Publicada el 20 de agosto de 2026
Por Manuel Rodríguez | Tony Coleman es, según quienes lo conocen, el último eslabón de una cadena que ya casi no tiene sobrevivientes.Baterista de B.B. King durante más de dos décadas, integrante de aquel grupo que supo compartir escenario con Pappo, Billie King y Deacon Jones, Coleman es el protagonista de La Promesa, el nuevo documental de José Celestino Campusano. La película se presentará en una función única como avant premiere el próximo sábado 22 de agosto a la medianoche en el Cineclub Nocturna del MALBA, con la presencia del músico, del director y de la banda Aerophonicos.
Campusano define a La Promesa como un “aporte intermedio a la cultura”, una obra que se mueve en una zona híbrida entre la ficción y el registro documental. “No es del todo ficción, no es del todo documental”, explica el director a Canal Abierto.
“Tiene que ver con romper realmente las limitaciones de los géneros e integrar hasta los dispositivos, que entren en plano, que entren en luces. Acá sucede una verdad que no tiene que ver con esas puestas en escena que siempre funcionan para el lado del ocultamiento”, expone Campusano.
Esa apuesta por la transparencia se traduce en la decisión de mostrar el detrás de cámara, los diálogos con el equipo y hasta los ensayos y recitales tal como ocurren.
“La partida de Tony es la partida real, los recitales son los recitales reales, y el pensamiento de él cuando habla de Eric Clapton y demás son sus pensamientos. Ayer estuvimos reunidos y son los mismos pensamientos de ayer y de toda su vida”, afirma el director.
La película sigue a Coleman en su regreso a Buenos Aires, una ciudad que conoce bien y donde aún resuenan los ecos de su amistad con Pappo. “Él se apropia de esa argentinidad, como lo vemos todo el tiempo con esa camiseta de Boca”, destaca Campusano. El baterista, que recorrió 98 países durante tres décadas junto a BB King, encuentra en Argentina un trato que contrasta con otras experiencias. “Acá, como él lo resalta, se lo ha tratado excelente”, dice el director.
Y agrega que “él contrapone su versión a la de actores afro como Samuel L. Jackson, que decía que Argentina es un país peligroso y racista. Eso es una campaña de desprestigio que ya sabemos de dónde viene, consecuencia de aquella sábana que se mostró en el partido contra Inglaterra. Toda una campaña para desmoralizar, descalificar por dentro y hacer daño por fuera”.
El vínculo de Coleman con el público argentino no es casual. Campusano recuerda que en los años 90, los músicos de blues tuvieron una gran acogida en el país, y allí se forjó la relación entre Pappo y figuras como BB King. “Él se apropia de esa argentinidad”, insiste el director, refiriéndose a cómo Coleman asume ciertos códigos locales y los hace propios.
Pero La Promesa no es solo un recorrido nostálgico. El documental aborda con crudeza el “extractivismo musical y cultural”, una práctica que, según Coleman, ha permitido que la industria se apropie de la cultura afro sin retribuir a sus creadores. “Siempre dicen que los blancos lo único que han hecho es apropiarse de esa cultura y lucrarla, mientras ellos terminan como músicos pobres”, comenta Campusano. Y pone un ejemplo: “Nos contaba que músicos de Earth, Wind and Fire hoy no tienen cobertura social, no tienen para comer. Tocan y viven, o dejan de tocar y viven en la calle. En Estados Unidos es tan trágico como eso”.
Coleman, según el director, no tiene problemas en señalar estas desigualdades. “Las comunidades afro no suelen denunciar por una cuestión de no ser excluidas, pero él no tiene ningún problema y lo dice donde vaya”, afirma Campusano. La relación con los músicos latinos, en cambio, es distinta. “Para Tony, los latinos somos afros. No hay ningún tipo de distancia, nos ven como iguales. De hecho, yo también lo siento así. He filmado en Estados Unidos y no he tenido problemas con la comunidad afro. Con los caucásicos tampoco, pero son otra cosa. A veces hacer negocios con ellos es muy difícil”, relata el realizador.
