Por Gladys Stagno | “El verso de que la apertura económica beneficia al consumidor hay que relativizarlo. En realidad, están colocando en el mercado los productos a precios elevadísimos, incluso respecto al mismo producto en otro mercado”, sostiene Claudio Lozano sobre una de las supuestas verdades sagradas de los liberales.
El planteo surge del último informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), que desnuda las consecuencias de una política aperturista que el Gobierno vendió como el camino a la tierra prometida del consumo, pero resultó un desierto.
Titulado “Las grandes empresas ante la apertura importadora del gobierno de Milei. Repliegue industrial y elevados márgenes de rentabilidad”, el informe del instituto que lidera el economista y presidente de Unidad Popular le pone números a la estrategia a la que apostaron las principales empresas del país.
“El rasgo central es el pasaje desde la producción industrial y la importación de insumos y partes hacia la importación de bienes terminados para su venta en el mercado interno —detalla el informe—. Esta reconversión viene acompañada por despidos, suspensiones, cierres de plantas, levantamiento de líneas de producción y reemplazo de fabricación nacional por mercadería importada”.
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Luego agrega: “Pero el dato decisivo es que esta estrategia no implica resignar rentabilidad. Por el contrario, los bienes importados llegan al consumidor final con precios muy por encima de sus costos de importación, lo que permite sostener márgenes brutos muy elevados”.
El ejemplo Lumilagro
A modo de ejemplo, el equipo del IPyPP integrado por Gustavo García Zanotti y Martín Schorr analiza —entre otros— el caso de Lumilagro, famoso por la fallida jactancia en su cuenta oficial de X de cómo despedir trabajadores (despidió 170) había redituado en termos más baratos.
La realidad dice lo contrario: el estudio asegura que un termo con costo de importación de $8.178 se vende en la Argentina a $44.000 sin impuestos, 5,4 veces más caro.
“Estás haciendo un margen bruto de ganancia entre el costo de importación y el precio al que lo colocás del 448% —detalla Lozano—. Es más, Lumilagro exportó termos a los Estados Unidos, y allí los coloca a un precio equivalente a $15.500”.
Situaciones parecidas ocurren en otras empresas de distintos sectores: artículos de cocina, automóviles, electrodomésticos, calzado, muebles, celulares, alimentos e higiene.
En Essen, una cacerola con costo de importación de $50.055 se ofrece a $384.000: 7,7 veces más cara. En Easy, una silla plegable con costo de importación de $4.230 se vende a $32.000: 7,6 veces más. Y en Adidas, una zapatilla con costo de importación cercano a $26.790 se comercializa a $100.000: 3,7 veces más.
Así, en la apertura importadora “la desindustrialización no aparece como un efecto colateral, sino como parte de una reconfiguración empresaria que erosiona capacidades tecno-productivas acumuladas durante décadas y debilita el mercado interno al destruir empleo e ingresos”, resume el informe.
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Ilustración: Marcelo Spotti

