Redacción Canal Abierto | Este domingo tendrá lugar en Brasil el ballotage entre Lula da Silva y Flavkio Bolsonaro. Además de definir quién gobernará el país vecino (la octava economía del mundo) también se verá la expresión más visible de un cambio de época en la política latinoamericana. La primera vuelta del 4 de octubre dejó a los dos candidatos cabeza a cabeza, anticipando una segunda vuelta tan polarizada como incierta.
Pero el fenómeno excede a Brasil: ese movimiento pendular que hace alternar gobiernos de distinto signo en elecciones sucesivas impacta a distintos países de la región, con oficialismos que pierden a un ritmo mayor que en Europa y sociedades que exigen resultados cada vez más rápido.
Facundo Cruz, politólogo especializado en procesos electoralesy coordinador general del Observatorio Pulsar de la UBA, analizó ese escenario en una entrevista con Canal Abierto y advirtió que “las elecciones tienen certidumbre en el proceso e incertidumbre en el resultado”.
Brasil: un balotaje anticipado y una polarización que no baja
La sorpresa del 4 de octubre no estuvo en la cantidad de votos, sino en el orden de los candidatos. “El grueso de las encuestas mostraba que Lula corría con cierta ventaja para llegar primero a la elección y que Bolsonaro iba a estar ahí cerca, pero en un segundo lugar “, recapituló Cruz.
Y agregó: “Creo que la sorpresa terminó siendo porque se invirtió el orden y porque de alguna forma anticipó lo que las mismas encuestas ya estaban mostrando que podía ser el resultado del ballotage: un oficialismo actual en Brasil que tenía serias dificultades para renovar su mandato”.
Para Cruz, la elección dejó cristalizado lo que ya había sido el balotaje anterior, donde los candidatos quedaron cabeza a cabeza por una diferencia ínfima. El politólogo señaló que los comicios funcionaron como un balotaje anticipado: “Fue la elección latinoamericana, desde el regreso a la democracia, tal vez la que mayor concentración del voto tuvo entre los dos principales candidatos. ¿Y eso por qué se dio? Porque Lula cubrió todo el espectro que va desde la izquierda hasta el centro y Bolsonaro agarró todo lo que era desde la derecha hasta el centro, y quedaron candidatos con muy poca proporción de votos ubicados entre el centro y el centro-derecha”, analizó el especialista.
De cara a la segunda vuelta, Cruz advirtió que el escenario configura muy bajas posibilidades para que Lula pueda ser electo. “Uno se imagina que los votantes de estos terceros, cuartos y quintos candidatos se van a volcar mayormente hacia Bolsonaro. Hubo algunos movimientos estratégicos de estos candidatos en esa línea. Y Brasil tiene una particularidad: entre la primera vuelta y el balotaje no aumenta la participación electoral”.
Y agregó que “en este escenario lo único que le queda a Lula, al PT y a su coalición de apoyo es ir a capturar estos votos de estos terceros candidatos, o ir a movilizar al electorado, o ir a convencer a votantes que ya lo votaron en la primera vuelta. Ese escenario configura muy bajas posibilidades para que Lula pueda ser electo, pero las elecciones tienen certidumbre en el proceso e incertidumbre en el resultado”.
Sobre el rol de las redes sociales en la campaña, Cruz planteó que “las redes sociales ya están rotas. Cada uno ve y consume lo que le da like, lo que retuitea, y cada vez es más automático, mucho más rápido, y te muestra cada vez más cosas que vos querés ver. Entonces, refuerzan la idea de la cámara de eco: estás hablando con los propios, solo escuchás a los propios, consumís lo que te gusta y no ves lo que está hablando otra gente”. En esa línea, sostuvo que cualquier mensaje que se quiera mandar por redes sociales para llegar al grueso de la ciudadanía “hoy en día parece mucho más difícil”.
El caso brasileño también funciona como caso testigo de lo que ocurre en la región con la confianza en los procesos electorales. “Hoy en día en el grueso de la región alrededor de un tercio de los consultados creen que sus elecciones son limpias. Esto muestra que la mayoría de los latinoamericanos no confía en sus procesos electorales ni en los organismos que organizan estas elecciones”, señaló Cruz.
Brasil, con su sistema de voto electrónico implementado desde mediados de los 90 por el Tribunal Superior Electoral, había logrado revertir esa desconfianza: “Han ganado y perdido todos. Ganó la derecha, ganó la centro-derecha, ganó la izquierda, perdió la izquierda, perdió la centro-derecha, perdió la derecha. Fue igual para todos. Es un sistema que está probado que no genera fraude”, reveló el académico.
