El “primer” Cordobazo

Al cumplir dos años la dictadura de Onganía, la CGT de los Argentinos y el movimiento universitario convocaron medidas de protesta. La represión arreció pero, en Córdoba, “cuando a las tres de la madrugada se resolvió suspender la acción, había ánimo para mucho más”. Comenzaba a forjarse el Cordobazo...
24 minutos para leer
Cordobazo de 1968

Por Nahuel Croza | “Treinta manzanas estaban totalmente ocupadas principalmente por estudiantes, secundados por obreros. Zumbaban balas de 45 y granadas de gases. Oficiales del ejército que residían en la zona se vieron obligados a pedir protección. Cuando a las tres de la madrugada se resolvió suspender la acción, había ánimo para mucho más. Los dirigentes obreros tuvieron bastante dificultad en convencer de que el objetivo estaba cumplido con exceso y que no había lugar en el país para acciones aisladas”. Así relata el Semanario CGT, el periódico conducido por Rodolfo Walsh y el dirigente de los obreros navales Ricardo De Luca, los hechos de la noche del 28 de junio de 1968 en la ciudad de Córdoba.

Ese día, al cumplirse el segundo aniversario del Golpe de Estado encabezado por el general Juan Carlos Onganía que derrocó al presidente constitucional Arturo Illia, se producen protestas y movilizaciones de importancia en la ciudad de Córdoba, en consonancia con el paro nacional convocado por la CGT de los Argentinos (CGTA). 

También hay actos fugaces, enfrentamientos y represión en la Capital Federal -con epicentro en Plaza Once-, Rosario, Salta, San Juan, Tucumán, La Plata y Mendoza, entre las más importantes. La edición matutina del diario Crónica del día posterior da cuenta de 450 detenciones en todo el país, mientras que la central obrera habla de más de mil.

El dictador Juan Carlos Onganía toma juramento al ministro del Interior Guillermo Borda.

A la convocatoria de la CGTA, la dictadura de la autodenominada Revolución Argentina responde prohibiendo todo tipo de acto o reunión. El ministro del Interior Guillermo Borda, en un discurso transmitido por radio y televisión la noche previa, advierte: “Se han adoptado todas las medidas necesarias para prevenir los desórdenes. Estas disposiciones abarcan a las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales, de manera de garantizar el orden y el trabajo en todo el territorio”. También fabula que grupos extremistas habían entregado armas y, consultado por la prensa la mañana siguiente, sostiene: “Fueron los comunistas” (sic).

Fragmento de la portada del Diario La Nación del 28 de junio de 1968.

En Córdoba, el gobierno local no autoriza el acto frente al local de la CGT regional, en la avenida Vélez Sarsfield, que contaría con la participación de Raimundo Ongaro, secretario general de la CGTA: la central legalmente constituida, pero desconocida por el sector colaboracionista con la dictadura que dirigía el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.

“Por su parte la policía cordobesa reclamó refuerzos a la Policía Federal. En un tren procedente de Buenos Aires, arribaron más de 100 efectivos de la guardia de infantería de la Policía Federal, cinco carros de asalto y un camión tipo Neptuno” (hidrante), reporta el diario Crónica.

El Semanario CGT (órgano oficial de la CGT combativa) en una nota del 4 de julio de 1968, titulada “Azopardo medita, el pueblo lucha”, relata así los hechos: “Un resonante triunfo de las fuerzas populares cordobesas fueron las manifestaciones del 28. La policía movilizada con un aparato descomunal recibió un ‘baile’ que no olvidará en mucho tiempo, y debió pedir auxilio al ejército. En mitad de la batalla campal iniciada a las nueve de la noche en el barrio Clínicas, totalmente oscurecido, se vio a la luz de las bengalas al general Alejandro Lanusse, con casco y uniforme de fajina, que clamaba: ‘¿Dónde está Ongaro?’”.