La película también incluye una subtrama ficcionalizada, que es una disputa, que amenaza con irse a las manos, que mantiene el propio Campusano con Victor Sanders, el bajista de la banda argentina que acompaña a Coleman en nuestro país. Este arco narrativo funciona como vehículo narrativo para llegar al mensaje final: “El enemigo está en otro lado”.
“A mi juicio, no estamos realmente tan unidos como deberíamos. Esta gente se especializa en confrontarnos. Por algo están en el poder. Alientan bandos de derecha y de izquierda, como vienen haciendo hace siglos. Y gobierna quien gobierna, ellos están en el poder. Son grupos bastante escatológicos políticamente, gente despreciable. Mientras antes entendamos que nuestros pares no son rivales y que tenemos que cerrar filas, mucho mejor”, explica el realizador respecto de la elección de esa frase.
Esa reflexión sobre la unidad popular se entrelaza con la coyuntura política actual. Campusano traza un paralelo entre Argentina y Estados Unidos. “Él nos comenta que en Estados Unidos hay épocas de severo fascismo. La comunidad afro está perdiendo muchísimos espacios, está siendo atacada más que nunca. Tiene que ver con una cuestión netamente cultural: gente que se marea si pone dos verbos en una frase y de repente quiere enarbolar una batalla cultural. Gente inculta, ignorante, bruta. En Estados Unidos pasa algo muy similar a lo que pasa acá ahora”, relata el director.
Y agrega, con un tono que no admite medias tintas que “estas cúpulas políticas no representan a nadie. Representan intereses mezquinos de un pequeño grupo de gente maldita, que todo lo que hace, dice o piensa es en contra de los derechos del pueblo”. Sin embargo, el director encuentra un contrapunto en la experiencia cotidiana. “Hace un par de años fuimos al sudeste asiático, a Europa, y lo único que encontramos fue empatía. Ahora mismo estamos en 28 viajando a México para dos largometrajes. La gente es otra cosa, muy distinta a lo que marca la agenda de estos desgobiernos”, dice.
Trailer
La apuesta por La Promesa no se detiene en el estreno. Campusano adelanta que el documental recorrerá festivales y que su estreno comercial está previsto para el primer semestre del año próximo. “Tony va a hacer una movida con productores en Estados Unidos. Además, es la BAM Premier, no es estreno. Vamos a instalar la película en festivales. Hay muchos festivales. Creo que para el año que viene, en el primer semestre, ya le estrenamos comercialmente”, adelanta el cineasta.
Por lo pronto, el sábado 22 de agosto, a la medianoche, Malba Cine será el escenario de una función que promete no ser una más. Tony Coleman, José Celestino Campusano y la banda Aerophonicos estarán presentes para compartir con el público esta «Promesa» que, entre blues, memoria y política, intenta recordar que, quizás, el enemigo está en otro lado.
Encuentro con el Diablo
Campusano tampoco elude el conflicto institucional. Se refiere a su reciente debate público con Carlos Pirovano, presidente del INCAA, y no oculta su descontento. “Lo primero que dice en ese debate es aclarar que no sabe de cine. Y el problema no es que no conozcas de cine, cualquiera puede no conocer. El tema es desde qué lugar te parás en la vida para asumir un cargo con sueldos millonarios, tomándole el pelo a un sector tan amplio que genera tanto caudal en el imaginario colectivo”, expresa el director.
Y justifica su intervención como una necesidad de “poner el cuerpo”. “Pérdida de tiempo es no hacer nada. No hacer nada es la peor pérdida de tiempo. Hay que poner la cara, desenmascarar y generar el espacio donde hablemos de lo que nos importa”, afirma. Y agrega: “Ayer estuve en una nota y me decían que no podían entender que en dos años y ocho meses de entrevistas a esta persona no se le dijo nada. Era como si se lo dejaba hablar y, si se burlaba, el entrevistador respondía con una sonrisa socarrona. Yo creo que es totalmente necesario”, sentencia Campusano.