Sin embargo, esa confianza empezó a retraerse desde 2015 y se profundizó en los últimos años. “Ahí yo creo que lo que empezó a jugar un poco fue esta polarización política. Por ejemplo, la elección de Dilma Rousseff en el balotaje fue una elección muy peleada y hubo un planteo de duda sobre la transparencia del proceso electoral. Fue el primer momento en el cual se planteó la duda sobre si el Tribunal Superior Electoral había cometido fraude en beneficio del oficialismo”, expuso Cruz.
Y subrayó que luego, con la derrota de Bolsonaro y el intento de toma de las instituciones, se consolidó en parte del electorado “una idea de que todo el sistema político es corrupto en beneficio del PT, que las elecciones siempre están arregladas para que el PT gane y que el proceso no se produce de manera transparente”.
De Brasil a la región: ciclos cortos y alternancias recurrentes
Cruz ubicó el fenómeno brasileño en un marco más amplio. “Si tomamos Europa y tomamos América, que tienen credenciales democráticas estables y bastante similares, en Europa encontramos que al comienzo de la pandemia siete de cada diez oficialismos ganaban las elecciones. Y en el proceso largo, de 2020 a 2026, bajó un poquito: hoy en día están en seis de cada diez”. En cambio, “si vemos América en su conjunto, de cada diez elecciones cinco las ganan los oficialistas y cinco los opositores. Y si después hacemos doble clic en Sudamérica, de cada diez elecciones hay tres que ganan los oficialismos. Entonces, en Sudamérica está concentrado el grueso de las derrotas de los oficialismos”, observó.
El politólogo explicó esa diferencia a partir de dos líneas. La primera es el modelo económico: En tal sentido, detalló que “Sudamérica es una región que exporta commodities. La pandemia primero frenó la economía global y después modificó las relaciones, los vínculos y la estructura económica internacional, y la producción de commodities estuvo más frenada. Entonces, frente a un flujo de caja de moneda extranjera que no ingresaba en las economías sudamericanas, los gobiernos de turno tuvieron menos recursos para proveer bienes y servicios concretos y directos a la ciudadanía”.
La segunda es el cambio en las sociedades. “La postpandemia también dejó sociedades más ansiosas en términos de los resultados políticos, económicos y sociales concretos que se les demandan a los gobiernos de turno. Entonces, los presidentes que asumen hoy en día en todo el continente, pero particularmente en Sudamérica, a los pocos meses ya se les acaba la luna de miel”, expuso Cruz.
Ese nuevo escenario se traduce en ciclos cortos y una alternancia recurrente. Sobre este punto, Cruz obervó que “las sociedades, sobre todo las sudamericanas, piensan que la alternancia les va a dar los beneficios que los gobiernos que tienen en ese momento no les dan, y esperan que se les den esos beneficios. Si esos beneficios o resultados no aparecen rápido y de manera concreta, entonces ya empiezan a desaprobar a los nuevos gobiernos”.
Cruz también se detuvo en la dificultad de gobernar después de un balotaje al plantear que “cuando vos llegás al ballotage, mecánica y matemáticamente el ballotage te construye una mayoría. Pero esa construcción de mayorías se logra de una manera muy polarizada. Los propios dirigentes políticos polarizan constantemente con los rivales que tienen enfrente”. Y el problema aparece después: “Al polarizar contra tu rival constantemente, cuando después te tenés que sentar en el sillón presidencial, tenés que gobernar para todos. Y ahí es donde no baja la polarización, donde las intensidades no están bajando”.
Para cerrar, Cruz planteó que revertir este ciclo requiere dos procesos simultáneos. Por un lado, “dirigentes políticos que contribuyan a bajar los niveles de polarización política y de polarización política electoral, sobre todo. No todo es una elección, no todo es una campaña, y tiene que haber ciertos puntos en común que oficialistas y opositores de todos los países se pongan de acuerdo para implementar reformas”.
Por el otro, del lado de las sociedades, “cuando la crisis económica que vive la región empiece a percibir que hay una mejora sustantiva en la calidad de vida, eso va llevar a que esa impaciencia que tienen empiece a correrse, y sean sociedades más expectantes de lo que hacen los gobiernos, un poco más pacientes con esos gobiernos”. Y concluyó: “No sé cuál de los dos tiene que venir primero, pero sí creo que los dos tienen que ir de la mano”.
