “irresponsable”. Para el Padre Elías, que formó parte del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en los 70 junto a Carlos Mugica, estas ideas “no tienen nada de nuevo”.

“Es más: hunden sus raíces en la antigua Edad Media. Pero ‘propiedad privada’ era entonces la casa para vivir con la familia y las herramientas para conseguir el alimento. En la sociedad capitalista pasó a ser una concentración de todos los recursos en pocas manos”, sostiene.

¿Por qué provocan esta reacción las palabras del Papa?

–Ya Juan Pablo II había dicho que la propiedad privada es algo que está hipotecado socialmente, y que hay que relativizarla. La propiedad privada es un principio, evidentemente, relativo, y por supuesto que es parcial, porque si vamos a defender la propiedad privada defendamos la propiedad privada de los pueblos originarios, la de las leguas que el gobierno argentino les entregó a los ingleses para hacer el tendido de vías. Como hay dos modelos en pugna, que Francisco saliera diciendo eso en una convención como en la que lo pronunció, iba a provocar revuelo.

Algunos sostienen que esto que dice Francisco va contra el mandamiento de “No robarás”…

–Cuando se usa así La Biblia y las Escrituras, es usarla como una licuadora: ponen la fruta que quieren y sacan el jugo de la fruta que ponen. Y La Biblia no es eso. “No robarás” es “no dejarás al pobre sin su manto de noche”, para que pueda vivir. Lo que importa es la propiedad sobre la vida, la responsabilidad sobre la vida. Y la vida no es un bien individual, que yo vivo en un departamento de 2 metros por 2: la vida es algo social, porque hay vida en el pueblo, en la medida en que podemos construir un pueblo.

Todo esto es doctrinal, y la doctrina resbala porque hay intereses. Nadie va a renunciar a lo que tiene por una serie de enunciados doctrinales, es una tensión histórica. ¿Qué clase de propiedad privada es que un banco me preste $100 y yo tenga que devolver $300? Eso es usura. Llegó el préstamo del FMI y la plata se fue a cuentas en el extranjero. ¿Ahí no hay propiedad? ¿El pueblo no tiene derecho a su propiedad? ¿Tiene que pagar algo que él no usufructuó? La doctrina de defensa de la propiedad privada hace agua por varios lados, sobre todo cuando se la defiende bajo la óptica de la concentración, cuando defiende que en pocas manos estén los grandes recursos de la mayoría.

 

Verdades que se harán carne

Como el Papa Francisco, el Padre Elías es de formación jesuita, congregación donde estudió Economía, Estadísticas, Sociología y Antropología. Hoy, ya jubilado, sigue dando misas comunitarias en algunas ocasiones, y en su refugio asiste a personas en situación de calle, conduce un comedor y ayuda a quienes atraviesan vulnerabilidades diversas. “Él sigue haciendo su carrera tercermundista, como lo hizo siempre”, dicen en Victoria.

¿Qué enseñanzas del Movimiento de los Curas del Tercer Mundo deberíamos reflotar ahora?

–Si vos comparás las declaraciones que se hacían en el Movimiento con las que hace el Papa o los obispos hoy día, son más tremendas las declaraciones actuales. Nuestras afirmaciones comparadas con las de hoy eran tibias. 

Quizá porque el mundo hoy es más tremendo…

–Puede ser. Yo viví 80 años y no he visto un proceso de concentración de riqueza tan grande como el que se generó en la pandemia: se quedaron muy poquititos con todo, a nivel mundial. Las vacunas son un bien, pero para algunos son una mercadería, y no es casual que los países del norte hayan vacunado a la mayoría y el resto no.

¿Y este momento nos enseñará algo?

–Lo que resulta interesante de la pandemia es que si hay un ser humano que no es vacunado pone en riesgo a los 7.000 millones de habitantes de la Tierra. Esto muestra que no me puedo salvar solo y que no me importen los demás. La primera pandemia que sufre la Humanidad nos hace dar cuenta de que si no garantizás la salud de todos no garantizás tu propia salud. Es una realidad muy elocuente.

En este contexto, que el líder de la Iglesia Católica, referente espiritual de millones de personas en todo el mundo, ponga en tela de juicio la propiedad privada ¿abre un camino distinto?

–Sí, que va a dar frutos en el futuro, no ahora. Ahora, a lo sumo, será un eslogan que yo voy a pronunciar desde el altar ante las personas que tengo en la parroquia, pero que no va a conmover a nadie. 

¿Por qué?

–Porque las ideas llevan un proceso de maduración en el tiempo. Y, en el futuro, estas verdades se van a hacer carne. Francisco está sembrando para el futuro. 

Foto: AFP

Las sotanas de los pobres
La historia de los curas del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo forma parte del ensayo de Daniel Parcero y Carlos Escobar que se publicó bajo el título Las sotanas de los pobres. Los curas de los oprimidos.

Allí, se recopilan los testimonios en primera persona de los sacerdotes argentinos que hicieron una opción preferencial por los pobres.

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