La cocina de la batalla cultural que desembarcó en Casa Rosada

En “El libro negro de la nueva derecha”, el sociólogo Ezequiel Saferstein reconstruye en cómo se gestó el proyecto político que llegó al gobierno. “El mundo de las ideas es una ventaja para observar procesos políticos que se cristalizan tiempo después”, dice.
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Redacción Canal Abierto | Un puñado de autores marginales pasó, en menos de una década, de vender ejemplares en presentaciones de nicho a influir en un gobierno. Ese recorrido es el que reconstruye El libro negro de la nueva derecha, del sociólogo e investigador del Conicet Ezequiel Saferstein, que sigue los pasos de los referentes de la batalla cultural, la infraestructura editorial que los sostuvo y su desembarco en el poder con Javier Milei. La obra será presentada el miércoles 8 a las 19 en Yunta Bar (Lavalle 3491, CABA), junto a Pablo Avelluto, Melina Vázquez y Mariano Shuster.

Saferstein coordina el Programa de Estudios sobre el Libro Político Contemporáneo de la Universidad Nacional de San Martín y durante ocho años recorrió actos, ferias y presentaciones de la ultraderecha. En diálogo con Canal Abierto, recordó los inicios de este trabajo, en 2018: “Empecé a ir a eventos, presentaciones, conferencias de actores de derecha, de derecha radical, aunque en ese momento no se lo llamaba así. Pero sí veíamos cómo se estaba construyendo una derecha de la derecha”.

“El gobierno de Macri estaba en problemas económicos, políticos, y empezaban a salir eventos desde sectores de derecha que lo habían votado como el menor mal, o incluso convencidos o militando, y veían que el gobierno no estaba haciendo las reformas que había que hacer. La habilitación del debate sobre el aborto por parte de Macri fue para ellos la gota que rebasó el vaso”, recapituló el autor.

Y dijo que lo que ocurría en esos encuentros llamaba la atención porque “veía eventos con muchos jóvenes, incluso que sorprendían a los propios organizadores, acostumbrados a tener un auditorio de gente mayor. El libro negó de la nueva izquierda,  de Nicolás Márquez y Agustín Laje,  prendió muchísimo en sectores amplios de la juventud, no solo en Argentina, sino en América Latina. Veíamos un montón de jóvenes entusiasmados que iban con el libro, hacían la fila para sacarse fotos o para que les firmaran su ejemplar. Ahí veíamos que había algo que se estaba moviendo”.

El primer hito que registra el libro es el acto en el Auditorio de Belgrano, en 2019, con Laje, Márquez y Milei. Saferstein aclaró que “en 2018 fue el primer evento al que fuimos, digo siempre en plural porque gran parte de la investigación la hice con Analía Goldentul”. En ese entonces, “el candidato que sonaba en el plano político era el salteño Olmedo”, con una fórmula que completaba Juan Bautista “Tata” Yofre, otro de los autores que forman parte de las bibliotecas de la derecha, que nunca se consolidó. Después llegaron otros intentos que “si bien sacaron una magra cantidad de votos, sí movieron bastante el amperímetro y el corrimiento del debate hacia la derecha”.

Para el investigador, hay una clave metodológica: “El mundo cultural, el mundo de los libros, el mundo de las ideas es una ventaja para observar procesos políticos que se cristalizan tiempo después, no en ese momento”.

Un capítulo del libro de Saferstein está dedicado a las editoriales especializadas en libros de autores de derecha. «Empiezo por Unión, que es la editora más pionera.  Si bien en un principio los autores se autoeditaban, financiaban sus propias publicaciones, después viene Unión, una pequeña editorial programática que surge en España, edita todos los libros de la escuela austríaca y tiene un catálogo bien definido en términos ideológicos. Un catálogo liberal-libertario, así autodenominado, y que en Argentina le hizo lugar a El libro negro de la nueva izquierda. Hablamos de libros no necesariamente libertarios en ese momento, sino más bien conservadores, reaccionarios, bien de derecha nacionalista”.

