Redacción Canal Abierto | Luego de la sesión fallida del 5 de octubre donde la bancada de Diputados de Juntos por el Cambio no bajó al recinto e impidió que se tratase la Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos –que muchos interpretaron como un triunfo del lobby empresario sobre la democracia alimentaria– este martes fue el día.

En la vuelta a la presencialidad, la Cámara baja debatió por cerca de 12 horas y aprobó la ley con 200 votos a favor, 22 en contra y 16 abstenciones. La misma recibió el apoyo del oficialismo y de parte de la oposición, aunque todos los votos en contra y las abstenciones fueron de los partidos que conforman Juntos por el Cambio.

La norma busca identificar los alimentos procesados y ultraprocesados para promover una alimentación saludable. Se trata de la colocación de una serie de sellos negros octogonales y letras blancas en mayúscula en el frente de los alimentos con altos contenidos de sodio, azúcares, grasas saturadas, grasas totales y calorías, que permitan a los consumidores identificarlos fácilmente.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 76% de las causas de muerte son enfermedades no infecciosas, en su gran mayoría vinculadas a cómo nos alimentamos. La lista está encabezada por las cardiovasculares (infartos, hipertensión), la diabetes, los cánceres (en especial, del sistema digestivo) y las enfermedades renales.

En la Argentina, las ventas de alimentos y bebidas ultraprocesados alcanzan los 185 kg/año por persona. Esos números colocan a nuestro país en el tercer puesto de América Latina y el 14 a nivel mundial, de los que más los consume. Como consecuencia, la obesidad infantil afecta a cuatro de cada diez menores argentinos.

Con la intensión de mejorar esos indicadores, la nueva ley también regula la publicidad de estos alimentos dirigida a niños, niñas y adolescentes, a la que le prohíbe la utilización de figuras públicas, dibujos animados o personajes infantiles.

“El actual sistema alimentario industrial es en gran medida responsable de que suframos las comorbilidades más riesgosas para quien contrae COVID, como son la diabetes y la hipertensión (ambas directamente relacionadas con una alimentación no saludable)”, afirmó Silvia Ribeiro, directora para América Latina de Erosión Tecnología y Concentración (ETC), en diálogo con Canal Abierto.

En la región ya son varios los países que avanzaron en iniciativas similares, entre ellos Perú, Uruguay, México y Chile. En este último país, desde que se implementó, descendieron un 60% las ventas de algunos alimentos considerados “poco saludables”.  

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