Edición 10 del Semanario CGT, del 4 de julio de 1968

“Antes del Cordobazo ya estábamos bastante organizados en la planta y había en general mucha inquietud en el gremio y entre los estudiantes que metían mucho barullo. Habíamos logrado coincidir en algunas cosas que nos movían. En ese momento, en el año 68, nosotros estábamos en plena lucha sindical interna en la planta”, cuenta a Canal Abierto Gerardo “el Negro” Luna, obrero metalmecánico de la planta de IKA-Renault en Perdriel en el 68 y dirigente de la Comisión Directiva del SMATA Córdoba tras el triunfo de la agrupación clasista conducida por René Salamanca (1972-1976).

“La guerra psicológica fue ganada aquí por el pueblo. La presencia de Ongaro en el local de la CGT en la calle Vélez Sársfield, donde por la tarde recibió el saludo del ex presidente Illia, concentró en ese punto el grueso de los efectivos policiales, mientras nuevas acciones se preparaban en otra parte. La movilización había empezado por la mañana, con la ocupación por parte de los estudiantes del centro cardiológico y un acto que improvisaron los abogados en Tribunales. Al promediar la tarde toda la policía, pero también todo el pueblo, andaba por las calles, mientras la tensión crecía. En los alrededores de la CGT los choques fueron violentísimos. Aquí fueron los trabajadores y los estudiantes los que cargaron una y otra vez contra la policía. Entre los más decididos se contaron los compañeros de Luz y Fuerza: buen ejemplo para la conducción traidora de Taccone (Juan José). Los cordobeses demostraron cómo, sin miedo, se puede hacer frente a la más dura represión. La huelga universitaria fue total y absoluta, y la fraternidad obrero-estudiantil quedó definitivamente sellada para futuras luchas”, concluye, premonitoria, la crónica del semanario obrero.

Un antecedente directo del “Cordobazo” de 1969

Como las jornadas históricas del 29 y 30 de mayo de 1969, esta fue una acción en la que se combinaron obreros y estudiantes. Los trabajadores de la planta Perdriel de IKA-Renault abandonan sus puestos de trabajo y se movilizan junto a los universitarios, generando enfrentamientos callejeros con la policía, particularmente en la zona del tradicional Barrio Clínicas. Las delegaciones de otros gremios que marchan a la regional chocan en distintas esquinas con las fuerzas de seguridad que les vedan el paso.

Actos relámpago, barricadas con autos y fogatas para dispersar los gases lacrimógenos, bombas de estruendo y refriegas con la policía se suceden a lo largo de toda la jornada, sobre todo en las inmediaciones del local de la CGT, reportan las crónicas periodísticas. “Pasadas las 22, la ciudad seguía presentando síntomas de nerviosismo. La avenida Vélez Sarsfield estaba a oscuras y en el barrio Clínicas fue destruido todo el alumbrado”, describe la edición matutina de Crónica del día 29.

En Córdoba se había consolidado la unidad en la acción entre el sindicalismo combativo (independientes dirigidos, entre otros, por Agustín Tosco), el movimiento estudiantil y la Iglesia tercermundista.

El diario La Razón de la mañana siguiente reproduce esta reseña de los hechos de la noche anterior: “El sector ocupado por los revoltosos se había transformado en un verdadero campo de batalla, las calles estaban llenas de piedras, palos, proyectiles que los revoltosos arrojaban desde los techos a la policía. También se escuchaban numerosas explosiones, la mayoría provenientes de bombas de estruendo, petardos y bombas molotov que se arrojaban desde los techos de las casas. También hubo disparos de armas de fuego de ambos sectores. Alrededor de las 23, el titular del 3er. Cuerpo de Ejército, General Alejandro Lanusse, se hizo presente en el lugar, en donde ya se encontraba el jefe de la policía de la provincia, Coronel (R) Gerardo Máximo Seidel. También el gobernador y el ministro de Gobierno, doctores Caballero y Martínez Golleti, respectivamente, estuvieron en el teatro de los hechos recogiendo una impresión de visu”. 

