La comunidad científica internacional alerta por el desmantelamiento de la ciencia argentina

Más de 2.600 investigadores y una veintena de premios Nóbel del mundo firmaron un documento crítico con la política de ajuste del gobierno de Milei y su impacto sobre la salud, la producción y la vida cotidiana de los argentinos. Las cifras de un cientificidio en curso.
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Publicada originalmente el 31 de junio de 2026

Redacción Canal Abierto | “La comunidad científica internacional les solicita nuevamente el cese al desmantelamiento del Sistema Argentino de Ciencia, Tecnología e Innovación”. Con esa definición comienza la carta abierta impulsada por el biólogo molecular Alberto Kornblihtt y la física, investigadora y diputada nacional Adriana Serquis, que reclama al gobierno de Javier Milei detener el ajuste sobre la ciencia y advierte que el país atraviesa un proceso de deterioro sin precedentes de sus capacidades científicas y tecnológicas.

El pronunciamiento recuerda que la preocupación de la comunidad científica mundial no es nueva. De hecho, remite a la carta difundida en 2024 y firmada por 68 ganadores del Premio Nobel, quienes entonces alertaron que la ciencia argentina se dirigía hacia un “peligroso precipicio”. Lejos de revertirse, sostienen ahora los firmantes, “aquellas preocupaciones se han profundizado, excediendo límites impensados incluso en aquel entonces”.

Para los autores, el escenario actual ya no puede describirse únicamente como un ajuste presupuestario. Se trata de un proceso de desarticulación de uno de los sistemas científicos más importantes de América Latina, construido durante décadas mediante inversión pública y reconocido internacionalmente por sus aportes en salud, energía, biotecnología, producción agropecuaria, industria, ciencias sociales y desarrollo espacial.

Un ajuste que alcanza a todo el sistema

La carta enumera una serie de indicadores que, a juicio de la comunidad científica, reflejan la magnitud del desmantelamiento. Entre ellos, destaca que la inversión estatal destinada a la función Ciencia y Técnica cayó hasta representar apenas el 0,14% del Producto Bruto Interno, al tiempo que el sector perdió “casi ocho puestos de trabajo por día desde diciembre de 2023”.

El documento también denuncia la disolución del Instituto Nacional del Cáncer, del Instituto Nacional de Semillas (INASE), del Instituto Nacional del Agua (INA) y del Instituto Nacional de Medicina Tropical (INMET); la reducción de funciones de la ANMAT; los recortes de personal y la venta de tierras del INTA; los 26 meses de ingresos congelados para proyectos financiados por la Agencia I+D+i y la suspensión de la cobertura médica de trabajadores del sistema científico en buena parte del país.

Los firmantes advierten además que la falta de presupuesto y de personal compromete el funcionamiento de organismos estratégicos como la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS), el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la Fundación Miguel Lillo y la Administración de Parques Nacionales.

La advertencia alcanza también a las universidades nacionales, donde —recuerda la carta— trabaja el 80% de quienes hacen ciencia en la Argentina.

¿Una nueva Noche de los Bastones Largos?

Uno de los pasajes más duros del documento apunta a la creciente intervención de fuerzas de seguridad en organismos científicos.

“Nos consterna cómo, además de padecer el mismo desmantelamiento, algunos organismos científicos han sido militarizados en el último tiempo en escenas descritas como una ‘nueva Noche de los Bastones Largos’”, señala la carta.

En ese marco, los investigadores expresan su solidaridad con los trabajadores despedidos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), consideran «inadmisible» el bloqueo de sus instalaciones por parte de la Gendarmería Nacional y cuestionan la creciente militarización del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

También repudian la represión sufrida por trabajadores del CONICET durante las protestas contra 379 despidos y el vaciamiento de las carreras de Personal de Apoyo y de Investigador.

“Estas son escenas inéditas a nivel mundial: resulta impensable recuperar ejemplos de gobiernos que violenten físicamente a sus científicos”, sostiene el pronunciamiento.

El riesgo de perder capacidades estratégica

Para la comunidad científica internacional, el problema trasciende la situación laboral de investigadores y becarios. “Esto no impacta únicamente sobre quienes integran la comunidad científica, sino a sus capacidades acumuladas”, afirma la carta.

Como ejemplos concretos, menciona la eliminación de los Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT), reemplazados por un nuevo instrumento de financiamiento que “nunca fue ejecutado”, así como la paralización de iniciativas consideradas estratégicas para el desarrollo nacional.

Entre ellas figuran el reactor nuclear CAREM, la planta de producción de radioisótopos del Reactor Argentino Multipropósito RA-10 y el Radiotelescopio Chino-Argentino (CART), proyectos que involucran desarrollos tecnológicos de alto valor agregado y posicionan a la Argentina entre el reducido grupo de países con capacidades propias en materia nuclear y espacial.

Mucho más que un conflicto sectorial

El documento también reivindica el papel histórico de la ciencia argentina en la producción de conocimiento con impacto global.

Recuerda los aportes realizados en la identificación de enfermedades y tratamientos, la producción de tecnología alimentaria, la conservación ambiental, la física de partículas, la virología, la genética, la geología y la paleontología.

Destaca, además, que Argentina llegó a ocupar el décimo lugar mundial en cantidad de empresas biotecnológicas, desarrolló variedades de trigo resistentes a la sequía mediante investigación pública y conserva capacidades propias en materia satelital y de energía nuclear, además de una reconocida producción académica en Ciencias Sociales y Humanidades para el diseño de políticas públicas.

“Estos son solo algunos ejemplos de articulación de la Ciencia y la Tecnología argentina con el desarrollo productivo del país y el mundo”, sostienen los firmantes.

Y agregan una advertencia de fuerte contenido político: “La totalidad de quienes habitan el planeta se benefician con el legado científico-tecnológico argentino, y atentar contra sus organismos impacta sobre la soberanía e independencia económica del país”.

Un llamado a detener el desmantelamiento

Lejos de plantear un reclamo corporativo, la carta presenta la defensa del sistema científico como una condición para preservar capacidades estratégicas construidas durante décadas y evitar una pérdida difícilmente reversible.

“Instamos firme y respetuosamente al resguardo de las capacidades acumuladas y al mantenimiento y sostenibilidad en los organismos del sector”, concluye el documento.

Y cierra con la advertencia más contundente del pronunciamiento: “De lo contrario, se avizora la destrucción de un sistema que tardó muchos años en construirse, del cual se benefició la humanidad en su conjunto, y que requeriría muchos más años para ser reconstruido”.