El legado de María Josefina Pace, la jueza que logró que las tareas de cuidado sean reconocidas en el ámbito judicial

La magistrada chaqueña que convirtió una vivencia personal en una transformación colectiva para el Poder Judicial argentino, falleció a los 43 años. Su lucha hizo que el Estado reconozca el impacto del trabajo doméstico y la crianza en las mujeres. Su historia.
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Publicado 7/10/2026

Por Inés Hayes | Pionera en visibilizar las tareas de cuidados dentro del Poder Judicial, la magistrada chaqueña María Josefina Pace falleció a los 43 años luego de luchar contra una grave enfermedad. Desde que se conoció la noticia, su familia no paró de recibir mensajes de amor  y agradecimiento por toda su labor, por su calidez humana y por la batalla jurídica que cambió para siempre los concursos de la magistratura.

Hay vidas que no se miden únicamente por los años ni por los cargos acumulados, sino por la profundidad de las huellas que dejan en las instituciones. La historia de María Josefina Pace así lo demuestra: convirtió una vivencia personal en una transformación colectiva para la Justicia argentina haciendo que las tareas de cuidado sean tenidas en cuenta en la carrera profesional.

Nacida el 8 de agosto de 1983 en Resistencia, Chaco, Pace construyó su camino con una vocación temprana por el Derecho. Se graduó en 2007 en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) e inició una rigurosa carrera que la llevó a integrar el Poder Judicial de la Nación en 2008 y, tres años más tarde, a incorporarse a la provincia de Entre Ríos. De relatora del Superior Tribunal de Justicia pasó a titularizase en el Juzgado del Trabajo Nº 2 de Concordia y, tiempo después, a ocupar un sillón como vocal en la Sala del Trabajo de la Cámara de Apelaciones de esa misma ciudad.

Quienes compartieron estrados con ella coinciden en dos rasgos distintivos: un sentido impecable de la responsabilidad técnica y una profunda calidez en el trato cotidiano. Sin embargo, su nombre quedó inscripto en la historia institucional del país por una contienda que libró cuando debió balancear sus aspiraciones profesionales con la crianza de sus dos hijos.

Cuidar y concursar

Entre 2012 y 2018, los años de mayor demanda académica de su carrera coincidieron con los embarazos y la infancia temprana de sus hijos. Mientras realizaba la Maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos de la Universidad de Palermo, la exigencia del cuidado cotidiano limitó sus posibilidades de avanzar con la tesis al mismo ritmo que otros aspirantes. Pero cuando se presentó a los concursos públicos Nº 257 y 259 para cargos en la Justicia Laboral, el Consejo de la Magistratura provincial se negó a compensar esas desigualdades.

Exigían acreditar que las tareas de cuidado hubieran estado “exclusivamente” a su cargo para otorgarle puntuación, ignorando la realidad de la corresponsabilidad parental y las barreras invisibles pero persistentes que enfrentan las mujeres en el ámbito laboral.

Pace decidió no resignarse: llevó su planteo ante el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos cuestionando la arbitrariedad de un sistema que evaluaba trayectorias bajo parámetros supuestamente neutros, pero ciegos a la realidad social de las mujeres y las diversidades.

El 27 de mayo de 2024, el máximo tribunal entrerriano dictó un fallo bisagra. El tribunal le dio la razón a la magistrada: determinó que las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas impactan de manera desproporcionada en las mujeres y constituyen un obstáculo estructural.

Poco después, el Consejo de la Magistratura debió adecuar su resolución (Nº 1396/24) y le reconoció un puntaje compensatorio equivalente al 50% de la maestría. Aunque la suma parezca un detalle técnico en el papel, el significado político e institucional fue monumental: por primera vez en la Argentina, el Estado admitió formalmente que criar y cuidar también otorga valor y debe compensarse al evaluar a quien aspira a juzgar a sus semejantes.

El caso impulsó, además, la modificación de los reglamentos permanentes de selección en la provincia, asegurando que las futuras generaciones de juezas no tengan que elegir entre la maternidad y la excelencia profesional.

Tras dar batalla a una enfermedad oncológica, María Josefina Pace falleció a los 43 años. Su partida conmovió a la magistratura nacional como el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, la Asociación de Mujeres Jueces de Argentina (AMJA) y la Asociación de la Magistratura provincial. En sus mensajes de despedida no solo se evocó a la “abogada brillante” o a “la camarista rigurosa”, sino a la colega solidaria, empática y de risa franca que humanizó cada despacho que habitó.

María Josefina Pace parte dejando una lección de equidad que trasciende las fronteras de los expedientes. Demostró que la verdadera justicia se construye desde la empatía y que el trabajo de cuidar a otros no es un lastre en la carrera profesional, sino un mérito que dignifica y enriquece a la función pública.