El general Alejandro Agustín Lanusse, comandante del Tercer Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba

“Había ya a esta altura de los sucesos, según se nos informó oportunamente más de cien detenidos en el sector de los desórdenes y algunos lesionados, pero de poca importancia. También el personal de bomberos debió actuar. Desde distintas fincas se solicitaron sus servicios por presuntos incendios. (…) En algunos puntos del sector ocupado por los desordenados había fuego, pero este había sido producido en la vía pública con el objeto de que absorbiera con su combustión los gases lacrimógenos que la policía había arrojado en gran cantidad. La represión, a esta altura, ya había adquirido ribetes dramáticos. En la zona, totalmente oscurecida, se arrojaban luces de bengala y de inmediato se producían las cargas de la guardia de caballería. Detrás de ésta avanzaban los efectivos de infantería, provinciales y federales, dispersando los grupos y arrojando a los lugares donde se presumía estaban acantonados, granadas de gases lacrimógenos. Estos provocaron un rápido repliegue entre los insubordinados (La Razón, 29 de junio de 1968)”. 

Las protestas son en respuesta a la represión estudiantil, el congelamiento salarial y la supresión de libertades democráticas por parte del gobierno de Onganía. Estos hechos sirven de antesala y ensayo de lo que estallará en mayo del 69.

“Habíamos logrado un grado de unidad, de acuerdo, en la lucha en las calles. Hay que tener en cuenta que teníamos una burocracia sindical dormida en los laureles -Vandor y compañía- y con expectativas en Onganía. Y mientras, nos habían castigado, estaba prohibido todo: las asambleas, la actividad en el gremio, la elección de delegados, los salarios congelados”, refiere Luna. “En el 68 los estudiantes empiezan a ganar la calle, los sindicatos independientes les abren las puertas. Los problemas que teníamos los trabajadores, los tenían ellos en la universidad: estaban prohibidos los centros de estudiantes, se había cerrado el comedor universitario, se imponían limitaciones al ingreso, etcétera. Ahí se va dando una coincidencia que toma forma en las calles”.

“Para ese año ya había aparecido la CGTA y los gremios independientes de Córdoba ofrecían mucha resistencia con Tosco a la cabeza. Atilio López estaba mostrándose también, conduciendo la UTA. Nosotros, en la planta de matrices, éramos un núcleo de activistas y delegados nucleados en la Agrupación 1º de Mayo que peleábamos por cuestiones inmediatas de la fábrica y fuimos generalizando esta lucha antiburocrática y antidictatorial. Al calor de eso se fue gestando el Cordobazo”, concluye Luna, uno de los autores del libro La recuperación clasista del Smata Córdoba (1969-1974), que recoge textos propios, de René Salamanca, Roque Romero y otros protagonistas.

A dos años de gobierno, la central obrera combativa reclamaba: 1. Aumento salarial de un 40%; 2. Reapertura de las fuentes de trabajo; 3. Restitución de gremios intervenidos; 4. Resistencia a los desalojos y recuperación de las libertades cívicas.

La Federación Universitaria Argentina (FUA) adhiere a las movilizaciones obreras en todo el país y convoca a un paro estudiantil. A la jornada llegan con su propio pliego de demandas “repudiando la represión policial y las nuevas detenciones de estudiantes” y en protesta por el estatuto y la ley universitaria, las políticas limitacionistas y los aranceles.

Antecedentes: los estudiantes 

Según Juan Ignacio González, luego del golpe del 55, en el que el movimiento estudiantil cordobés estuvo del lado de la “libertadora”, el debate por la educación “laica o libre” generó un viraje ideológico en amplios sectores estudiantiles.

Tanto los reformistas (radicales de Franja Morada y juventud comunista), partidarios de la universidad laica, como los integralistas (sectores conservadores y socialcristianos) que abogaban por la universidad “libre” -impulsaban la creación de universidades privadas, con fuerte presencia de la Iglesia Católica-, comenzaron a cambiar su posicionamiento sobre el peronismo y el movimiento obrero. 

Los socialcristianos viran de la mano del Concilio Vaticano II, los sacerdotes tercermundistas y la Revolución Cubana,  hacia el peronismo revolucionario y la izquierda. En tanto que los liberales reformistas critican el papel jugado en el 55. “Se sostenía que en aquel momento histórico los estudiantes se habrían posicionado contra el pueblo, con falencias para comprender sus movimientos y características particulares”, sostiene Roberto Ferrero en Historia crítica del movimiento estudiantil de Córdoba.