Hojas del Sur, en cambio, “surge unos años después y fue una veta comercial que la dirección editorial vio en una editorial bien comercial, que hacía libros de autoayuda, coaching empresarial, biografías. Pero al estar dentro de un universo religioso, de derecha, funciona dentro de una distribuidora que se llama Peniel, una editorial de libros cristianos». El salto se produce «cuando Laje es contratado por HarperCollins en Estados Unidos; esa editorial grande está vinculada con Hojas del Sur y ahí encuentran la veta. Entonces el editor directamente se lanza a convertir su editorial en la editorial de la batalla cultural”.

Sobre la relación entre Milei y sus referentes, Saferstein sostuvo que «tanto Laje como Márquez coinciden en que Milei fue el gran posibilitador de todo este movimiento para el cual ellos venían trabajando desde hace mucho. Pero muy probablemente, por sí mismos, sin Milei, no hubiera trascendido como trascendió».

Respecto de las diferencias entre Laje y Márquez, explicó que “los dos comienzan con los mismos temas: el tema de la dictadura, con una relativización y un discurso claramente crítico de los organismos de derechos humanos. Pero construyen perfiles diferentes. Laje es más erudito, cita constantemente autores, se ampara en la teoría política, en autores de las ciencias sociales, de la filosofía, no necesariamente de derecha. Márquez, desde sus orígenes, sus fuentes son principalmente autores liberales, conservadores, católicos, nacionalistas católicos. El arco religioso del Opus Dei, de Tradición, Familia y Propiedad”.

“Márquez es mucho más revulsivo, más brutal en su estilo confrontativo, mucho más belicoso que Laje, que también lo es, pero de una manera más matizada. Después fueron construyendo una pareja autoral que les resultó productiva. Uno tiene una fila, otro tiene la otra, pero básicamente piensan lo mismo”, añadió Saferstein.

El lugar del libro en ese universo es otro de los ejes abordados por el sociólogo. “El libro es importante tanto para los jóvenes que entrevisté como para los autores, que luchan por llamarse a sí mismos como autores de libros, mucho más que como influencers, youtubers o tiktokers«, afirma. «El libro es un artefacto que funciona junto con las redes sociales, la esfera digital. No los separaría porque funcionan en tándem. Los libros se postean, se habla de los libros en X, se hacen películas sobre sus libros y se presentan en YouTube, explicó Saferstein.

Y agregó que “el libro les da legitimidad, prestigio, al ser un objeto valorado socialmente. También es una herramienta que ellos mismos le adjudican a la izquierda como una potestad. La derecha también intenta que los libros funcionen para la misma batalla cultural. Por ejemplo, cuando se van a la Feria del Libro y empiezan a copar los actos, las presentaciones más masivas, en algún momento son las de las derechas. Dicen: ‘Bueno, copamos la Feria del Libro, un espacio dominado por los zurdos’. Entonces, es un terreno estratégico a disputar”.

Consultado sobre por qué la batalla cultural parece funcionar mejor a la derecha que a la izquierda, Saferstein retomó «el argumento tanto de Pablo Stefanoni, en su libro La rebeldía se volvió de derecha, o incluso de los propios actores de la derecha, que dicen: la izquierda triunfó en el plano cultural con el correr de los años. Eso también les permite ver ciertos vestigios o espacios para la acción”.

Sobre este punto, el investigador señaló “cierto asentamiento de lo que ellos ven como un status quo, de que el progresismo se volvió algo mainstream. Esto deja espacios para que personajes revulsivos como Milei, guerreros culturales como Márquez o Laje, tengan espacio para decirle a la juventud: ‘Bueno, al final el sistema es la izquierda y nosotros somos los antisistema, los rebeldes, los contraculturales’”.

