“Hay ruido a platos vacíos en Argentina”: 7 de cada 10 familias suprimen una comida diaria

“El plato vacío es la situación real del 66% de las familias” denunciaron frente a la sede de un Ejecutivo que solo festeja los datos de una macro supuestamente ordenada. Libres del Sur y el Isepci dieron a conocer los resultados de un relevamiento en barrios populares.
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Redacción Canal Abierto | “Hay ruido a platos vacíos en Argentina”, escribió el Indio Solari en su última carta. Este viernes por la mañana, frente a la Casa Rosada en Plaza de Mayo, Libres del Sur dio a conocer una encuesta realizada junto al Isepci (Instituto de Investigación Social, Económica y Política), sobre un universo de trabajadores formales y precarizados, desocupados y jubilados. “De la misma surge que casi 7 de cada 10 familias tuvieron que suprimir una de las comidas diarias por razones económicas», señaló Silvia Saravia, referente nacional de la organización.

“Quienes antes ayudaban a comedores y merenderos, hoy nos piden ayuda. Familias que antes hacían donaciones, hoy tienen dificultades para llegar a fin de mes o para garantizar la comida en sus casas: el 77% de las familias entrevistadas se privó de consumir lácteos, carnes, verduras frutas, cereales o legumbres por falta de dinero”, afirmó. En el caso de los jubilados, directamente “8 de cada 10 nos dicen que la jubilación no les alcanza para alimentarse de forma adecuada”.

La dirigenta destacó que “se privaron de consumir alimentos nutricionalmente relevantes el 59% de encuestados con trabajo registrado, el 81% con trabajo informal, el 89% de desocupados y el 78% de jubilados. Queda expuesto que tener trabajo no es suficiente para salir de la inseguridad alimentaria”.

“Más del 83% de los hogares que relevamos cuentan con niños, niñas y adolescentes hasta 18 años a cargo. Las consecuencias de alimentarse mal serán condicionantes de la salud en el corto y mediano plazo. Las enfermedades asociadas a la malnutrición, como la diabetes y las cardiovasculares profundizarán su prevalencia en nuestras infancias. Es demoledor”, concluye Saravia.