El arribo del gobierno de facto de Onganía ilegaliza los centros académicos y la representación de los estudiantes en el cogobierno de las universidades (Ley 16.912), y abre una brecha para la radicalización de la militancia estudiantil conducida por el emergente Movimiento de Unidad Reformista (MUR) liderado por la Juventud Comunista, que llega a la conducción de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) en 1968.

Otro evento que fogonea la rebelión estudiantil fue el asesinato del estudiante y obrero Santiago Pampillón. Baleado por la policía cordobesa el 8 de septiembre de 1966 en una manifestación, el joven muere luego de agonizar una semana.

El 12 de septiembre de 1966 fallece el estudiante de ingeniería aeronáutica, obrero mecánico y militante universitario Santiago Pampillón.

La marcha había partido del barrio Clínicas, la ciudad universitaria de aquel momento. “La movilización logra atravesar el primer cordón policial a pesar de la represión. Cuando vamos llegando al centro, se suman los primeros núcleos obreros, muchos empleados, era una marcha grande. Y tras la segunda gaseada, ya casi en el centro de Córdoba, en una corrida Santiago Pampillón se escapa, se esconde en una galería y ahí le pegan un tiro en la cabeza. La agonía de Santiaguito duró una semana con movidas y protestas en el centro. Este joven mendocino, además de ser estudiante, era obrero de Kaiser (IKA) en Santa Isabel”, rememora Luna.

A la par del afianzamiento de las ideas nacional populares, de la izquierda nacional (de Abelardo Ramos y otros), y de las izquierdas trotskistas y maoístas, las capas medias universitarias entran en relación con los gremios más progresistas, en vistas a alcanzar la proclamada unidad obrero-estudiantil.

Otro punto a destacar es la incorporación de estudiantes universitarios de la UTN (Universidad Tecnológica Nacional) y del Instituto Técnico de IKA como trabajadores calificados en las filas obreras, por ejemplo en la mencionada planta de Perdriel que empleaba mano de obra muy calificada.

La CGTA en su manifiesto fundacional, el programa del 1° de mayo de 1968, que contó con la pluma de Rodolfo Walsh, los invita a la lucha:

“A los estudiantes queremos verlos junto a nosotros, como de algún modo estuvieron juntos en los hechos, asesinados por los mismos verdugos, Santiago Pampillón y Felipe Vallese. La CGT de los Argentinos no les ofrece halagos ni complacencias, les ofrece una militancia concreta junto a sus hermanos trabajadores”.

En otra edición del semanario, poco tiempo después prohibido, la CGTA declara: “La destrucción de la universidad, el éxodo de los profesores, el cierre de las aulas para los sectores más humildes, no hubieran sido posibles si un movimiento estudiantil organizado hubiera tenido el apoyo de un movimiento obrero organizado”.

Antecedentes: el movimiento obrero 

En marzo de 1968, al no poder ganar con los votos, el sector colaboracionista de la CGT liderado por Augusto Vandor se retira del Congreso General “Amado Olmos” y se fractura la central obrera. Así queda conformada la combativa CGT “de los Argentinos” (CGTA), encabezada por el gráfico Raimundo Ongaro. Enfrentada, se constituye la CGT Azopardo, con un menú que iba del colaboracionismo al tiempismo sazonado de rancia burocracia vandorista. 