El autor citó el caso de la intervención de Milei en Davos. ”Por más que en el fondo lo que diga no sé si sea sostenible, les permite al stablishment político quedar como conservador frente a un tipo que dice las cosas que le tiene que decir en su terreno. Y eso queda como contracultural, como no sé si revolucionario, pero sí como rebelde”, expuso.

 Sobre la contradicción de hablar de batalla cultural cuando se es gobierno, el autor recuordó que “678 se autodenominaban un programa de batalla cultural y acá un poco estos tipos dicen algo parecido. El propio Laje dice: ‘Ganar el gobierno no significa haber ganado la batalla cultural’. Ellos plantean que primero hay que conquistar el plano de las ideas para poder siquiera llegar a una conquista política. Las ideas de Milei ya circulaban, ya estaban aceptadas, y posteriormente Milei es elegido», explica.

Saferstein explicó que “Laje hace una caracterización de las etapas de la batalla cultural y dice: ‘Haber ganado no significa que se ganó de manera permanente o que es una construcción hegemónica‘. De lo que se trata es de seguir dando la batalla cultural constantemente. Desde el Estado, pero hace un juego interesante para decir que la batalla se tiene que dar desde la sociedad civil y no desde arriba. Tener los fierros del Estado ayuda, pero también apela a que esa batalla cultural se siga construyendo desde abajo”.

¿Y qué implica eso? El autor explicó que esta corriente plantea que “Al adversario, al enemigo, hay que desfinanciarlo. El Estado no tiene que otorgar financiamiento, subsidios. Hay iniciativas culturales de las izquierdas y de lo que se trata es que queden bajo la libre ley de la oferta y la demanda y que el mercado regule por sí solo”.

Sin embargo, “la Fundación Faro tiene sus propias colecciones editoriales. Ahí se puede ver una contradicción: van a decir que está regida por el libre mercado y no por el Estado, aunque sea un think tank paraoficial. No es el Estado directamente, pero indirectamente sí, porque está financiado por el sector de poder de la Argentina que financia esa fundación”, reveló el sociólogo.

El trabajo no termina con el libro. “Ahora estoy con un equipo de colegas de toda la región de América Latina. Estamos preparando una investigación sobre la circulación de Agustín Laje en América Latina: en El Salvador, Honduras, Paraguay, Perú, Colombia, México, Argentina, Chile, Brasil. Como para ver los recorridos, las ramificaciones y la presencia, y cómo Agustín Laje sirve como un catalizador o un modo de ver las transformaciones de las derechas en América Latina”

Y contó que, juntoa al también sociólogo Martín Vicente, trabajan sobre la historia de las editoriales de derecha en la Argentina, “algo que no se había trabajado tanto”. Y que también está “siguiendo el devenir de este proceso y cómo los protagonistas de mi libro siguen de cerca la gestión, cómo se insertan, cómo se alejan, cómo se posicionan en relación con el poder político”.

El trabajo de campo que nutre a El libro negro de la nueva derecha se compone de decenas de entrevistas, tanto a los autores como a jóvenes seguidores con distintos gfrados de militancia y pertenencia a La Libertad Avanza. Sobre estus últimos, Saferstein identificó “tres posibles caminos: los que empezaron yendo a los eventos de Laje y Márquez en 2016, 2017, 2018 y hoy están a full con el gobierno, militando, armando partido, participando en centros de estudiantes, construyendo política y tranzando con la política, haciéndose parte del sistema político. Aprendiendo lo que es la rosca política, la negociación. Eso es un camino posible. Otros, para los que fue una etapa esos primeros momentos y hoy ya están en otra, o desilusionados con la lógica de la política, con la negociación, con la rosca. O para los que ya fue una etapa, que se casaron, tuvieron hijos, se dedican a otra cosa. Y también hay desilusionados, que siguen con ganas de militar o de activar políticamente, pero que este gobierno los decepcionó también en el plano económico y personal”.