El mismo Ongaro asiste a Córdoba, en junio de 1968, para las jornadas de protesta contra la dictadura, organizadas por estudiantes y trabajadores. En esta provincia, la CGTA tiene el apoyo de los gremios independientes con el claro ascendente del “gringo” Agustín Tosco, a diferencia de lo que ocurre en Buenos Aires donde crecen las bajas entre los gremios que acuden a Paseo Colón 731, sede de la Federación Gráfica y la CGTA -también conocida, por ello, como CGT Paseo Colón-, merced, entre otras cosas, a la injerencia que desde Puerta de Hierro, con su comando de visitas y cartas, el general Perón, luego de un primer acercamiento, resta apoyo a la central combativa con un guiño al vandorismo

Raimundo Ongaro y Agustín Tosco en el plenario en el que la CGT Regional Córdoba define su adhesión a la fracción combativa de la Confederación, la CGT de los Argentinos (10 de mayo de 1968)

Además de la tradicional dirigencia gremial peronista, más o menos socialcristiana, en Córdoba se produce, desde mediados de los 60, un fenómeno de mayor presencia de activistas de izquierda (del PRT, Política Obrera, el PC y el PCR). Los que mayor ascendencia logran entre los metalmecánicos son los “clasistas” del Partido Comunista Revolucionario. La agrupación 1º de mayo, conducida por René Salamanca y César “Gody” Álvarez, impulsa una política de enfrentamiento a la patronal y de denuncia de las maniobras burocráticas del SMATA, el gremio que en la provincia dirige entonces Elpidio Torres -vandorista pero que, a nivel local, juega en el fleje entre ambas centrales- y a nivel nacional, Dirck Kloosterman. 

En la planta de Perdriel, ubicada en el camino al aeropuerto de Pajas Blancas, donde la automotriz emplea a 500 obreros calificados en tres turnos para realizar la matricería, el clasismo comienza a ganar cuadros obreros y delegados. En la elección del 68, suma tres representantes a los dos ya electos y esto provoca la reacción de la patronal que despide a tres de los voceros obreros. Entre ellos se encuentra Agustín Funes quien años después será miembro del comité central del PCR.

“En ese momento, sólo el turno mañana, con un grupo de compañeros más antiguos, tenía delegados. Entonces, medio de prepo, hicimos la elección y los compañeros electos duraron 48 horas. No hubo reconocimiento del gremio y la empresa aprovecha y los despide. Ahí, el gremio interviene, pero para decirles: ‘Muchachos, mejor una buena indemnización a que los echen sin nada’. O sea, los invitó a irse”, nos cuenta el “Negro” Luna. 

Así comienza una dinámica de lucha interna en la fábrica con asambleas en el comedor, asambleas interturno en el cambio de horarios, en la ruta; luchas por la insalubridad, por el salario, por los turnos rotativos, etc. “Ese era el estado de ánimo que había en general en el cinturón industrial, en todas las fábricas y talleres, mucha gente desguarnecida por los sindicatos colaboracionistas”, concluye el dirigente clasista.

Los trabajadores declararon la huelga, realizaron piquetes y consiguieron la solidaridad de sus pares de las plantas de Santa Isabel e ILASA, de la misma empresa. Tras quince días de lucha, la patronal se sale con la suya, se concretan los despidos, pero la agrupación clasista gana ascendencia entre los operarios mientras que Torres pierde prestigio y poder. Para el 69, en el SMATA mediterráneo “la relación de fuerzas había cambiado totalmente: éramos los secretarios de Perdriel y Torres era el secretario del gremio”, sostiene Agustín Funes en la edición de septiembre del 73 de la revista Teoría y Política.

René Salamanca, al frente de la columna del SMATA Córdoba

Cuatro años más tarde, en 1972, con René Salamanca al frente, el clasismo se hace del control del poderoso SMATA cordobés hasta que, en 1974, la regional es intervenida por el SMATA Nacional dirigido por José Rodríguez. Este designa como interventor a Adalberto Orbiso, uno de los fusileros de la derecha peronista en la masacre de Ezeiza (1973). En la clandestinidad desde ese momento, la madrugada del 24 de marzo de 1976 es secuestrado y desaparecido por una nueva y más cruenta dictadura.

Así, en esos días del 68, se fragua una unidad y, como citamos del Semanario CGT, “la fraternidad obrero-estudiantil quedó definitivamente sellada para futuras luchas”.

Notas: Agradecemos la colaboración de la Hemeroteca Pública José Hernández, dependiente de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, en especial a Fernando Coscia y Rodolfo Barragán.